Quizá el amor es simplemente esto:

entregar una mano a otras dos manos,

olfatear una dorada nuca

y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

Antonio Gala

 

Antonio Gala, una escena completa de lenguaje y verso

Antonio Ángel Custodio Sergio Alejandro María de los Dolores Reina de los Mártires de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos, más conocido como Antonio Gala Velasco, nació en Ciudad Real un dos de octubre de 1930, aunque existen fuentes bibliográficas contradictorias sobre la fecha y lugar exactos de dicho acontecimiento.

Lo que sí sabemos con certeza es que Antonio Gala se crió en un pequeño municipio de Ciudad Real, Brazatortas. Allí permaneció hasta los nueve años. Para entonces, la familia había decidido trasladarse a Córdoba, donde Gala supo disfrutar de la infancia en plena armonía con el entorno.

Con apenas quince primaveras, Antonio cursa estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla. Tras obtener la licenciatura se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Económicas. Luis Gala Calvo, su padre, protector por naturaleza, planea el futuro educativo de Antonio cuidando hasta el más mínimo detalle. Insta a nuestro poeta a presentarse a las oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado, pero en el tercer ejercicio, el joven le llama a Madrid informándole que lo deja para ingresar en la orden de los Cartujos. Poco tiempo después, es expulsado por rebeldía.

La vida monástica conlleva estrictas normas, normas que no estaban hechas para una mentalidad provocadora como la de Antonio Gala. En esa misma época, empieza a mezclarse con la pintura, llegando a dirigir diferentes salas de arte. Disfruta de viajes y nuevas experiencias, se desenvuelve en una vida bohemia impregnada de poesía e importantes brotes teatrales. Portugal y Florencia son testigos de una fructífera carrera como dramaturgo y periodista, dando rienda suelta a su particular inspiración.

Antonio Gala nunca se ha permitido vivir en plena felicidad. Según sus palabras, es una completa ordinariez. En ocasiones ,defiende que el ser humano ha venido al mundo para hacer lo que le venga en gana. Nacer para luchar, para sufrir o para decir sandeces no entra en sus planes.

 

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Sobre el tesoro tú, cándido amante,

tu avaricia blanquísima despliegas,

y, envidiosa nube, altivo niegas,

al deseo su centro deslumbrante.

 

Andaluz universal y profundo. Cordobés culto y refinado. Educado, elegante. Perfecto domador en la exquisitez de la palabra. Sin duda, Antonio Gala sabe reconocer el hábito sublime de un lenguaje hecho a medida. Lo máximo que hizo por amor fue romper un amor. De esta forma supo de la vida y sus inconvenientes. Solo entre verbos, agotado por llevar el sufrimiento a cuestas, adquiere una amplia capacidad de aguante que lo trasforma en fiel protagonista de un destino por descubrir.

 

Estoy moribundo pero me anima a vivir más y con más intensidad.

 

Antonio Gala es uno de los pocos escritores-magos que sabe convertir sus libros de poesía en verdaderos best seller. Aunque no sea miembro de la Real Academia, aunque no se le haya concedido el Cervantes, posee más de quinientos premios en su haber: Premio Planeta por su obra El manuscrito Carmesí; Premio Adonais de Poesía por Enemigo íntimo; Premio Nacional de Literatura; Premio Nacional Calderón de la Barca; Premio Ciudad de Barcelona; Premio Foro Teatral; Premio del Espectador y de la Crítica; Premio Quijote de Oro…

 

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Algunas de sus obras también fueron adaptadas al cine. La pasión turca y Más allá del jardín obtuvieron una gran popularidad convirtiéndose en éxito de taquilla.

 

Escribir es una forma, la más humilde y torpe, de hablar.

 

Compaginó el oficio de escritor con el de profesor de Filosofía e Historia del Arte en colegios de Madrid. Aunque debería recalcar que no todo en su vida literaria ha sido un camino de rosas ya que sus comienzos fueron especialmente duros. Fue peón de albañil, repartidor de panadería y chico de los recados, trabajos a los que tuvo que recurrir para salir adelante.

 

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Los lectores consideramos a Antonio Gala poeta por encima de todo. Un genio intemporal que proporciona a quienes nos apasiona la lectura, todas las claves para entender qué ocurre en nuestro presente. Comprometido con la ideología izquierdista, censurado en más de una ocasión por sus obras de teatro, sabe defender su particular forma de analizar al hombre a través de la escritura, desde la que dispara controvertidas cargas de fondo contra los enemigos de la vida y los que, por circunstancias ajenas, menos poseen.

Presidente de la plataforma cívica que defendía el NO a la permanencia de España en la OTAN; presidente de la Asociación de Amistad Hispano-Árabe; leal defensor de la autonomía para Andalucía; admirado por muchos y odiado por más, Antonio Gala es, sin género de duda, uno de los escritores españoles más influyentes del siglo XX y principios del XXI.

 

Tenía tanta necesidad de que me amaras,

que nada más llegar te declaré mi amor.

Te quité luces, puentes y autopistas,

ropas artificiales.

Y te dejé desnuda, inexistente casi,

bajo la luna y mía.

 

En el verano del 2011, anuncia en su columna del periódico El Mundo la enfermedad que padece: un cáncer de complicada extirpación. Años de lucha diaria contra esta dolencia a la que califica de manera responsable como «un largo puteo». Recaídas y largos periodos de recuperación, sesiones eternas de radioterapia y quimioterapia convertidas en protagonistas. Todos los que le conocen comentan con incredulidad la fortaleza del escritor para intentar superar este terrible trance.

Vestido con la elegancia habitual que le ha caracterizado durante toda su vida, agarrado con vehemencia a uno de sus tres mil bastones, el poeta Antonio Gala conversa (utilizando sus largas pausas y habituales metáforas) sobre el interminable martirio que ha supuesto para él el cáncer de colon. No nombra la palabra muerte en ningún momento, para el escritor, sinónimo de palabra maldita.

 

Estoy moribundo porque la vida está muriendo.

 

 

El que escribió con tres años a su ama (uno de los seres que más le marcó) pequeños poemas de amor. El que goza de libertad para decir en cada momento lo que piensa y siente. Hábil prestidigitador del lenguaje. Guapo, encantador y con un toque grosero que le hace aún más atractivo. Mediáticamente inmortal. Extraordinario conversador, amigo de sus amigos, hombre en la intimidad, simplemente. Aquí, desde mi renglón literario, rindo homenaje a uno de los grandes de la literatura española, Antonio Gala, poeta de inteligencia y corazón.

 

POR ENCIMA DE LA DICHA

Pilar Molina García

 

Te ambiciono así, con el aroma del centeno

enroscado en tu talle, defendido por céfiro

que eterno permanece.

 

Meta y espacio, reclaman, gimen y envenenan,

al estilo de gracia florentina empapada de adoración.

 

Fuerza esculpida en cataclismo y ausencia,

en victoria asida al pecho con filo de espada.

 

De pasión andas servido,

de ganas vestirá la amapola.

Teme a menudo corazón,

pues mantengo firme el propósito

de recrearme en el límite de tu cuerpo.

 

Artículo de Pilar Molina García