Como en aquellos diarios del siglo XIX que hicieron del folletín y la novela por entregas uno de los fenómenos socioculturales más importantes ligados a la literatura, Revista MoonMagazine inicia la publicación de No te sientes de espaldas a la puerta, novela inédita de David de la Torre. Todos los martes publicaremos un capítulo de esta historia policíaca ambientada en Manhattan en los años 70 que narra la historia de un personaje cuyo nombre le resultará «familiar» al lector de MoonMagazine, ya que es el padre del detective Lee Johnson, protagonista de Alma de cobre (Inventa Editores), última novela del autor, y de la serie de relatos que ya publicamos en esta revista.

Los hechos relatados en No te sientes de espaldas a la puerta constituyen la pieza clave que acabará marcando la vida del atormentado detective de Nueva York, una historia trágica ya presentada en Alma de cobre como un misterioso expediente que nuestro lector podrá descubrir a lo largo de las próximas semanas.

Así que sin más preámbulos, No te sientes de espaldas a la puerta. Capítulo 1. 

Esta es la historia del padre de Lee Johnson.

#Novela inédita de @DavidVerdejoOfi. 2ª entrega, #Martes 20. Ilustraciones: @joseviblender. Clic para tuitear

No te sientes de espaldas a la puerta

Capítulo 1

Si hay algo seguro en esta vida, si la historia nos ha enseñado algo, es que se puede matar a cualquiera.

El Padrino III

Francis Ford Coppola, 1990, Paramount Pictures

Miércoles, 15 de marzo de 1972, El Día

El Pleasant Bar no era el garito de moda en Manhattan. De hecho, no lo conocía ni el mismísimo Cristo en aquel mísero barrio. Pero eso a Lee no le importaba. Quizás, en otros tiempos, en otras noches, hubiera sospechado y no habría acudido a la cita. Sin embargo, esta vez, incluso fue puntual.

La puerta del Pleasant se abrió despacio, dejando escapar una humareda desproporcionada para los pocos que allí se encontraban. Los seis grados que helaban las aceras de Little Italy contrastaban con el calor asfixiante que Lee sintió en el interior del local. Giró su cabeza a ambos lados y lo vio sentado bajo una lámpara que emitía una tímida luz amarillenta. Al observarlo con detenimiento volvió a sentir un frío similar al que azotaba la ciudad. Pero no había vuelta atrás.

El cabrón no se despista ni un minuto, dijo Lee entre dientes antes de empezar a caminar lentamente hacia él mientras masticaba aquel detalle: su espalda estaba pegada a la pared.

Tony, al verlo, mostró su enorme y gruesa palma de la mano izquierda a modo de invitación. Lee aceptó el gesto al tiempo que contaba cuántos individuos había a su alrededor. El viejo Tony era bicho malo, un tipo que se las sabía todas, así que, mientras Lee apartaba una sucia silla de madera con el respaldo tapizado en una tela rojiza deshilachada, Tony esperaba pacientemente a que tomara asiento. Al ver que los ojos de Lee se encontraban en la misma horizontal que los suyos, le dijo:

—Tranquilo, Lee. He venido solo y solos arreglaremos este asunto, ¿no te parece? —terminó la frase entrelazando las manos y haciendo chasquear los nudillos.

Tres largos minutos pasaron desde que Lee se sentó ante aquella pequeña mesa y el viejo Tony comenzó a hablar.

—No me voy a andar con rodeos, Lee. Eres un auténtico gilipollas, ¿me oyes?, y te juro que llevo dos malditos días con sus respectivas noches intentando entender por qué lo has hecho.

Lee permanecía en silencio. Sus pupilas se dilataron al máximo en un intento de captar toda la luz que le fuera posible fruto del miedo y la necesidad de entender qué estaba ocurriendo, pero su cerebro no lo permitió. Así que no tuvo más remedio que seguir contemplando la papada brillante del viejo Tony y escuchando sus recriminaciones, acompasadas por el vaivén casi cómico de su barriga, aunque aquella cita no tuviera nada de gracioso. Entonces Lee, en un alarde de valentía extraída de lo más profundo de sus entrañas, decidió que no iba a concederle el favor de sentirse intimidado. Además, ya rondaba los cuarenta y era un poco tarde para regañinas. Despacio, introdujo su mano derecha en el bolsillo de la gabardina y extrajo un pitillo. Con la otra mano cogió el encendedor de piel que Tony había dejado sobre la mesa.

No te sientes de espaldas a la puerta. Capítulo 1.

No te sientes de espaldas a la puerta. Capítulo 1.

Había dos cosas en este mundo que al viejo lo sacaban de quicio: la primera era que le tocaran su mechero, y la segunda, que fuera retirado su plato de comida antes de haberla terminado. Corría por la ciudad la leyenda de que, en más de una ocasión y cuando la juventud esconde el miedo en la entrepierna, el por entonces joven Tony acribilló a balazos a más de un camarero por llevarse «su» plato con restos de «su» comida. Podía dejarla allí durante horas mientras fumaba un puro y cerraba algún negocio, pero nunca, jamás, admitía que se llevasen su plato con algo en su interior diferente a los cubiertos sucios. Con el mechero le ocurría algo parecido. Se trataba de un regalo que le había hecho su madre cuando él tenía quince años y, en su afán de no perderlo, evitaba prestarlo. Con la edad y el duro trabajo en las calles, al viejo Tony comenzó a obsesionarle la posibilidad de perderlo incluso cuando él mismo lo encendía para servir lumbre a otro. Se contaba también que algún dedo fue partido en dos cuando su incauto propietario lo agarró sin su permiso. Con las mujeres no existía tal obsesión, tenía otras.

Lee encendió el pitillo y, gracias a la llama que emitió el encendedor de piel, pudo ver la mirada del viejo Tony. «Algo va mal», pensó, y no era por tocar su preciado mechero. Durante todos estos años de servicio, nunca había visto ese rostro dibujado a fuego sobre la cara de Tony. El cigarrillo de Lee temblaba entre sus labios, aunque intentara disimularlo. Poco podía imaginar hasta qué punto las cosas iban mal.

Tony escondió sus manos bajo la mesa para apoyarlas en las enormes rodillas que soportaban esos cien kilos de peso sobre el suelo de Little Italy. Se acercó varios centímetros hasta que su rostro sudoroso se colocó bajo la lamparilla y dijo en tono suave pero firme:

—Lee, Lee, Lee… ¿Recuerdas lo que siempre digo? Nunca me obligues a repetir las cosas tres veces… ¿Verdad?

Mientras Tony se esforzaba por despegar sus dientes por la presión de la ira, Lee expulsada el humo hacia el techo intentando aparentar tranquilidad. Entonces Tony le preguntó, aun con las manos ocultas:

—¿Cuántas veces te dije que era intocable?

Lee, mientras expulsaba otra bocanada de humo dijo «dos».

El silencio reinó entre Tony y Lee durante un par de minutos que parecieron horas en aquel local de mala muerte y peor vida. Decenas de segundos donde las gotas de sudor de la frente de Lee comenzaban a bajar por la oreja provocándolele un picor insoportable, aunque pronto dejaría de sentirlo.

—Falso —dijo Tony mientras un revólver del cuarenta y cuatro aparecía de la nada sobre el otro extremo de la mesa, justo encima de la barriga de Tony y arrastrando su propia mano hasta que el brazo se irguió recto y tieso, apuntando a la sien de Lee. Entonces, el dedo índice del viejo Tony apretó el gatillo hasta dos veces, una por cada aviso. La sangre de Lee salpicó la lámpara, la mesa y el traje de Tony, que hizo una mueca desagradable. Cuando Lee cayó hacia el lado derecho y su cuerpo se desplomó contra el parqué destrozado por los años, el viejo Tony se levantó y apuntó de nuevo a la cabeza de Lee de un modo totalmente innecesario.

—Tres, maldito hijo de puta engreído. Te lo dije tres veces —dijo y disparó por tercera vez.

 

Se lo dijo 3 veces. El 20/06, el segundo capítulo. @DavidVerdejoOfi @joseviblender Clic para tuitear

 

No te sientes de espaldas a la puerta es una novela de David de la Torre (David Verdejo)

 

Atento a la próxima entrega

No te pierdas el segundo capítulo de No te sientes de espaldas a la puerta, que publicaremos el Martes, 20 de junio