Elementos del planteamiento III

En la entrega del mes pasado, El desencadenante de una novela, decíamos que un buen desencadenante plantea siempre un conflicto que el protagonista ha de resolver, y que proporciona una razón para la historia y un motivo con el que obligamos a nuestro protagonista a ponerse en movimiento, a actuar y tomar decisiones.

Pues bien, ese conflicto al que da lugar el desencadenante es el que va a plantear una pregunta en la mente del lector: ¿Conseguirá el protagonista resolver el conflicto, alcanzar la meta que se ha propuesto, resolver el crimen, recuperar el amor perdido…? Y ése es, precisamente, el tema de nuestra lección de hoy.

La #pregunta dramática está relacionada directamente con el objetivo que persigue el protagonista. Clic para tuitear

La pregunta dramática

Cualquier novela se construye en torno a una pregunta a la que se conoce como pregunta dramática y que está relacionada directamente con el objetivo que persigue el protagonista. No suele tratarse de una pregunta profunda, sino todo lo contrario: se trata de una pregunta sencilla que puede responderse con un simple , no o un quizá.

Para saber cuál es la pregunta dramática de una novela, basta con conocer el objetivo o meta que el protagonista se ha propuesto alcanzar: ¿Conseguirá Juan el amor de María? ¿Logrará Francisco averiguar la verdad sobre el pasado de su familia? ¿Alcanzará Edmund Hillary la cima del Everest? De modo que, cuanto más específico sea el objetivo, más sencillo será el planteamiento de la pregunta dramática.

La pregunta dramática es uno de los elementos más importantes dentro de la estructura de una novela y, por tanto, dentro del primer acto o planteamiento de ésta, ya que forma parte de un engranaje que encaja de forma perfecta con los dos elementos previos que hemos estudiado dentro del planteamiento: el objetivo del protagonista y el conflicto que interfiere entre el personaje y la consecución de su meta.

La #pregunta dramática es la columna vertebral de la estructura de la novela y tu hoja de ruta. Clic para tuitear

Pero ¿por qué es tan importante esta pregunta?

Por dos razones fundamentales:

  1. Porque es la columna vertebral en torno a la cual va a organizarse la novela. Por ello, y puesto que la pregunta parte del objetivo que se propone alcanzar el protagonista, una vez que hemos fijado ese objetivo, tendremos una referencia constante y precisa a la que podremos acudir a la hora de idear las escenas por las que ha de pasar el personaje, ya sea para acercarlo al objetivo, ya para alejarlo (según las expectativas que nos interese crear en el lector en un momento dado); y también en la pregunta dramática encontraremos una hoja de ruta siempre que necesitemos reorientar nuestra historia.
  2. Porque, una vez planteada, crea una intriga que va a picar la curiosidad del lector y ser la responsable de que este continúe leyendo. Si somos hábiles a la hora de plantear la pregunta dramática y estructurar nuestra novela, tendremos bastantes posibilidades de que el lector se enganche a ella para conocer esa respuesta final: , no o quizá.
Crea una intriga que picará la curiosidad del lector para que continúe leyendo. Clic para tuitear

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¿Cuándo plantear la pregunta?

Vista la importancia que tiene la pregunta dramática dentro de la estructura de la novela y, en concreto, dentro del primer acto, es obvio que el escritor debe proponerla en el planteamiento y, dentro de este, lo más pronto posible.

La razón de plantear la pregunta dramática con tanta prisa responde a un motivo muy claro: puesto que la pregunta se propone a partir del objetivo del protagonista, su plasmación nos ayudará a organizar y estructurar nuestra novela.

Como veis, el engranaje del que hablábamos unos párrafos más arriba ensambla todos esos elementos en una composición casi matemática, de manera que unos dependen de otros.

¿Y de la respuesta, qué?

Lo primero que debe tener presente el escritor respecto a ella es que la pregunta dramática no puede quedar sin respuesta al final de la novela. ¡No puede!

Tampoco nos vale cualquiera. La respuesta debe ajustarse a la pregunta planteada, en intensidad, tono, intriga, importancia, etc. Si no logras encontrar un equilibrio básico entre ambas, el lector se sentirá defraudado y, de hecho, al toparse con una respuesta que no dé una explicación lógica a la pregunta, lo más probable es que quede confundido y te borre de su lista de autores.

Y, por último, el escritor no puede sacarse esa respuesta de la manga, como por arte de birlibirloque. Es decir, huye del deus ex machina como de la peste. La respuesta debe haberse ido construyendo a lo largo de toda la novela a través de las acciones y decisiones de los personajes.

La #pregunta dramática no puede quedar sin respuesta coherente al final de la novela. @ana_bolox Clic para tuitear

La pregunta dramática, elemento básico de la intriga. Sexta entrega de La Estructura de la novela de Ana Bolox

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La pregunta dramática, elemento básico de la intriga. Sexta entrega de La Estructura de la novela de Ana Bolox

 

 

Múltiples preguntas dramáticas

Por último, ten en cuenta que hay novelas en las que pueden coexistir varias preguntas dramáticas al mismo tiempo. Esta circunstancia se da cuando en la historia concurren diversas tramas secundarias, cada una de las cuales plantea, a su vez, su propia pregunta.

Todas ellas, al igual que la principal, deben responderse a lo largo de la novela. No se puede dejar al lector con un interrogante abierto. ¡Anatema!

Y hasta aquí nuestra lección de hoy. Después de esto, nos queda sólo un elemento más dentro de la primera unidad dramática o planteamiento de una novela: el primer punto de giro principal, que será el artículo con el que esta sección inaugurará el nuevo año.

Hasta entonces, feliz año y provechosa escritura.

Ana Bolox. Ateneo Literario

Fotografía: https://unsplash.com/