Star Wars: Hemos vuelto…

Con la nueva entrega de Star Wars —La Guerra de las Galaxias—, no solo despierta la Fuerza, esa poderosa energía de origen divino que nos rodea, que penetra sutilmente en nosotros y que mantiene unidas a las galaxias del multiverso en un perfecto equilibrio cósmico, sino que se inicia una nueva guerra por parte de la Resistencia Galáctica Republicana —basada espiritualmente en la Fuerza— contra el Imperio Galáctico nacido de su Reverso Tenebroso —llamado ahora Primera Orden—, el cual ha construido una tercera Estrella de la Muerte capaz de destruir no un único y solitario planeta como hicieron sus predecesoras, sino varios planetas de un mismo sistema solar en cuestión de segundos. En Episodio IV: Una nueva esperanza, por orden expresa del malvado Darth Vader, la 1ª Estrella de la Muerte proyectó su mortífero rayo destructor contra Alderaan, el ídilico mundo de la Princesa Leia, quien tuvo que contemplar desde el Destructor Imperial el asesinato en masa de millones de alderaanianos, entre los cuales se encontraban sus padres adoptivos.

Star Wars: El despertar de la Fuerza, reseña de Javier Alcover.

Episodio IV: Una nueva esperanza.

Así pues, con Episodio VII: El Despertar de la Fuerza, comienza una nueva guerra galáctica pero, al mismo tiempo, termina otra “guerra mundial” no menos importante: la que enfrenta a trekkies (fans de Star Trek) y a waries (fans de Star Wars), lográndose la paz y el equilibrio en nuestra galaxia, la Vía Láctea, y muy a pesar del amenazante cinturón de asteroides que todavía nos orbita y nos orbitará ad aeternum.

La clave ha sido matar al Creador, George Lucas, para resucitar el espíritu de Star Wars. Clic para tuitear

J.J.Abrams ha hecho la película que merecían ver los fans waries más puristas de nuestro planeta y la clave ha sido “matar” al Creador, George Lucas, para paradójicamente poder resucitar el verdadero espíritu de la trilogía antigua de Star Wars, el mismo espíritu que se había perdido —sin que la Fuerza pudiera remediarlo— en la trilogía anterior, vagando como un vulgar espectro entre un cúmulo excesivo de basura espacial —muy lejos, por cierto, de causar efecto especial alguno en nuestra percepción visual —sin apenas contentarnos con unas mínimas psicofonías de dicho fantasma (Episodio I: La Amenaza Fantasma nos enseñó, entre otras cosas, que el verdadero espíritu de Star Wars había desaparecido en detrimento de los apabullantes efectos visuales y del rodaje digital), conformándonos únicamente con unos pocos, insuficientes e incluso innecesarios guiños al pasado.

Star Wars: El despertar de la Fuerza, reseña de Javier Alcover.

Star Wars: La amenaza fantasma. Episodio I.

El triple artefacto comercial de Lucas decepcionó más pq emocionó menos. @XavierAlcover Clic para tuitear

En la Fatídica Trilogía se hace manifiesta la necesidad del director de desacomplejarse de algún modo –las remasterizaciones que hizo en la primera trilogía explican su insatisfacción constante en cuanto a los efectos visuales que él inventó de la nada en los 70’s– realizando unos films sobrecargados de mundos y criaturas creadas por ordenador que entretienen mucho, pero que nunca han logrado convencer a los más románticos waries. El triple artefacto comercial de Lucas decepcionó más porque emocionó en menor medida y falló, precisamente, en lo más esencial, al no preservar lo místico del Jedi que una vez fue Lucas, quien se dejó seducir por su propio Lado Oscuro para acabar siendo traicionado por la ambición del Sith que llevaba dentro.

#StarWars se estrenó de milagro, el rodaje estuvo a punto de cancelarse. @XavierAlcover Clic para tuitear

Así las cosas, Darth Lucas decidió romper bruscamente con un pasado maravilloso que le hizo, empero, sufrir demasiado: La Guerra de las Galaxias se estrenó de milagro, pues el rodaje estuvo a punto de cancelarse por las dudas que generaba; el propio George Lucas, siendo un joven padawan de sí mismo, no murió de estrés también de milagro y, no obstante, y disculpad la redundancia, su obra fue, probablemente, el auténtico milagro que necesitaba la humanidad a finales de los 70’s. Por miedo al fracaso, quizá, o por temor a beber demasiado del verdadero néctar de Star Wars, Lucas se alejó a nivel espiritual unos cuantos millones de años luz respecto a su más pura esencia. Sin embargo, a pesar de todo, la historia continuó gracias al Hacedor –o, para ser más precisos, el Creador nos invitó a hacer un flashback mental colectivo para enseñarnos el origen de la Saga (porque toda saga tiene un origen) y, de este modo, pudimos ver nuevos Jedis como Mace Windu, “antiguos” Jedis como Yoda u Obi Wan Kenobi e incluso a la mafiosa babosa gigante, Jabba el Hutt, presidiendo una carrera de vainas en Tatooine, un planeta de esclavos donde el flamante protagonista, Anakin Skywalker, creció y, más tarde, abandonó para llegar a ser un Jedi al servicio de la República Galáctica, tiempo antes de convertirse en Darth Vader, en la época de las famosas Guerras Clon que Obi-Wan Kenobi (Sir Alec Guiness) ya mencionó en Episodio IV: Una Nueva Esperanza.

Es curioso, pero el inconsciente nunca falla y, por alguna razón, en esta reseña de Star Wars estoy hablando demasiado del pasado más remoto, es decir, de la primera trilogía antigua –lo cual es una excelente señal– aunque también me estoy refiriendo al pasado más reciente, el de la primera trilogía moderna (quizá porque un warie adormecido necesita sacar esa gran decepción que llevaba dentro desde hacía ya mucho, mucho tiempo…). En mi opinión solo el Senador Palpatine salva aquella Fatídica Trilogía Digital, y quizá el robot orgánico Darth Grievous, los “eternos” droides C3PO y R2-D2, el antiguo caballero Jedi convertido en Conde Dooku o el propio Obi Wan Kenobi. Bueno, de esta trilogía “oscura” salvaría también al compositor John Williams (suerte de él). En aquellos tiempos, a mi entender, el maestro Lucas, antes de ser tentado por el reverso tenebroso, debió haberse apartado de la trilogía y dejar al mando de la nave a un padawan como J.J Abrams. Pero, para aquel entonces, la Fuerza ya le había abandonado.

Disney es, precisamente, la Fuerza, la Magia, la Creatividad en estado puro. @XavierAlcover Clic para tuitear

El Lado Oscuro había nublado su entendimiento y absorbido su espíritu hasta que, recientemente, la Fuerza Despertó e hizo que Lucas –todavía había “Bien” en él– vendiera a Disney sus derechos sobre la saga. Finalmente envió su alma al diablo, a una gran compañía de Hollywood, algo impensable hace treinta años por parte de aquel joven caballero Jedi llamado Sir George Lucas que siempre pretendió –y, en parte, lo consiguió- mantenerse al margen de la contaminante Gran Indústria de Hollywood. Pero Disney resultó no ser el diablo. Lo contrario. Disney ha sido y es, precisamente, la Reina de la Fantasía, la divinidad que existió mucho antes que el Hacedor de Star Wars. Disney es, precisamente, la Fuerza, la Magia del Mundo, la Creatividad en estado puro,eso es y ha sido siempre Disney. No en vano, su Creador, Walt Disney sigue congelado y, por cierto, creo que a George Lucas, a pesar de los errores cometidos, habría que criogenizarlo también. En la anterior trilogía moderna –como ya he comentado– el Sith Lucas se perdió en su propia ambición, obsesionado con los excelentes resultados técnicos que estaba cosechando su empresa LTD (Lado Tenebroso Dark), recreándose en el mundo digital cual niño atontado jugando a la Playstation III, dejando de lado el espíritu verdadero de Star Wars (que es su propio espíritu), el mismo espíritu que, precisamente, le llevó a crear esa obra maestra de la fantasía llamada La Guerra de las Galaxias.

Star Wars: El despertar de la Fuerza,reseña de Javier Alcover.

«Chewi… hemos vuelto»

Star Wars ha vuelto de la mano, nada más y nada menos, que ¡de un trekkie! @XavierAlcover Clic para tuitear

Hoy puedo decir con rotundidad –y mucha gente estará de acuerdo– que Star Wars ha vuelto y, de hecho, Han Solo ya lo anuncia en uno de los tráilers: «Chewi… hemos vuelto», pero que ha vuelto de verdad y que lo ha hecho de la mano, nada más y nada menos, que ¡de un trekkie

Sin embargo, J.J Abrams, el director de la adictiva serie Perdidos, el aclamado neo-trekkie al mando de la última película de Star Trek, resulta ser también un confeso y acérrimo fan de Star Wars, de modo que si a un warie purista le ofreces dirigir un episodio de Star Wars y le dejas libertad máxima (Disney, que llegó a rechazar un guión de Episodio VII escrito por Lucas, concedió plenos poderes a J.J.Abrams, quien, eso sí, se dejó asesorar por el Hacedor de la Saga) te hará una maravilla de film que no te va a decepcionar porque te introducirá dentro del espíritu ochentero de  La Guerra de las Galaxias y además te aportará novedades propias del universo warie en un perfecto y cósmico equilibrio entre lo Nuevo y lo Viejo. Por ejemplo, el brazo rojo de C3PO es una novedad sutil, sorprendente y divertida que no empaña ni se carga lo bonito y más esencial de ese pasado que siempre nos parece mejor.

Apartar oficialmente a Lucas de su propia Creación y contar con Lawrence Kasdan como co-guionista es el mejor favor que se le ha hecho a la Saga. Y no olvidemos que un tercer co-guionista del film es Michael Arndt, guionista de Little Miss Sunshine, una divertida historia con grandes cargas de originalidad que os recomiendo para estas mismas navidades. Los ingredientes que la Fatídica Starwars jamás debió abandonar: el misticismo de la primera trilogía, la diversión y la frescura de los personajes y la capacidad de armonizar lo viejo con lo nuevo. En cambio, lo que trilogía debió abandonar fue el exceso de efectos especiales.

En efecto, el Despertar de la Fuerza no es un título casual (más bien es causal) porque la Fuerza realmente ha despertado de su letargo al verdadero espíritu de Star Wars. Y lo mejor es que todavía quedan dos películas más. Que la Fuerza os acompañe a todos.

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RESEÑA CON SPOILERS clicando aquí. SOLO para quienes HAYAN VISTO EL FILM y a Han Solo con Chewbacca. Repito, si quieres saber más de Episodio VII clica aquí. NUEVO Y ÚLTIMO AVISO PARA INTERNAUTAS: habrá SPOILERS.

Que la Fuerza os acompañe a todos. @XavierAlcover Clic para tuitear

Artículo de Javi Wan Kenover.