Bautizado como Planeta Nueve o Planeta X, irrumpe en nuestra “tranquila” Vía Láctea, el último fenómeno astronómico, un “nuevo” planeta más allá del desterrado Plutón, sobre cuya existencia no se han logrado evidencias físicas, por el momento.  Nos hallamos, por lo tanto, ante una hipótesis, apasionante y polémica, que ha acaparado la atención de la comunidad científica y los medios de comunicación especializados.

Ante la avalancha de información y con el objeto de facilitar la comprensión de este interesante fenómeno, hemos pedido a nuestro colaborador, Javier Alcover, que nos aclare algunas de las claves sobre este misterioso Planeta Nueve.

Planeta Nueve, último descubrimiento en el sistema solar

No deja de ser curioso que el astrónomo Michael Brown, experto del Instituto de Tecnología de California (Caltech), el mismo abusón que llamó planeta enano” a Plutónexpulsándolo de los futuros libros de texto escolares y del privilegiado grupo de planetas de la Vía Láctea, descubra ahora junto a su colega Konstantin Batygin –no hay pruebas fotográficas todavía, aunque sus predicciones parecen confirmar la presencia de un cuerpo espacial nuevo–, la sombra de un noveno planeta, un grandullón como Venus pero en helado, masivo y perturbador, de una magnitud entre 5 y 10 veces la masa de la Tierra y que sigue una órbita excéntrica más allá de Plutón –tardando aproximadamente unos 15.000 años en dar la vuelta al sol–, rotando misteriosamente sobre su propio eje en los confines más lejanos de nuestro sistema y afectando la tranquila trayectoria de otros cuerpos espaciales. Por eso, probablemente, por superlejano, no ha sido posible descubrirlo con anterioridad. No obstante, este planeta nuevo -o noveno, si se quiere- es, en realidad, más antiguo que el primer organismo unicelular de la Tierra e incluso podría llegar a considerarse el primero de la lista si contáramos los planetas al revés, esto es, según el criterio de lejanía respecto al sol, lo cual convertiría a Mercurio, por tanto, en el último planeta de la galaxia.

Este planeta nuevo —o nueve, si se quiere— es más antiguo que el primer organismo unicelular. Clic para tuitear

Todo lo que preguntaste sobre Planeta Nueve y no te explicaron bien…

En 2016 este «nuevo» planeta llamado «Nueve», cuyo punto máximo de acercamiento al nuestro es de unas 200 veces la distancia entre el Sol y la Tierra, todavía no ha sido visto, pero se ha demostrado su existencia gracias a unos planetoides enanos que sí fueron directamente observados. En efecto, en 2014 otros dos científicos, Scott Sheppard (Instituo de Ciencia Carnegie) y Chad Trujillo (Observatorio Gemini de Hawái) constataron a través de sus telescopios que las órbitas de algunos objetos espaciales se salían literalmente de su trayectoria, atribuyéndolo a la existencia de un enorme planeta cuyo campo gravitacional estaría «empujando» a dichos objetos. Tras este descubrimiento, el propio Michael Brown decidió investigarlo con la intención de refutar aquella hipótesis, resignándose a aceptar a la postre que la existencia del planeta X es lo único que puede explicar el comportamiento anómalo de ciertos cuerpos espaciales sobre sus órbitas, incluidas las de unos planetas enanos que él mismo descubrió y que rotaban bajo la influencia de esa misteriosa «fuerza masiva y perturbadora» que debía ser necesariamente un planeta porque, de lo contrario, la comunidad científica se vería forzada a especular con otras hipótesis más incómodas y díficiles de asumir (Por ejemplo, ¿una esférica megaestructura artificial extraterrestre capaz de camuflarse en el espacio?) Compramos, pues, la opción Planeta Nueve.  

Demostrada la existencia de Planeta Nueve gracias a la observación de unos planetoides enanos. Clic para tuitear
Planeta Nueve, último descubrimiento en el sistema solar. Xavier Alcover.

El Planeta Nueve, ¿sería un coloso como este?

Quizá papá Brown, que envia sus tuits bajo el pseudónimo de plutokiller (que parece hasta malsonante) haya hecho todo esto por su pequeña hija, quien le sigue recriminando, al igual que el resto de la humanidad, que hubiera “matado” a Plutón, al rebajar su estatus “planetario” al de “enano“, tratando ahora, por tanto, de añadir rápida y forzosamente un planeta nuevo a los libros de texto —uno que pesara un huevo y que, por tanto, no admitiera dudas en cuanto a su condición de planeta—. El propio astrónomo lo admite en The Washington Post: «Ella sigue medio enojada conmigo por el relegamiento de Plutón, a pesar de que apenas había nacido cuando ocurrió» […]. «Hace unos años me sugirió que me perdonaría si encontraba un nuevo planeta, así que supongo que he trabajado en esto por ella», concluye.

#Plutokiller intenta resarcir a su hija por haber rebajado el estatus a Plutón. Clic para tuitear

En cuanto a la credibilidad de estas investigaciones astronómicas, la NASA admite que las observaciones de Brown y Batygin podrían llevar, efectivamente, al descubrimiento de un noveno planeta en nuestro sistema solar, aunque advierten también de que no deja de ser una hipótesis, quizá la que genera más consenso entre el mundo científico, pero que debe demostrarse y, por tanto, es necesario cazar al Planeta Nueve y fotografiarlo. Por otra parte, la astrónoma colombiana Adriana Ocampo (NASA) afirma que es muy común que los descubrimientos de planetas empiecen con predicciones y no con pruebas, pues precisamente -según ella- Neptuno o Plutón se predijeron mucho antes de ser vistos por primera vez. «Quizá podamos verlo [al Planeta Nueve] en un par de años», vaticinó.

Planeta Nueve, último descubrimiento en el sistema solar. Xavier Alcover.

Tierra, Luna y Nibiru. Imagen de César Soler.

Y, en el punto exacto donde finaliza el conocimiento científico, empieza la exquisita e inquietante literatura basada en las interpretaciones de unos escritos sumerios aparecidos en unas tablillas de arcilla que fueron desenterradas por Zeccharia Sichtin a mediados del pasado siglo, en las cuales ya se hablaba de la existencia de unas deidades (¿los gigantes bíblicos Nefilim/Elohim?) de tres metros de altura, piel blanca, cabellos largos y barba que vinieron de «las estrellas» (Anunnaki) y se asentaron en Mesopotamia, manipulando el código genético del Hombre de Neanderthal para acelerar su evolución a Homo Sapiens por la necesidad de tener trabajadores esclavos que construyeran sus megaestructuras (léase, pirámides). Según la interpretación que hizo Sichtin sobre el contenido de los citados restos arqueológicos, los dioses de la Antigüedad procederían de un planeta X (¿el Planeta Nueve?) un desconocido cuerpo espacial de naturaleza masiva y perturbadora llamado Nibiru o Hercólubus, el cual formaría parte de nuestro sistema solar y, llegado el punto de máxima aproximación a la Tierra, crearía una gran perturbación en la órbita de nuestro planeta, ocasionando una serie de catástrofes naturales que asociaríamos rápidamente a las trompetas del apocalipsis, convirtiendo de un soplido a nuestro querido Planeta Azul en un nuevo, desértico y deshabitado Planeta Rojo.

Es muy común que los descubrimientos de planetas empiecen con predicciones y no con pruebas. #NASA Clic para tuitear

 

Artículo de Javier Alcover

Idealizaciones planetarias de César Soler