Escribo, pero no me llamo Belén Esteban. Y soy rubia, como ella. No os voy a engañar, la que escribe no soy yo. Pero tampoco es un negro. Es cierto que escribo, lo hago a diario, pero no me considero escritora. Soy periodista. Para ello me preparé. Aunque de vez en cuando me gusta escribir ficción, mi oficio no es el de escritor.

Pero el tema de este artículo no trata de mí, sino de las personas que intentan ganarse la vida escribiendo, los que, como diría el profesor de técnicas narrativas, Néstor Belda, desempeñan el oficio de escritor. Un oficio muy duro, que requiere arte, un don que nace con uno mismo, y mucha, mucha perseverancia. Perseverancia para reescribir, borrar aquello que por vanidad no deseas eliminar; escuchar, aceptar consejos, corregir; intentar que, como dijo aquel, la inspiración te encuentre trabajando.

Todo eso es algo que Belén Esteban desconoce, pero no es criticable, ella no tiene por qué estar al tanto de las particularidades de una profesión para la cual ni se ha preparado ni tiene la necesidad de hacerlo. Porque Belén Esteban no escribe, ella conversa cómodamente recostada en su chaise longue —dejemos volar la imaginación— con Boris Izaguirre —que sí escribe.Porque Belén Esteban no escribe, ella conversa cómodamente recostada en su chaise longue —dejemos volar la imaginación— con Boris Izaguirre —que sí escribe. Una grabadora y el personal de la editorial hacen el resto. Eso parece. Boris Izaguirre sí sabe escribir, de hecho, el prólogo es suyo. En eso nos parecemos, porque yo también escribo prólogos, pero no soy negra, sino rubia. Pero no me voy a desviar más del tema, porque lo que quiero contarte es otra cosa.

En primer lugar, voy a dividir la producción editorial en dos grandes bloques: la de autor (que abarca todos los géneros literarios, incluido el ensayo) y la de la estrella mediática (los actores, actrices, deportistas y políticos que han tenido, desde siempre, la tentación de escribir sus memorias, o por lo menos, publicarlas). Sinceramente, he de decir que he leído biografías y autobiografías de estrellas de cine y de músicos (de políticos no) con las que he disfrutado muchísimo y me han servido para ampliar mi punto de vista; es innegable que vida y obra van estrechamente ligados. Evidentemente, la obra de Belén Esteban es su propia vida, llena de avatares que han hecho que una joven de barrio sea hoy una estrella de televisión. No voy a plantear una crítica sobre el fenómeno de este tipo de programa que emplea a personas sin cualificación profesional porque, de hecho, no son programas especializados, ni requieren de un personal con carrera y, mucho menos, periodística. Son espacios de entretenimiento que, para atraer a la audiencia, se nutren de la privacidad de los que participan en ellos. Programas divertidos —como las revistas de corazón—, de consumo rápido, que no requieren el mínimo esfuerzo y sirven para realizar esa catarsis que, fuera del ámbito del salón, somos incapaces de llevar a cabo.  Y eso es lo que Belén Esteban, y algún otro, ofrecen al lector en sus memorias o reflexiones. Es lícito mientras haya editoriales dispuestas a embarcarse en el negocio y un público interesado. El mercado es el que manda.

Escribir es un oficio duro y exigente. Belén Esteban lo sabe. El negro también. Clic para tuitear

Pero a mí se me cae el alma, y lo digo desde el respeto que me inspiran personas que, como mi tía, por ejemplo, pasan el rato y se evaden de los problemas diarios. A mí también me gusta evadirme, aunque últimamente tengo aparcadas varias lecturas porque esta revista me consume todo el tiempo libre. Cada cual se entretiene a su manera.

Ahora, si revisamos las cifras de ventas y ediciones de algunos libros, nos podemos llevar las manos a la cabeza…, aunque después de ver lo de la manifestación de Gran Hermano ya nada debería sorprendernos.

Pienso en los escritores de la actualidad. Consagrados, emergentes, noveles, autopublicados, con novelas en los cajones por falta de oportunidades, y me pregunto por qué tanto esfuerzo, por qué tanto talento malogrado, por qué tanta lucha sin recompensa, con lo fácil que es para otros. En algunos casos, es muy frecuente escuchar estoy contento, parece que va bien, a ver si sigue así… Y en el caso del resto: lucha diaria.

Otros no luchan, quizás lo hicieron cuando no salían en televisión. No lo sé. Solo puedo decir que escribo, pero no me llamo Belén Esteban.

Para escritores. ¿Hay que ser Belén Esteban para suscitar interés? @txaro_cardenas Clic para tuitear

Escribo, pero no me llamo Belén Esteban

Opinión. Txaro Cárdenas