Según dicen algunos, para profundizar en la obra de un escritor hay que conocer su vida; así, a partir de las relaciones establecidas entre lo biográfico y lo escrito, se alcanzará mejor el significado de sus textos. También hay quien dice todo lo contrario, que si se analiza el texto en función de lo biográfico, su valor intrínseco queda condicionado y es mejor desvincular ambas partes para una lectura objetiva. Espero que a mí no me pregunten, porque se me notaría en la cara la ansiedad por encontrar una salida por la que correr lejos de esa disyuntiva. ¿Ayuda o no ayuda el saber del autor más que su nombre y su nacionalidad a la hora de enfrentarse a sus libros? Contestaría a la gallega: puede que sí, puede que no, dependiendo de los casos, habría que verlo con calma… En definitiva, que vaya usted a saber.

Sea como sea, por eso de entrar a saco en su obra sabiendo algo más de la mente que la creó o, también, porque se ha recorrido parte de ella y uno se siente fascinado por el creador, algunos queremos conocer a esas personas un poco más, o mucho, todo lo que sea posible yendo más allá de lo que dejaron escrito en esos cuentos, poemas, novelas, ensayos y cualquier cosa que haya pasado, o queramos que pase, por nuestras manos. Saltamos sobre sus vidas e incluso las devoramos, rozando (o cayendo descaradamente en) la mitomanía.

Al sumergirte en esas vidas, empieza la confusión. Clic para tuitear

Quizá eso sea solo curiosidad llevada al extremo, quizá sea fruto del temperamento compulsivo que algunos padecemos, quizá un sentimiento (o un deseo) de identificación con ese autor que nos ha seducido. O tal vez, únicamente, el exhaustivo afán de estudio. Y acabas con esa vida, en forma de biografía, memorias o diario, entre las manos. Entonces, al sumergirte en esas vidas, empieza la confusión.

Biblioteca

Cuando se leen personas. Entre la vida y la obra. Artículo de Zazou.

 

¿En qué te fijas cuando estás leyendo ese retrato de alguien admirado? ¿En la forma, la estructura o la expresividad, como al enfrentarte al texto literario? ¿O en el contenido, como si de una disertación se tratara? Tal vez has perdido la objetividad y te fijas, tan solo, en lo que cuenta y no en cómo lo cuenta, que al final no te importa tanto. Es el hecho y la anécdota la que buscas para apoyar o contradecir esa atracción, la que te ayuda a construir la persona tras los personajes y hacerla más cercana a ti. Esa es la trampa. Detrás de un pragmatismo aparente, toda una armazón sentimental. Eso te lleva al peligro de que lo personal afecte a tu relación con la obra, de que la contamine para bien o para mal. La sensatez de distanciarte hace maravillas contra eso aunque, sí, lo reconozco, no siempre es fácil hacer acopio de la necesaria.

El peligro de que lo personal afecte a tu relación con la obra, de que la contamine... Clic para tuitear

Entre la vida y la obra

En mi caso, tengo una escandalosa debilidad por las vidas de escritores de personalidad conflictiva, con cierta inestabilidad emocional y, sobre todo, mujeres (lo cual probablemente revela algo sobre mí y, quizá, no debería estar contando). De perdidos al río, como dice el tópico. La cuestión es si esas lecturas han cambiado algo de mi visión de la obra leída, que en todas las ocasiones volvió a pasar el examen. Si reafirmar es cambiar, entonces, sí. No me transforma la perspectiva saber de las dificultades de Sylvia Plath para compaginar su vida familiar con la literaria, pero me ayuda a entender algunas imágenes. Ni me aporta mayor riqueza a los cuentos de Dorothy Parker recorrer su compleja historia amorosa, aunque ahora queda aún más claro su conocimiento de las relaciones humanas. Tampoco el carácter autodestructivo de Jane Bowles mejora mi comprensión hacia su narrativa, sino que solo me hace lamentar que la dejara tan breve.

Esa vida en forma de libro se añade a esa estantería que los lectores llevamos dentro Clic para tuitear

Será que sus vidas son tan emocionantes como la más emocionante de las novelas; será que a través de esas vidas se intenta conocer más de su mundo o del mundo en general, de las personas o de uno mismo; será una incertidumbre, demasiadas veces, porque a menudo los verdaderos motivos están ocultos tras los que admitimos al hacer algo. Será un mapa o será un espejo pero, al final, esa vida en forma de libro se añade a esa estantería que los lectores llevamos dentro y va creciendo con nosotros. Y con ella también aprendemos.

 

Aránzazu Mantilla Santiuste, “Zazou”