Desde sus comienzos, la serie Game of Thrones (David Benioff y D. B. Weiss) ha sido un suceso difícil de clasificar. Luego de una primera temporada que dejó muy claro que la adaptación de la obra homónima de George R.R. Martin y su versión televisiva tendrían puntos en común, pero en esencia, serían historias paralelas, el suceso se transformó en una combinación de éxito de audiencias y crítica, junto con un verdadero fenómeno de masas. Es difícil una saga que se basa en la variedad de escenarios, un mapa de personajes complejos, pero sobre todo, en las implicaciones del poder y que además, está basada en un universo fantástico al uso que se sostiene más sobre la crueldad que sobre la maravilla de lo sobrenatural y lo intangible. Más allá de los dragones, zombies, brujas y magia, la serie se basa en una obra en la que se medita acerca de la lucha de poder por la dominación geográfica, pero también, en las ramificaciones de una herencia violenta que se transmite a través de generaciones enteras. Como historia global, Game Of Thrones es una concepción sobre las líneas que controlan y sustentan a los poderosos, que convergen bajo los manejos sangrientos que permiten la existencia de tronos, castillos y leyendas. Una visión aumentada sobre conflictos históricos como la Guerra de las Rosas hasta la percepción maquiavélica del gobierno, la lucha armada y la sucesión.

¿Por qué se ha convertido @GameOfThrones en un icono de la nueva manera de comprender la Edad de Oro de la televisión? No te pierdas este artículo de @Aglaia_Berlutti. Clic para tuitear

 

Game of Thrones se despide por la puerta grande: El éxito de un vasto mundo de fantasía 3

Nadie lucha como vos

A medida que la serie arrasó en audiencias y confirmó su liderazgo como una nueva forma de comprender la fantasía, sus planteamientos centrales se ensancharon y tomaron caminos distintos a los del libro. Para bien o para mal, la producción de HBO terminó convertida en una línea independiente del material original que finalmente al acabar la temporada seis, debió continuar su propio recorrido sin la compañía  —sustento y sustancia—  de su versión literaria. Para el capítulo final, el libro Vientos de Invierno —continuación inmediata de Danza de dragones, novela publicada en el 2012—  seguía sin publicarse y de hecho, aún sigue siendo una incógnita la fecha en que llegará a las librerías del mundo. En medio de la eventualidad, los productores debieron tomar la decisión de utilizar la información que George R.R. Martin les había facilitado sobre la conclusión de la historia a comienzos de la producción de la serie. Una jugada arriesgada que se cristalizó en la que quizás es la más extraña dicotomía del mundo televisivo y sus adaptaciones televisivas. A partir del estreno de la temporada siete, la serie rebasó la historia original y agregó elementos inéditos a la línea de tiempo, personajes y argumento de la saga de novela río en la que se encuentra basada.

Antes del primer capítulo había toda una serie de interrogantes sobre la decisión de la producción de no aguardar la publicación de Vientos de Invierno. ¿Cómo reaccionaría la audiencia y la leal legión de lectores a la eventualidad? El primer capítulo de la séptima temporada dejó claro que la fidelidad a la historia del público se encontraba intacta: no sólo batió récords de audiencias  —10,1 millones de espectadores en Estados Unidos, según informó la edición digital de Variety—  sino que, además, superó en un 27% el debut de la temporada anterior. Un fenómeno insólito en la televisión, que demostró que la serie continuaba siendo incombustible y, sobre todo, un icono de la nueva manera de comprender la llamada Edad de Oro de la pantalla chica.

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Los Lannister sobre Poniente

El comienzo de temporada fue, además, toda una declaración de intenciones: Game of Thrones avanzó no sólo hacia una posible resolución a dos temporadas de distancia sino también, hacia una reflexión sobre los elementos que convirtieron a la serie en el programa más visto de la cadena HBO. El argumento regresó sobre Arya Stark (interpretada por la actriz Maisie Williams) y elude cualquier solución sencilla a la violencia, para dejar muy claro que el regreso al tablero de poder en Westeros sería un enfrentamiento sangriento y definitivo. Después, acelera el ritmo para convertir el episodio número 61 en una glorificación de las virtudes que hicieron a Game of Thrones un rotundo éxito: desde la Reina Cersei Lannister caminando sobre el mapa de un mundo cercenado por sus enemigos hasta la llegada de una firme Daenerys Targaryen a Dragonstone, la trama de la penúltima temporada de Game of Thrones parece añadió un valor agregado al simbolismo.

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Volver al hogar…

Para el gran final (a menos de 100 días de distancia y de lo que no se sabe casi absolutamente nada), la serie apuesta por el misterio y sobre todo, por la resolución de los conflictos desde la virtual destrucción de todo estamento de poder en manos de un fenómeno sobrenatural, que amenaza con arrasar por completo el tablero de poder en Westeros. Hace diez años, el show convirtió la percepción de la fantasía en anzuelo para adultos y brindó sentido al uso contemporáneo de viejas visiones universales sobre la magia y lo asombroso. ¿Qué podemos esperar para esta temporada, preludio del gran final? A medida que se acerca a su resolución, la serie parece dominada por personajes femeninos poderosos y un juego de lealtades y traiciones signado por la ambición personal. Quizás, el reflejo más evidente sobre los dolores y terrores que atravesará cualquiera que recorra el largo camino hacia el Trono de Hierro.

¿Qué podemos esperar para esta temporada, preludio del gran final? @GameOfThrones parece dominada por personajes femeninos poderosos y un juego de lealtades y traiciones signado por la ambición personal. @Aglaia_Berlutti. Clic para tuitear

 

Un artículo de Aglaia Berlutti