Mujeres de la posguerra, la obra de Inmaculada de la Fuente, reeditada por Sílex Ediciones. José Luis Ibáñez Salas conversa con su autora sobre estas mujeres del siglo XX.

 

Premio Nacional de Periodismo, Inmaculada de la Fuente ejerció su oficio durante 35 años en el principal diario español de los últimos tiempos, El País, y es una de las ensayistas más reconocidas si sobre las más relevantes mujeres españolas del siglo XX se quiere saber todo lo necesario. Sobre María Moliner, sin ir más lejos, pero también sobre Carmen Laforet o sobre Mercè Rodoreda, por citar sólo a tres de las muchas personalidades femeninas que Inmaculada ha estudiado a conciencia.

Si De la Fuente ha publicado narrativa, su novela Años en fuga, de 2002, es un buen referente, José Luis Ibáñez Salas no ha llevado aún a la imprenta su novela enmarcada en la posguerra de su Cantabria materna ni casi ninguno de los muchos relatos que lleva escritos, algunos de los cuales viene publicando en la revista digital Nueva Tribuna. Ibáñez Salas, autor de sendas monografías dedicadas al régimen de Franco y a la Transición, publicadas en 2013 y 2015, respectivamente, ha tenido la fortuna de poder editar precisamente a Inmaculada de la Fuente una de sus obras más conocidas, Las republicanas burguesas, pues siendo como es editor no pudo sustraerse al buen tino que supone contar con la autora de Mujeres de la posguerra en un catálogo que se precie.

De Mujeres de la posguerra, de la que recientemente publica Sílex Ediciones una reedición, comienzan hablando ambos.

Mujeres de la posguerra: mujeres del siglo XX

José Luis Ibáñez Salas: —Carmen Martín Gaite, Maruja Mallo, Ana María Matute, Rosa Chacel, Concha Méndez, Mercedes Salisachs, María Teresa León, Dolores Medio, Josefina Aldecoa, Mercedes Formica, María Zambrano y Carmen Laforet. Sé que visibilizar a la mujer es necesario, no te voy a preguntar por qué escribes sobre mujeres, ni siquiera por qué escribes sobre mujeres del siglo XX. Te voy a preguntar algo más sencillo: ¿por qué estas mujeres españolas?

Inmaculada de la Fuente: Pensé de entrada en Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite, y no sólo por quienes son sino porque su obra es la que mejor representa la posguerra. Su atmósfera, sus oscuridades, la vida tras la ventana de las mujeres. Es decir, elegí a escritoras con una obra que fuera un espejo de la sociedad española de ese periodo, en especial de las mujeres. Y añadí a Josefina Aldecoa porque formaba parte del grupo de Martín Gaite, los llamados niños de la guerra que se dieron a conocer en los cincuenta, y a Dolores Medio, menos leída hoy, pero muy popular en la época con su novela Nosotros, los Rivero. Para compensar este elenco de escritoras que no seguía el modelo franquista de la mujer en casa, aunque su obra sí la reflejara, añadí dos escritoras cercanas al régimen franquista, como Mercedes Formica (que acabó denunciando la subordinación legal de la mujer al varón desde dentro), y Mercedes Salisachs, ligada a la burguesía catalana, pero con sensibilidad social en algunas de sus obras. Aunque sin profundizar tanto en ellas como en Laforet o Matute. Pero me faltaba el contrapunto de las exiliadas, que seguían escribiendo y que reflejaban con sus huecos lo que fue la española y en lo que la había convertido la Sección Femenina. E inicié una última parte con Mercè Rodoreda (cuya narrativa, con La plaza del Diamante a la cabeza y otros muchos relatos refleja también la posguerra y el exilio) y mujeres del 27 como María Zambrano, Rosa Chacel, María Teresa León y Concha Méndez. Y por último Maruja Mallo, la única no escritora, pero que al ser amiga de Concha Méndez (con la que inició el Sinsombrerismo, ahora tan recordado, y otras transgresiones) y de María Zambrano y formar parte habitual del grupo de García Lorca, Dalí y Buñuel, aunque no se la nombre, tenía que estar también. Al final es una obra amplia, un ensayo con visión histórica (las tres partes del libro tienen una introducción sobre la época, no tanto desde el punto de vista académico y especializado, sino sociológico) pero que debido al peso de algunas de estas trece mujeres tiene carácter biográfico y literario.

Inmaculada de la Fuente: elegí a escritoras cuya obra fuera un espejo de la sociedad española. Clic para tuitear

JLIS: —Constancia de la Mora, Mercè Rodoreda, Zenobia Camprubí, Remedios Varo, Josefina Carabias, Isabel Oyarzábal y Carmen de Zulueta, María Moliner, Ángeles Santos y Matilde Ucelay son las biografiadas en otro de tus libros dedicado a las españolas del siglo XX. Dime una frase de cada una, a bote pronto, por favor.

IdlF: —El enfoque de este libro (Las republicanas “burguesas”, del que fuiste editor) ya no es la posguerra (aunque algunas también la vivieran y la padecieran) sino su compromiso con la Segunda República y los avances para la mujer que representaba. Constancia de la Mora Maura fue una transgresora que prefirió vivir al lado de la República renunciando a los privilegios de su apellido y su clase social. De Mercè Rodoreda puedo decir que fue la autora que guardaba sus secretos y los esparcía en sus personajes. Zenobia Camprubí: emprendedora, superwoman avant la lettre, capaz de gestionar la vida de Juan Ramón y no renunciar a tener vida propia. Remedios Varo: tan soñadora, viva y misteriosa como sus cuadros. Josefina Carabias fue una pionera del periodismo femenino y deliciosamente sagaz en sus crónicas y columnas, una leyenda. Isabel Oyarzábal: siempre activa e incansable como articulista, feminista y socialista, siempre sofisticada y delicada en el trato humano. Carmen de Zulueta era la hija de exiliados que eligió Nueva York como segunda patria mientras escribía sus recuerdos sobre la España de su niñez. María Moliner fue la gran bibliotecaria de la República que quiso tener dos vidas y dedicó la segunda a hacer el diccionario más completo y original de la lengua castellana. Ángeles Santos: la pintora que se salvó del delirio de sus primeras obras a costa de perder parte de sus sueños. Y Matilde Ucelay, la gran paradoja, fue la primera española con el título de arquitecto y el franquismo la castigó a no firmar sus obras.

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JLIS: —Tal vez la protagonista de tu libro en Sílex (Mujeres de la posguerra) menos conocida sea Concha Méndez. ¿Por qué incluirla entre este elenco tan reconocible?

IdlF: —Concha Méndez, poeta y editora, pertenece a la generación del 27. No ocupa un primer plano dentro de ella, pero lo mismo sucede con los hombres. Esta generación es muy amplia y rica, y de hecho se la conoce también como la Edad de Plata (la de Oro se asigna a Cervantes, Lope de Vega, etcétera). Además de Salinas, García Lorca, Cernuda, Alberti o Guillén, hubo otros nombres menos conocidos: Manuel Altolaguirre (marido de Concha Méndez), Juan José Domenchina, etcétera. Mujeres de la posguerra, además, no es un libro de crítica literaria, aunque la bordee en alguna ocasión, y Méndez (que ha dejado a través de su nieta sus recuerdos en Memorias habladas, memorias armadas) fue moderna, adelantada, viajera, amiga de Zambrano, Mallo, Cernuda, Alberti y del grupo de la Residencia: García Lorca, Dalí y Buñuel, de quien fue novia… Es decir, estaba en el cogollo de la modernidad, no militó en ningún partido y acabó en el exilio.

JLIS: —En aquel El País del que formaste parte en primera línea había mujeres que como tú lograron que muchos aprendiéramos sin ningún género de dudas muchas cosas, que nos informáramos convenientemente del mundo al que llegábamos los españoles, mujeres como…

IdlF: —Mariló Ruiz de Elvira, responsable de la sección de Internacional durante muchos años. O Sol Alameda, una de las mejores entrevistadoras que he conocido. Otra firma conocida como analista política es la de Soledad Gallego-Díaz, que fue subdirectora. Pero quizás los lectores recuerden no tanto a las que formaron parte de la redacción, que fueron pocas (hoy algo más) como a firmas reconocidas como Rosa Montero (que sigue vinculada al periódico y que ha logrado compaginar su carrera de narradora con la de entrevistadora y articulista al ser colaboradora fija, no redactora, lo que no es frecuente). Maruja Torres también ha sido muy leída durante el tiempo que estuvo y sus columnas ofrecen una visión cáustica o desgarrada de la realidad que la hacen única. Uno de los eternos problemas del periodista-escritor en las redacciones es que en un momento dado se ve obligado a elegir entre ser un periodista que además escribe por su cuenta o un escritor que colabora en determinado medio durante unos años.

JLIS: —Ahora es cuando yo te confesaba que de todas las mujeres de que hablas en estos dos libros, y esto sí que es entonar un mea culpa de los grandes, sólo he leído a una de ellas y ni siquiera había contemplado cuadros de ninguna de las artistas hasta que leí tus libros. Ni tan siquiera he ojeado el María Moliner más que en ocasionales veces. Nada es la novela, y es una de las novelas escritas durante el primer franquismo de la que más aprendí sobre el primer franquismo. Eso es prueba de lo necesario que es visibilizar a quienes los hombres hemos mantenido de alguna manera si no ya ocultas, sí sin la precisa iluminación. Eso sí, a quien sí he leído es a Elena Soriano, de quien seguro que escribirás tarde o temprano algo, o eso creo.

IdlF: —(Ja, ja, ja) Pues deberías consultar el Moliner, que tiene definiciones certeras y ofrece grandes posibilidades para un escritor. En cuanto a Nada, de Carmen Laforet, ya lo acabas de decir. Es la obra que refleja de forma magistral, sin pretenderlo apenas la autora, el vacío y la nada del franquismo, además de la devastación que había dejado la guerra en las familias y en la sociedad. Carmen Laforet cambia el paradigma en la narrativa española. Ella es el eje sobre el que gira este libro. En el fondo es su biografía y su obra la que inspira el libro y la que me hizo concebirlo, arrastrando a él a sus hermanas de los años cincuenta: Matute, Martín Gaite (de las que te sugiero que leas Los hijos muertos y Entre visillos respectivamente para ver la posguerra desde otro ángulo) y las ya citadas.

JLIS: —Por cierto, ¿qué es lo que has modificado en tu texto respecto del original que entregaste a Planeta hace años para estas “nuevas” Mujeres de la posguerra?

IdlF: —Han pasado unos quince años y alguna de ellas, que entonces aún vivían, han muerto, como Laforet, Matute, Josefina Aldecoa o Mercedes Salisachs (Mercedes Formica, que estaba enferma cuando lo escribí, pero a quien conocí años atrás, falleció a las pocas semanas de que apareciera el libro en 2002). De muchas de ellas se siguen escribiendo libros o se publican nuevas ediciones. Así que ha habido una primera labor de actualización de datos. Y en especial en los capítulos dedicados a Carmen Laforet y María Zambrano. La primera porque es la que más he trabajado y la que más sigo, y a raíz de que apareciera Mujeres de la posguerra se han publicado nuevos estudios y ediciones de su obra o diversos epistolarios (con Ramón J. Sender por un lado y por otro con Elena Fortún, de la que yo tenía ya dos cartas facilitadas por una amiga común de ambas). Y María Zambrano porque es un personaje inabarcable que necesita constante revisión: es la autora más reeditada de todas, mantenía correspondencia con gente diversa y de vez en cuando aparecen nuevas aportaciones. En fin, he actualizado el libro y he conservado su espíritu, además de hacer algunas correcciones. Es un libro que escribí a fondo en una época en que podía permitirme dedicar parte de mi tiempo libre y mis vacaciones a la escritura aunque estuviera ejerciendo el periodismo a tiempo completo.

"Mujeres de la posguerra". Una conversación con una mujer del siglo XXI, Inmaculada de la Fuente. Entrevista de José Luis Ibáñez Salas.

JLIS: —A lo mejor, se dio algún caso en el que detrás de alguna de esas grandes mujeres hubiera algún gran hombre. Lo digo con algo de mi espíritu cáustico. Pero lo pregunto: ¿lo hubo? Intuyo al menos uno.

IdlF: —Bueno, tanto como detrás… Al lado sí. Por ejemplo, Carmen Martín Gaite estuvo casada con Rafael Sánchez Ferlosio; María Teresa León con Rafael Alberti, pero fue ella quien quiso que él brillara más, y eso que era una mujer irrepetible. La verdad es que bastantes de ellas se casaron con escritores o poetas, como Josefina Aldecoa (con Ignacio Aldecoa, que murió joven). Mercè Rodoreda estuvo también unida a Armando Obiols, un escritor sin obra que leía antes que nadie lo que escribía ella. Carmen Laforet se casó con Manuel Cerezales, crítico y periodista, que también le dio algún consejo inicialmente, pero renegó más tarde de aquel matrimonio. Rosa Chacel, por su parte, se casó con el pintor Timoteo Pérez Rubio, quizás el que sí supo estar al lado y en segundo plano durante el exilio. Al menos dejó un tiempo su pintura para hacer trabajos más alimenticios, mientras que ella, a pesar de las penurias temporales, no dejó de escribir.

JLIS:  —Escribiendo como estoy un libro dedicado a explicar la utilidad que tiene nuestro oficio de historiadores, y al hilo de ese interés detectable en buena parte de tu obra por rescatar del olvido (habitualmente a mujeres), me viene ahora a la mente algo que te quiero transmitir, que quiero compartir contigo, ¿te parece a ti como me lo parece a mí que la memoria histórica tan traída y llevada no deja de ser más un obstáculo que un instrumento útil para esa disciplina nuestra?

IdlF: —No quiero ser categórica con un sí o un no. Si la memoria histórica trata de hacer justicia o de rescatar del olvido a determinadas personas o colectivos, ese es su papel, pero si interpreta los hechos, los carga de ideología, o atribuye relevancia a cuestiones más emotivas que contrastadas, pues no. El historiador no puede ponerse velos ni cortapisas, ni caer en la propaganda.

El historiador no puede ponerse velos ni cortapisas, ni caer en la propaganda. I. de la Fuente Clic para tuitear

JLIS: —No he querido entrevistarte, pero al final no me queda más remedio que compartir mi curiosidad con los lectores de MoonMagazine y preguntarte eso de… ¿Y en qué estás trabajando ahora, sobre qué o quién o quiénes estás escribiendo estos días?

IdlF: —En estos años yo he cerrado un ciclo, el de periodista profesional que acude a una redacción  o que escribe reportajes, como hice tantos años. Llevo ya más de una década publicando ensayo y narrativa, y no concibo mi vida sin escribir. Tengo también una novela por publicar, como tú. Y proyectos, desde luego. Lo que sucede es que no me gusta pensar a largo plazo. Vivo al día.

JLIS: —Conversar contigo es casi lo mismo que leerte. Algo magnífico.

IdlF: —Muchas gracias, José Luis.

 

 

 

 

Mujeres de la posguerra

Autora: Inmaculada de la Fuente

Editorial: Sílex Ediciones

24, 00 €

«Mujeres de la posguerra es así un doble ensayo literario e histórico, un fresco de la posguerra que permite descubrir su aterradora oscuridad por un lado, pero también la luminosa huella de estas mujeres que, además de legarnos su obra, nunca se resignaron.»

 

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Mujeres de la posguerra. Una conversación con una mujer del siglo XXI, Inmaculada de la Fuente

José Luis Ibáñez Salas