Tras el sorpresivo giro argumental de la semana pasada, publicamos el tercer capítulo de la novela por entregas de David de la Torre. No te sientes de espaldas a la puerta es una trama policial con un misterioso narrador que irá mostrando sus cartas en una partida que no ha hecho más que empezar.

Es la primera vez que publicamos una novela por entregas en Revista MoonMagazine.

Y no será la última.

«Las mejores historias son como los buenos platos: se cocinan lento» @DavidVerdejoOfi Clic para tuitear

No te sientes de espaldas a la puerta

Capítulo 3

En este país lo primero que hay que tener es dinero,

cuando tienes dinero, tienes poder. Y cuando tienes poder, vienen las chicas.

El Precio del Poder

Brian de Palma, 1983, Universal Pictures

Martes, 07 de marzo de 1972, ocho días antes (II)

Los zapatos estaban empapados. La delgada gabardina no lo abrigaba bastante y ya comenzaba a sentir escalofríos. Ella se acercó ofreciéndole una manta que había conseguido de la ambulancia mientras observaba el cadáver de aquella chica sobre la hierba, pero Lee la rechazó. El sol brillaba sin alcanzar la cima de los rascacielos de Manhattan. Lee y Donna sabían que vendrían temprano a llevarse a la chica, antes de que el sol alumbrase el interior de su estómago abierto de par en par. No tenían mucho tiempo.

—¿Cómo se llama? —preguntó sin dejar de mirarla a los ojos. Aún los tenía abiertos, los labios parcialmente separados y la lengua hinchada podía vislumbrarse sin mucho esfuerzo.

—Helen —dijo con la voz temblorosa—. Helen McCormick, de Queens.

Al decir aquello, Lee giró la vista hacia Donna y pensó que quizás ella conocía a la víctima. Donna le miró y entendió a la perfección aquella mueca en su rostro. Lee era un tipo guapo, de esos que da gusto mirar, pero, de vez en cuando, dibujaba cierto gesto de suficiencia en su cara que daban ganas de partírsela en dos. Y Donna así lo sintió.

Acoto seguido, Donna se giró hacia Lee, agarró la libreta con una mano, se cruzó de brazos y le dijo:

—¿Qué pasa? ¿Qué como soy negra y vivo en Queens tengo que conocer a todas las putas negras que aparezcan muertas en esta maldita ciudad? —Y apretó los labios con fuerza.

Lee volvió la vista al cadáver. Sintió un nudo en el estómago al volver a cruzar sus ojos con aquellos cristalinos e inertes. En un intento de no pensar en ella, se acordó de Clerk e imaginó a Richard azotándola con la hebilla de su cinturón. Pensó en el placer que le produciría pegarle ese ansiado tiro a aquel mal nacido en ese mismo instante. Con estas ideas ocupando su cabeza, evitó una discusión racial con Donna, lo cual no le apetecía en absoluto.

Diseño de Josevi Blender

Novela por entregas: No te sientes de espaldas a la puerta. Cap. 3

—Lo has dicho tú, yo no —le susurró observando algo extraño en el cuerpo de la chica.

—Pues no, Lee —le confesó—, no la conozco de nada. Y sí, era una prostituta del Ziegfeld. Gordon ha encontrado su bolso diez metros hacia allá —dijo señalando el lago.

Lee permaneció pensativo. Si amigo mío… Lee, aunque lo no pareciese a primera vista, pensaba cada jodida palabra que iba a decir. El tipo no daba puntada sin hilo, ¿sabe a qué me refiero? Y, por eso mismo, por pensar cada mínima palabra que decía, no dijo nada más. Pero recuerdo perfectamente cómo se agachó hacia el cuerpo de aquella fulana tendido en la hierba. Donna le miraba expectante y Lee sacó un bolígrafo del bolsillo, uno plateado, precioso. Despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo, introdujo el bolígrafo en el interior de la boca de la pobre chica. Probablemente era lo más delgado que había entrado allí, pero con seguridad le digo que lo que Lee sacó iba a ser lo más trascendental que aquella boca pudo ofrecer durante su corta vida.

3er cap de la #novela inédita de @DavidVerdejoOfi 4ª entrega, Martes 4 Portada: @joseviblender Clic para tuitear

Dona miraba la escena con estupor y sorpresa. Lee pidió una bolsa para guardarlo mientras veía a lo lejos cómo el fiscal del distrito llegaba a la zona junto a varios periodistas quemando lámparas a cada paso. «Joder», exclamó en voz baja. Entonces ocurrió algo que pocos sabíamos que podía ocurrir. Lee odiaba a los periodistas, ¿sabe? Sí, amigo, un odio interior, de esos que pudren el alma y no dejan respirar cuando lo tienes cerca, esos rencores que acechan por las noches y te dejan agotado cuando te levantas porque no has dejado de tener pesadillas con ellos. Y Lee no podía ni verlos.

Cuando uno de estos reporteros venido a más alcanzó el círculo que dos policías habían dibujado en el aire con una cinta de plástico en torno al cadáver y gritó «Señor, ¡eh! Sí, usted… Inspector Liberto Johnson», a Lee se le hincharon las narices sufriendo una molesta inflamación proporcional a la que sufría en la entrepierna cada vez que los tenía cerca. Sin embargo, lo que hizo estallar la bomba que Lee llevaban en su interior fue escuchar su nombres de pila, berreado a los cuatro vientos, y que la gente lo escuchase. Habían colmado su paciencia. Sin pensarlo, se abalanzó sobre el periodista, apartando a los demás de un codazo, y atizó al chupatintas un gancho de derecha que le dejó «K.O.» allí mismo. Donna le agarró del brazo para impedir que volviera a golpear al periodista mientras los enfermeros intentaban reanimarlo.

—¿Te has vuelto loco? ¿A qué ha venido eso, Lee? —le increpó Donna.

Pero Lee no contestó. El fiscal se acercó hasta encontrarse a escasos diez centímetros de la nariz de Lee y mirarlo con desprecio. ¿Sabe una cosa? El fiscal, que era un embustero engreído, no le dijo nada. En cambio, dibujó una leve sonrisa bajo un bigote poblado y oscurecido con un tinte barato, porque en el fondo se alegraba de que le hubiera pegado al periodista. En esta ciudad, amigo, nada es lo que parece.

Pasaron varios largos minutos en los que Lee y Donna terminaron el registro del lugar. Tenían el nombre de la chica, profesión, lugar de trabajo y, lo más importante, la nota encontrada en su boca. ¿Que decía la nota? Bueno, amigo mío, no tenga prisa… Las mejores historias son como los buenos platos, ¿no cree? Se cocinan a fuego lento y con mucho amor… Sí, ese era el problema. La pobre Helen había repartido mucho «amor», pero no de una forma inteligente.

Ahora es tarde, así que me iré a dormir. Usted también debería dormir, ¿sabe? Tiene los ojos irritados. Por favor, vuelva mañana con ese cacharro y seguiremos esta charla. Prometo tener café a su disposición.

(Continuará)

¿Quién es el misterioso narrador de esta historia, @DavidVerdejoOfi? ¿Lo sabremos el 4 de julio? Clic para tuitear

 

Novela por entregas: No te sientes de espaldas a la pared. Cap 1

Novela por entregas: No te sientes de espaldas a la pared. Cap 2

 

No te sientes de espaldas a la puerta es una novela de David de la Torre (David Verdejo)