Se rompe el huevo. La calcárea costra se adhiere a las uñas y las extremidades de Iván Navarro Lluesma. Se deshace en membrana gelatinosa. Si tuviera más palabras quizás lo llamaría plasma, o líquido amniótico. No las tiene porque ha llegado al mundo indefenso, incompleto, deformado, con las placas craneales desoldadas, ciego, infradesarrollado, sin lenguaje. Y como no tiene órganos es incapaz de organizarse. Y como no tiene artículos es incapaz de articular palabra ni de poner rígidas sus articulaciones. Ha nacido sin lenguaje. Llega a un mundo plagado de parlantes y es entonces cuando toma conciencia de que es un ser extra y ordinario. Necesita alimentarse. Recuperar la lengua. Su primer alimento son pequeñas limaduras del decir. Al poeta (llamemos así a Iván Navarro), le crece la voz, una lengua impuesta, no elegida, una lengua materna.
un agujero en la voz / es relamido por la lengua / materna
en busca de los pliegues / del jugo del vacío
Incautas cancioncillas infantiles, ciertas cacofonías, primer alimento que mastica con encías deshabitadas. Con sus primeros dientes, descubre el placer de la repetición en algunos poemas. Repetir es regurgitar. Las palabras son más fáciles de digerir si están rimadas. Aplausos.
al separar mis manos / se genera un espacio
que delimitado por dos palmas / es silencio
En cuanto le crecen los ojos devora relatos, llega a la gula adolescente de las novelas. Solo con la serenidad que otorga el desarrollo será capaz de digerir el ensayo. Pero antes de eso descubre el vómito. La capacidad de sacar fuera lo que se ingiere, después de que haya sido convenientemente procesado, digerido. Eso sí, convertido en otra cosa, pero más él, con parte de su ADN, de sus jugos gástricos, de sus bacterias intestinales. Su lenguaje es el proceso de digestión del lenguaje del resto.
soy ser de lenguaje / al nacer dos caminos / ser tuyo o ser suyo / ¿madre?
Nunca acaba de estar completo. Es un ser recolector. Como la hormiga, el poeta (recordemos, Iván Navarro Lluesma) almacena palabras en su alacena para pasar el invierno del silencio. Tiempos duros en los que la palabra se pena, se prohíbe, se falsea, se degrada. Entonces el poeta saca de su reserva, de su bunker, de su habitación del pánico, de su librería, las palabras que puso a salvo y las vuelve a dejar a disposición de la especie. Primavera.
el grano de sonido / urde tejidos de voz / la palabra los envuelve
Todas las palabras son suyas. Cada día nacen nuevas palabras habladas y algún vocablo deja de utilizarse. Pero ninguna de las nuevas palabras se repite con alguna muerta. ¿Cuál es la combinación posible de fonemas para que esto no ocurra?
Limaduras del decir, de Iván Navarro Lluesma @Lalentedepathos @pallanur @eolasediciones «áfona es la lengua / que los otros no oyen / pero se siente en el cuerpo». Compartir en Xáfona es la lengua / que los otros no oyen / pero se siente en el cuerpo
El poeta va estando completo. Tiene en si todos sus verbos, todos sus lenguajes, sus complementos circunstanciales. Es sujeto de sí mismo. Entonces comienzan sus mutilaciones. Su autocensura. Su lenguaje políticamente correcto. Sus lugares comunes. Sus frases hechas, frases que ya no están crudas. Sus mutismos. Las palabras mutar, mutilar y mutear son demasiado parecidas para pensar que es una casualidad. Morir sin órganos, en silencio, sin células madre, sin lengua materna. Solo cuando ponga el lenguaje a salvo de sí mismo. Solo cuando sea expulsado de su propio poema, este cobrará sentido. Cuando solo queden de él las Limaduras del decir (Eolas Ediciones, 2025).
continúo con las virutas / de aquello que no alcanzo a decir

Sin Comentarios