En el capítulo anterior nos habíamos quedado en el verano de 1969, cuando Creedence Clearwater Revival publicaron su exitoso tercer álbum, Green river, y su participación en el Festival de Woodstock.

1969 fue un año crucial en la sociedad norteamericana. En enero, el republicano Richard Nixon asume la presidencia de los Estados Unidos y esto conllevaría a un recrudecimiento en el conflicto del Vietnam, extendiendo los bombardeos norteamericanos a Camboya y Laos. En mayo llegaban noticias de la batalla de Dong Ap Bia, donde el número de muertos fue tan elevado que ese enclave fue conocido por «La colina de la hamburguesa». Los féretros envueltos con las barras y estrellas iban llegando a los Estados Unidos, conmocionando a una juventud que veía que los próximos podrían ser los suyos. Se extendían las protestas contra la guerra del Vietnam. Un grupo de estudiantes tomaron la Universidad de Harvard para denunciar el conflicto, y fueron duramente reprimidos por la policía. En California, helicópteros de la Guardia Nacional fumigaron a otra manifestación con polvo dermicida. Nixon, en una visita oficial a Vietnam del Sur, mentía descaradamente al prometer retirar tropas norteamericanas en el Vietnam, cuando lo que hizo fue, realmente, aumentar el contingente. A todo esto, el 15 de octubre, se producían simultáneamente en diversas ciudades norteamericanas, sendas manifestaciones contra la guerra. Las voces de centenares de miles de personas ni tan siquiera pudieron ser acalladas por la proeza del alunizaje de Neil Armstrong.

Creedence Clearwater Revival (II). Los tiempos estaban cambiando

John Fogerty, que vio cómo el azar le libró de su billete de ida a Vietnam, observaba angustiado esa procesión de ataúdes que regresaban del sudeste asiático. Ya en el álbum Green river comenzaba a dar muestras de su conciencia social. En su canción «Commotion» decía:

La gente no para de hablar sin decir nada, tan solo bla bla bla; hablan en la Casa Blanca, hablan ante tus narices, hablan tanto que ya ni les escucho; siempre con las prisas para ganar tiempo; siempre corriendo a casa, corriendo al curro, perdiendo el tiempo pensando en el tiempo que puedes ganar.

Con todo esto, en octubre aparece un nuevo sencillo en cuya cara B, encontramos una canción en la que Fogerty ya dispara con bala contra quienes cree responsables de toda esta situación. El tema es «Fortunate son» (Hijo afortunado) y reza así:  

Hay tipos que nacen para ondear banderas, uy sí… rojas, blancas y azules; y cuando la banda toca himnos patrióticos, ellos te apuntan con sus cañones. No, yo no lo soy, no soy hijo de un senador, no, no soy uno de esos afortunados. Hay tipos que han nacido forrados de dinero, incapaces de ayudar a nadie; y cuando el recaudador de impuestos llama a sus puertas, siempre están lloriqueando. No, yo no lo soy, no soy hijo de un millonario, no, no soy uno de esos afortunados. Hay tipos que heredan ojos salpicados de estrellas, gente que te envía a la guerra; y cuando preguntas hasta cuánto hemos de dar, te responden «más y más y más». No, yo no lo soy, no soy hijo de un militar, no soy uno de esos afortunados.

En 1969 y con el desastre humano ocasionado por la guerra de Vietnam como telón de fondo, los Creedence publican una canción en la que Fogerty ya dispara con bala contra quienes cree responsables: «Fortunate son», su 4º single de oro. Clic para tuitear

Esta canción en clave rockera que, repito, era la cara B del single, fue mucho más popular que su cara A, un tema country desenfadado llamado «Down on the corner». La combinación de los dos estilos hizo que, inmediatamente, el single se convirtiera en su cuarto single de oro y, naturalmente, un nuevo y rotundo número 1. Fue la carta de presentación del nuevo álbum de la banda, el tercero de ese año, publicado en noviembre, Willie and the Poor Boys, un disco que, humildemente creo, no puede faltar en vuestra discoteca.

Creedence Clearwater Revival (II). Los tiempos estaban cambiando 1

El álbum contiene una extraordinaria muestra de lo esencial de la música norteamericana. Aparte de contener las dos canciones del sencillo, podréis encontrar temas que os llevarán a cualquier taberna del Medio Oeste, dejándoos un sabor a Budweiser o whiskey de Kentucky en el paladar, a aromas de barbacoa y ecos de armónica, acústicas y dobro.

En Willie and the Poor Boys, hay temas que os llevarán a cualquier taberna del Medio Oeste, dejándoos un sabor a Budweiser o whiskey de Kentucky en el paladar, a aromas de barbacoa y ecos de armónica. #TheCreedenceClearwaterRevival. Clic para tuitear

Canciones country, junto con «Down on the corner», como un clásico de Huddy Leadbetter, «Cotton fields», magistralmente interpretada a coro por la banda; la improvisada instrumental “«Poorboy shuffle», lo que os comentaba de los ecos de armónica y acústicas; una canción aparentemente inocente, «Don’t look now»:

¿Quién tomará el carbón de la mina?, ¿Quién tomará la sal de la tierra? ¿Quién tom ará una hoja y la convertirá en un árbol? ¿Quién trabajará el campo con las manos? ¿Quién cargará el arado en su espalda? ¿Quién tomará la montaña y se la dará al mar? ¿Quién hará los zapatos para tus pies? ¿Quién hará la ropa que usas? ¿Quién aceptará las promesas que no cumplirás? No mires ahora, no somos tú o yo. No mires ahora, alguien te matará de hambre, alguien que ya ha hecho una oración para ti.

Los temas country se alternaban con canciones rockeras, como la anteriormente mencionada «Fortunate son», y con una divertida sátira sobre los medios de comunicación y la política, partiendo con un cuento de ciencia ficción de serie B, tan populares en las décadas de los 50 y 60, en el que Fogerty hace un repaso a la actual sociedad, mencionando a una serie de personajes muy célebres en ese momento. El tema es «It came out of the sky» (Eso cayó del cielo):

Eso cayó del cielo y aterrizó al sur de Molina; Jody cayó de su tractor y casi no podía creer lo que veía. Tendido en el suelo, conmocionado y temeroso por su vida, corrió en dirección al pueblo gritando «Eso ha caído del espacio».

Pues bien, una multitud se congregó a su alrededor, y un científico dijo que sólo eran gases del pantano. Spiro (1) vino e hizo un discurso sobre hacer un nuevo impuesto marciano. El Vaticano dijo «¡Wow, el Señor ha venido!». Hollywood se dispuso a hacer una película épica sobre ello, y Ronnie el Popular (2) dijo que era un complot comunista.

Los periódicos vinieron e hicieron de Jody un héroe nacional; Walter y Eric (3) realizaron un show televisivo. La Casa Blanca dijo«pondremos Eso en el Salón Azul», pero el Vaticano respondió «no, ni hablar, Eso pertenece a Roma»; Jody replicó «No, Eso es mío, pero os lo daré por diecisiete millones de dólares».

Notas
(1) Spiro Agnew, secretario del Tesoro, conocido por su facilidad por crear nuevos impuestos
(2) Ronald Reagan, en aquel entonces Gobernador de California que, como podéis ver, ya apuntaba maneras
(3) Walter Cronkite y Eric Sevaired, dos populares y muy mediáticos presentadores de televisión del programa CBS Evening News

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El álbum también incluía algún experimento producto de esas jam sessions que tanto gustaba al grupo, como «Effigy», e hizo un acercamiento hacia el soul de Memphis, propio de la discográfica Stax Records, en temas como «Feeling blue», contando incluso con la colaboración de los Booker T. & The MG’s (en el formato en CD del disco, hay una versión de «Down on the corner» grabada con ese grupo). También se refleja la influencia del estilo de esa banda en el tema instrumental «Side o’the road», claramente inspirado en «Green onions», el éxito principal de los Booker T. en 1962.

Como valor añadido (y qué valioso) figuraba en el álbum una versión de un tema tradicional, «The midnight special», popularizado en 1934 por Huddy Lead Belly Leadbetter. Esta versión ha sido, tal vez, una de las más populares de los Creedence, incluso sin haber sido publicado como sencillo, siendo muy utilizada en diversas películas, destacando la que aparece en la versión para la gran pantalla, en 1983, de Twilight zone (En los límites de la realidad), en su prólogo, cantada por Albert Brooks y Dan Aykroid («oh!… como me encantan los Creedence!»)

Por supuesto, Willie and The Poor Boys fue Disco de Platino (el tercero), y el grupo finalizó 1969 recogiendo diversos premios: premio a la mejor banda en sencillos, concedido por Bilboard, y premio a la mejor banda norteamericana, concedido por la revista Rolling Stone.

Mejor no les podía ir.

Para celebrarlo, en enero de 1970 aparece un nuevo single. Rock and roll en estado puro, y una influencia muy marcada de Little Richard (sí, recuerda un poco… bastante, a «Long Tall Sally». Se trataba de la Banda Viajera, Travellin’ band. No hace falta mencionar que sería su quinto sencillo de oro.

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Para suavizar… de alguna manera… en la cara B se incluía una de los temas inmortales de los Creedence, «Who’ll stop the rain?», una canción que Fogerty compuso un día en el que vió en televisión lo que antes comentaba de la llegada de féretros de soldados norteamericanos  procedentes del Vietnam:

Recuerdo la lluvia cayendo desde hace mucho tiempo. Nubes de misterio cubren la tierra de confusión. Durante muchos años la gente buena ha tratado de encontrar el sol; y yo me pregunto: ¿Quién puede detener esa lluvia?

Fui a Virginia buscando refugio en la tempestad. Hundido en un sueño vi crecer la torre. Cinco años de planes y nuevos retos envueltos en cadenas de oro. Escuché a los cantantes… oh, cómo les animábamos a hacerlo! La gente se congregaba para mantener viva la llama, pero la lluvia seguía cayendo, cayendo encima de mí. Y yo me pregunto: «¿Quién puede detener esta lluvia?».

 Efectivamente, algo había cambiado. John Fogerty había dejado de ser ese buen chico que no sacaba la nariz de los campos de algodón y no se metía con el orden establecido. John había abierto de par en par las ventanas y vio el mundo que le rodeaba… el mundo real. Un mundo que hablaba de escaladas en el conflicto del Vietnam, de revueltas de estudiantes, carreras de armamentos, tanques en Praga, asedios policiales en París. Pero sobre todo, John fue consciente del inmenso poder mediático que tenían los nuevos trovadores: los Beatles, Dylan, los Stones. Y John quiso servirse de ese poder mediático para comunicar sus inquietudes, las mismas inquietudes de una juventud que no quería resignarse a ser carne de cañón de los desaprensivos que mencionaba en «Fortunate son». Es más, en el siguiente single, publicado en abril de 1970, John invitaba a todo el mundo a «descontrolarse»:

Enfrente, todo recto, hay un lugar al que me dispongo a ir, tan rápido como puedan mis pies. Déjalo todo y ven, y olvídate del barco que se hunde. Llévate una canción, una sonrisa y un banjo. Aprovechemos mientras podamos. Hagamos autoestop hasta el final de la autopista, donde las luces de neón se convierten en bosques. Puedes medir el movimiento perpetuo y fijar la mente en un día cristalino. Siempre hay tiempo para una buena conversación, porque siempre hay alguien dispuesto a escucharte. Venga, que ya sopla el viento; venga. Descontrolémonos…

Se trataba de Up around the bend y, naturalmente, sería su sexto sencillo de oro, y su nuevo número 1.

Y en la cara B, en el más puro estilo de Rock pantanoso, una nueva vuelta de tuerca del tema del Vietnam: «Run through the jungle”. En fin, un Fogerty desatado.

La música de Creedence Clearwater Revival imperaba por todos los rincones de los Estados Unidos. Efectivamente, en su país ya eran unos de esos trovadores, a la altura de los más mediáticos. Así pues, John Fogerty, ya líder indiscutible y alma mater de la banda, creía estar preparado para dar el gran salto: Ese mismo mes de abril iniciaban su primera gira por Europa. Holanda, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Alemania y Francia son los países escogidos para ofrecer sus conciertos. Cada uno de sus recitales sería un éxito clamoroso. Los Creedence ya reinaban también fuera de los Estados Unidos.

Y mientras ellos ampliaban fronteras, en julio se publica el que, personalmente considero, su mejor trabajo. La cima de su creatividad y que sería su cuarto Disco de Platino… y recordemos que era su quinto álbum. Otro disco que no puede faltar en vuestra discoteca: Cosmo’s factory.

Cosmo’s factory fue el cuarto disco de platino de los Creedence. El nombre proviene de su costumbre de ensayar en un garaje propiedad del batería, Doug Clifford, apodado «Cosmo». Un artículo de Pep Alie Otto. Clic para tuitear

El nombre proviene de su costumbre de ensayar en un garaje propiedad del batería, Doug Clifford, apodado «Cosmo». Por tanto, y siguiendo con su estilo de grabar las canciones como si se tratara de una jam sesión, sin apenas mezclas ni retoques, el material era el resultado de «la fábrica de Cosmo». La cubierta del álbum daba una visión inequívoca de lo que podéis esperar al escucharlo: cuatro músicos en lo que parece un garaje o almacén, rodeados de instrumentos y objetos muy diversos, simbolizando diversidad de estilos. Efectivamente en el disco hacen un repaso a todos los estilos musicales.

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A las cuatro canciones antes mencionadas de los singles, acompañan en el álbum cuatro canciones de producción ajena: una versión de un rhythm and blues de Arthur Crudup, «My baby left me», y que Elvis Presley popularizó como rock and roll; otro puro rock and roll que un principiante Roy Orbison compuso en 1957, «Oobie Doobie»; una excelente versión de un blues de la factoría de Bo Diddley, «Before you accuse me»; y un tema soul de Whitfield y Strong, «I heard it through the grapevine» que un dos años antes habían popularizado Marvin Gaye y Gladys Knight en sendos éxitos, y que Creedence, con un toque muy personal, lo convierten en un experimento vanguardista de once minutos de duración. No podía falta su tema garajero propio de jam sesión, «Ramble tamble» con el que abrían el disco.

Y naturalmente tampoco podía faltar su joya country, «Looking out my back door»… más que country, bluegrass, con verdadero sabor de pantano:

[…] envía tus problemas a Illinois y cierra la puerta de la calle. Fíjate en todas las criaturas felices que bailan en la hierba. Venga, cabréame mañana que hoy no te compraré ninguna tristeza… eso sí, echa una ojeada, de vez en cuando, a tu puerta trasera […]

El álbum se cerraba con una pequeña preciosidad en forma de canción, una canción que habla de idas y regresos, de sueños y esperanzas, donde nos dice que siempre hay un camino… mientras esté iluminado, «Long as I can see the light»:

Enciende una vela en la ventana, pues debo marchar. Pero a pesar de que deba irme, regresaré a casa mientras pueda ver la luz. Hago el equipaje y tomo el camino; y cuando me vaya, no estaré preocupado mientras pueda ver la luz. Supongo que soy un culo de mal asiento; tengo esta vena que no permite detenerme; pero no me perderé, no, no me perderé mientras pueda ver la luz.

Estas dos canciones forman las cara A y B respectivamente del nuevo sencillo que, supongo adivinareis, fue Single de Oro.

1970 tocaba a su fin. Se acababa una década mágica. Una década en la que musicalmente se había visto de todo, en la que la música había estallado como en un inmenso Big Bang, salpicado el universo musical en miles de constelaciones. Una década exuberante de leyendas, algunas de ellas, afortunadamente, siguen con nosotros; otros se perdieron en el camino. Dos de esas figuras, Jimi Hendrix y Janis Joplin, se fueron coincidiendo con el final de la década, como triste despedida de unos años gloriosos.

Pero para los Creedence, 1970 fue el año en el que recogían todos los frutos de su trabajo: Premio a los Artistas del Año, concedido por Soul Magazine; al mejor álbum de 1970, por Bilboard. La revista Musical Express Readers Poll de Inglaterra les aclamaba como la mejor banda internacional. También eran reconocidos como mejor grupo extranjero en Canadá, Alemania, Francia, Noruega, México, Italia, Suiza e Israel.

1970 tocaba a su fin. Se acababa una década mágica, de leyendas como Jimi Hendrix y Janis Joplin. Para los Creedence, 1970 fue el año en el que recogían todos los frutos de su trabajo. Un artículo de Pep Alie Otto. Clic para tuitear

Y antes de finalizar el año, un nuevo álbum… un álbum que sería lo que, tarde o temprano, siempre acaba sucediendo.

No vamos a adelantar acontecimientos, y lo dejaremos para nuestro tercer y último capítulo.

Un triste epílogo, eso sí adelantamos, para una banda excepcional.

 

 

Playlist en Spotify

No puedo despedirme sin dejaros una buena «ración» de música. En esta ocasión, vamos a disfrutar de las mejores versiones de los temas de los Creedence.

 

 

 

Un artículo de Pep Alie Otto

Diseño de portada: David Verdejo

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