«Meses después de la muerte de su padre y recién graduada, Marina conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor que ella que irrumpe en su vida colmándola de atenciones y planes. En poco tiempo, su día a día da un vuelco: pasa de compartir piso con su mejor amiga Diana, de ir a conciertos y de salir de fiesta a instalarse en el cómodo apartamento de Jaime y cenar cada fin de semana en los mejores restaurantes.

Deslumbrada por la sofisticada vida adulta y el encanto de Jaime, quien también se gana a su familia, Marina se ve sumergida por completo en su mundo, comenzando a olvidar lo que la definía».

En Comerás flores, su debut literario, Lucía Solla Sobral nos toma de la mano para introducirnos en la vida de Marina, y, pese a su juventud, que la acerca a su personaje (Lucía tiene 37 y Marina, cuando empieza la novela, 25), lo hace de una manera sorprendentemente lúcida y adulta.

La historia comienza con la pérdida del padre (amor incondicional, referente, cobijo consuelo, hogar), una de las más duras a la que se enfrenta el ser humano.

Ese día tuve que comprar el pan exactamente como cada día, ni muy tostado ni muy crudo, tender la ropa a la vuelta del tanatorio y ponerme los retenedores antes de dormir.

Tu padre ya no está, pero la vida sigue. Las rutinas sociales, fisiológicas y sentimentales, te exigen, te acosan.

Aún no eres consciente del todo, pero es el principio del fin de la infancia. Lo intuyes, sí, pero no quieres aceptarlo, entonces te niegas a cruzar ese puente y prefieres quedarte en un limbo en el que te vas de casa, pero vuelves cuando quieres, trabajas, pero aún no te impones metas, socializas, pero sin grandes compromisos.

Y sí, permaneces ahí hasta que se cruza en tu camino un hombre, pero no uno cualquiera, sino EL HOMBRE: guapo, atractivo y elegante, seguro de sí mismo y mayor que tú. Es decir, un reflejo de esa figura paterna que acabas de perder y que tanto echas en falta.

Y te dejas arrastrar, no puedes evitarlo. Sus muchas atenciones, gestos cariñosos, sorpresas, predisposición y su aparente escucha activa, te envuelven entre algodones, te sanan y te empujan hacia una vida en la que, poco a poco, dejas de ser tú misma, alguien que en ese momento te duele, para SER ESA OTRA PERSONA QUE ÉL QUIERE.

Y dejas de pensar, de decidir, de llevar la contraria, de salir con tus amigos… Te dejas moldear hasta en lo más íntimo y privado que tienes: la relación con tu familia.

Acabas culpándote de todo lo que te ocurre y empiezas a juzgarte, con dureza y crueldad, por lo que crees que son defectos de tu apariencia o tu nula personalidad.

Y empiezas a vomitar lo que comes porque no te gusta tu aspecto y porque necesitas sentir que controlas algo en tu vida. Y caes en la bulimia o en la anorexia, esas enfermedades silenciosas, tan difíciles de superar y tan peligrosas, que, mayoritariamente, sufren las mujeres.

Y así, hasta que llega el día en el que te miras al espejo y solo ves una sombra.

Ese día haces recuento de lo que SU AMOR te ha robado:


No tengo hogar, no tengo zapatos
No tengo dinero, no tengo clase
No tengo faldas, no tengo suéteres
No tengo perfume, no tengo amor
No tengo fe
No tengo cultura, no tengo madre
No tengo padre, no tengo hermano
No tengo hijos, no tengo tías
No tengo tíos, no tengo amor
No tengo mente
No tengo país, no tengo educación
No tengo amigos, no tengo nada
No tengo agua, no tengo aire
No tengo humo, no tengo boleto
No tengo agua, no tengo amor
No tengo cabello, no tengo Dios
No tengo vino, no tengo dinero
No tengo cama, no tengo Dios
No tengo amor

Y es entonces cuando, insegura, vacilante, acojonada, das el paso («Sentí asco de sus mentiras pegajosas […] Yo me mantuve de pie. No quería ceder, no podía ceder ni en eso. Y su forma de volver a comportarse como si no hubiese pasado nada me estaba apretando los pulmones. Ven. Me tengo que ir, Frida tiene que salir. Ven, por favor»).

En Comerás flores (Premios Cálamo y El Ojo Crítico 2025 y uno de los Mejores Libros de 2025 para El País, El Mundo y La Vanguardia, entre otros medios), Lucía Solla Sobral plantea de manera exponencial cómo es el crescendo de esa otra violencia invisible en los medios de comunicación, porque no desfigura con ácido ni mata con arma blanca o pistola, mucho menos explotable en las páginas de sucesos.

En Comerás flores, @sollasobral plantea de manera exponencial cómo es el crescendo de esa otra violencia, invisible en los medios de comunicación y mucho menos explotable en las páginas de sucesos. @pitosporum @LibrosAsteroide Compartir en X

Una violencia muda que menosprecia, que anula, que aísla y que el resto no ve porque solo se refleja en tu cuerpo, en tus silencios, en tu falta de alegría y en tus ojos que ya no brillan.

Con delicadeza, con contundencia, con una maravillosa forma de narrar, Lucía Solla Sobral HA ESCRITO UN CUENTO SIN HADAS para enseñar a las nuevas generaciones, y recordar a las anteriores, que LOS PRINCIPES AZULES SIEMPRE DESTIÑEN.

Comerás flores, de @sollasobral: UN CUENTO SIN HADAS para enseñar a las nuevas generaciones, y recordar a las anteriores, que LOS PRINCIPES AZULES SIEMPRE DESTIÑEN. @pitosporum @LibrosAsteroide Compartir en X

Para reivindicar el amor igualitario, porque ESA OTRA COSA QUE TE EXIGE PERDERTE EN EL CAMINO NO ES AMOR, NUNCA LO FUE, NI NUNCA LO SERÁ.

Y como canta, como grita, como se recuerda Nina Simone en Ain’t Got No / I Got Life (la banda sonora que he elegido para esta novela), Comerás flores termina celebrando la posesión de una misma, el cuerpo y la vida:

¿Qué tengo?
¿Por qué estoy viva de todos modos?
Si, ¿qué tengo?
Tengo mis brazos, tengo mis manos
Tengo mis dedos, tengo mis piernas
Tengo mis pies, tengo mis dedos de los pies
Tengo mi hígado, tengo mi sangre
Tengo la vida
Tengo la vida
Me duele la cabeza y me duele la muela
Y malos momentos como tú
Tengo mi cabello, tengo mi cabeza
Tengo mi cerebro, tengo mis oídos
Tengo mis ojos, tengo mi nariz
Tengo mi boca, tengo mi sonrisa
Tengo mi lengua, tengo mi barbilla
Tengo mi cuello, tengo mis pechos
Tengo mi corazón, tengo mi alma
Tengo mi espalda, tengo mi sexo
Tengo mis brazos, tengo mis manos
Tengo mis dedos, tengo mis piernas
Tengo mis pies, tengo mis dedos de los pies
Tengo mi hígado, tengo mi sangre
Tengo vida, tengo mi libertad
Tengo la vida…

¿TENGO LA VIDA?

Según los datos oficiales de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género, desde 2003 hasta principios de 2026, el número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España supera las 1.350.

Comerás flores

Lucía Solla Sobral

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La opinión de Teresa Suárez

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