Escribir bien o escribir literariamente, una cuestión de intencionalidad.

La primera definición de literatura que aparece en la RAE es «Arte de la expresión verbal», aunque, como dice el ¿Escribir bien o escribir literariamente?escritor Víctor Moreno, «lo cierto es que ningún sabio ha dado con una definición de “literatura” […] que calme los ánimos críticos de los analistas». Presento con este artículo una de las inquietudes que me acompañan desde hace demasiados años, sobre todo desde que las TIC democratizaron la publicación de textos, no solo en libros, sino también en blogs y redes sociales:

¿Todo lo que escribimos los escritores es literatura?

Debo confesar que nunca he llegado a una respuesta concluyente y quizás ello sea lo que me produce esa sensación de que es una inquietud inútil en cuanto a respuestas, pero movilizadora en cuanto a mi esencia literaria.

A principios de noviembre, en una entrevista de la Universal Radio a la escritora venezolana Francy Brito, Gabriel Sanzol cerró con esta frase y actualizó mi debate interno:

«Hay escritores que son virtuosos con lo que es la redacción y hay escritores que son virtuosos con el corazón».

Es habitual escuchar frases como «Yo escribo desde el corazón» o «Yo escribo para sacar lo que llevo dentro». Paradójicamente, y en el sentido más estricto, toda expresión artística nace en el interior del artista. Pero existen escritores que cuando dicen esto se refieren, específicamente, a que su escritura es una vía de purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda —tal como la RAE define catarsis—, y sin más pretensiones. Algo así como un diario íntimo abierto al público. Solo en casos extremos, también son frases recurridas para desestimar las técnicas literarias, como si estas fuesen a eclipsar o desintegrar eso que nos mueve a expresarnos mediante la escritura.

Inmediatamente después de escuchar la entrevista, fui a buscar Música para camaleones, de Truman Capote, cuyo prefacio es una declaración de sus inquietudes literarias. Lo que yo buscaba, de memoria, era este fragmento:

«Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre escribir bien y mal, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún: la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte. Una diferencia sutil, pero feroz».

Si los escritores escribimos desde dentro, es obvio que la escritura como externalidad de nuestro ser no está reñida con el arte literario, pero igual de obvio es que este tipo de escritura, por sí misma, no constituye una expresión artística. Escribir desde el corazón y estar a la altura literaria que merece ese impulso, son asuntos diferentes. Sutiles, como dijo Capote, pero diferentes. Recuerdo que en cierta oportunidad, analizando un texto, le dije a Txaro Cárdenas, la directora de MoonMagazine: «Es la diferencia entre una escritura catártica a una escritura literaria catártica».

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre escribir bien y el verdadero arte que alude Truman Capote? Yo tengo para mí que el acusado se llama intencionalidad, y que tiene sus cómplices: Esfuerzo, instinto de investigación, aprendizaje y experimentación, y humildad. Algo de esto ya lo he mencionado en otro artículo: Cada escritor lo es a su manera. La intencionalidad se refiere a tener la voluntad de alcanzar un objetivo. Todas las personas que escriben son escritores, pero al margen de ello, en la intencionalidad de cada uno está lo que busca en o con la escritura. Cruzar el puente y recorrer el camino que separa escribir bien de escribir literariamente requiere una actitud de búsqueda: La intencionalidad.

Buscar la diferencia entre una escritura catártica y una escritura literaria catártica. @NessBelda Clic para tuitear

Pero, como ya sabéis, no soy un erudito, y por eso llamé (o pedí auxilio) a Irene Pomar, que además de experta en arte, es filósofa y escritora, y con la cual me gusta debatir estas dudas tan borrosas.

Irene, con claridad inapelable, dijo que esto es un asunto sin respuesta concreta. «Solo podemos teorizar. Al hablar de arte se hace referencia a “criterios” y al hablar de física, a “leyes”». Es decir, cada uno tendrá su juicio para llegar a una respuesta y, seguramente, todas muy válidas.

No obstante, al otro día de la charla, Irene me llamó para decirme que, revisando unos documentos para una exposición, había encontrado un artículo denominado El pintor como iluminador, de Jean-Luc Chalumeau, escrito para el instituto Cervantes de París, en julio 2006. Te mando este fragmento que echará luz sobre nuestro debate:

«El arte está lleno de propuestas que responden a la necesidad más sincera de expresar algo, pero cuyos autores son incapaces de inventar una forma nueva a la medida de su inspiración».

Vaya, dije, y aunque odio las frases hechas, agregué que allí teníamos a la madre del borrego. Es otro punto de vista pero, en esencia, es lo que intuías, me dijo Irene.

A diario leo textos cuya esencia es valiosísima, pero se desvanecen en una escritura que no hace honor a tanta inspiración. Falta eso que es imprescindible en un carpintero, mecánico, panadero, pianista, actor o pintor: Oficio, cruzar el puente. Cuando ocurre esto, me pregunto cuál es la intención del autor, ¿escribir literariamente o solo expresar eso que lleva dentro?

¿Cuál es tu intencionalidad, #escribir literariamente o expresar lo que llevas dentro? @NessBelda Clic para tuitear

A diferencia de otros oficios, escribir es un acto cotidiano: Solo precisamos lápiz, papel, palabras y una intención, la que sea. Con eso ya somos escritores. Pero para que ese acto cotidiano se convierta en arte, hay que tener la voluntad de cruzar el puente y recorrer el camino.

 

Escribir bien o el verdadero arte es un artículo de Néstor Belda, profesor en Curso Online de Técnicas Narrativas