Maripau González, autora de Rumores de pleamar, nace en Madrid pero lleva años residiendo en Reus. Escritora de microrrelatos desde 2010, ha quedado finalista de concursos importantes como Premis Literaris Constantí (2016) y Premis Literaris de Relatos de Nou Barris (2017). Junto con integrantes de un taller de narrativa de Barcelona edita, de manera colectiva, el volumen de relatos El Vici Solitari. En 2018 participa, también grupalmente, en el libro solidario Pasión por la escritura. Ya de forma individual Maripau González ha publicado el libro de relatos Besos usados en hilera (Letra Minúscula, 2021). Esta autora tiene además un blog personal de narrativa, «Micro-Regalos», donde comparte poemas, microrrelatos, reflexiones y redacta reseñas sobre libros que le gustan.

Considerando la belleza no una categoría al margen de los sentidos (menos algo apartado de la realidad), tratar a la experiencia cotidiana como un obstáculo para la más genuina autoría resulta un contrasentido evidente. Somos no pocos los poetas que encontramos en el vivir cotidiano inspiración para nuestros temas, a los cuales —en correspondencia— buscamos tratar con un léxico comprensible, templado, casi coloquial, pero intenso y cálido. Y por supuesto con ese lenguaje requerido que desnuda y no tapa los valores; menos aún los colores de la naturaleza: un lenguaje que no entorpezca el paso a un mundo poético nada hermético, abierto a cualquier sensibilidad. 

Maripau González está incluida en esa familia de vates para quienes su tema fundamental es la vida y sus surtidas expresiones. Ajena a palabras rebuscadas y a metáforas alambicadas, la suya es una poesía desnuda y humana que podría tomarse por antigua sino fuera porque la anima una sensibilidad a flor de piel que siempre resulta novedosa. Antonio Machado ya lo dijo: «La poesía pura, de la que oiga hablar a críticos y poetas, podría existir, pero yo no la conozco». Y es que, ante este encadenamiento de sorpresas que es la vida no hay medio mejor —para ponerlo sobre el papel— que una poesía como la de este libro: directa. No escasean hoy poemarios fríos (grandes nombres de nuestra lírica caen en esta deshumanizada tendencia) que refrenan al entendimiento aguando convenientemente sensaciones y convicciones para resultar —ellos sabrán porqué— de menor accesibilidad…

Ajena a palabras rebuscadas y a metáforas alambicadas, la de Maripau González es una poesía desnuda y humana. #Reseña del #poemario Rumores de pleamar. @edletraminus. Manu López Marañón. Share on X

La poeta que descubrimos hoy para los lectores de MoonMagazine siente el mar en plenitud al tenerlo al alcance de su mano (y entonces sus versos brotan sin pausa posible) aunque también —y en no pocos momentos— lo percibe desde la lejanía: entonces, desde una mar multisonora y su metafórico viento en los ojos, surgen la desdicha y el desencanto, esa amarga arena que ella recoge y vierte en versos tristes de no menor resonancia.

Rumores de pleamar. Maripau González. @edletraminus. La poeta que descubrimos hoy para los lectores de MoonMagazine siente el mar en plenitud al tenerlo al alcance de su mano. #Reseña #poesía. Manu López Marañón. Share on X

Los numerosísimos motivos marinos encontrados en Rumores de pleamar despliegan imágenes luminosas y repletas de musicalidad, estados de ánimo, nostalgias y añoranzas, la lejanía de muchos recuerdos… El mar, la mar, como amargura de un destierro que carcome por dentro y genera hastío, o también, ante la frustrante imposibilidad de verlo, irrecuperablemente percibido en forma de paraíso más o menos perdido.

Los 135 poemas que conforman este extenso y sobresaliente poemario vienen encuadrados en siete libros o secciones: «Sonetos del Altamar» (6 poemas), «Donde nacen las mareas, germen de agua viva» (14), «Trampantojos marinos de pleamar» (49), «La bajamar, mareas de tinta trémula» (26), «Navegaciones de temporal» (15), «Caligrafía de espuma marina» (13), «Versos de luna sueltos en la marisma» (11) y «Epílogo de fondo marino» (compuesto por un único poema, dedicado a la Covid 19).

Casi la mitad de Rumores de pleamar viene conformada por versos de temática amorosa. Contabilizamos casi 60 composiciones centradas en este sentimiento. Por eso —junto a la temática marina que le da obstinado marco— puede decirse que estamos ante un poemario eminentemente amoroso.

Abundan los instantes de celebración: se cantan los dones del amor, su luz, la valentía, los besos, los furiosos reencuentros, los recuerdos que perduran, la comunicación, los lugares de encuentro, el poder de la amorosa musa, la fidelidad, el cariño apasionado, el rojo fuego de la pasión, la continuidad y el ascenso a las cimas del placer, entre otros asuntos no menos importantes.

COMO UN NIÑO

Ahora que llenas mis días
como luna en la noche,
como mar de mi propia playa.

Ahora que tu sonrisa me devora
como un dulce de escaparate,
como el agua de un oasis.

Ahora que mis besos te abrazan
como hojarasca a las setas,
como oleaje a los delfines.

Deja de decir que no es bastante.
Deja de pedirte y exigirte,
Sonríe y ama… como un niño.

Las facetas menos amables del amor tienen cabida en este primer grupo: la filosa añoranza, el engaño descubierto, la búsqueda amorosa sin éxito, los olvidos, la enemistad en los amantes y su no correspondencia, la lejanía de la amada, los remordimientos, el temor durante las ausencias, el paso del tiempo sobre el amor, la falta de esperanza, la indiferencia que genera la convivencia, el silencio y las fugas del amante son aquí igualmente detalladas.

ADOQUÍN ENTRE ALGODONES

Mi libertad.
Tu silencio.
La letra de ese bolero
que no llegaste a escribir.

Comprando conchas de mar
de plenilunio vestidas,
entre nueces por barquitos,
me paré mirando al mar,
en la esquina de tu sueño,
sabiendo que a aquella cita
no acudirías jamás.

Y pensando en ti,
siento que existo
como un adoquín
entre algodones,
de oscuras sangrías,
de fe sin ilusiones.
Pero sigo pensando en ti.

Tu libertad.
Mi silencio.
Las letras que se perdieron,
amaneceres de fuego,
que te negaste a sentir.

La poeta reusense nos regala, en un segundo grupo compuesto por 21 poemas, un completo curso de estética literaria. Cómo logra Maripau expresarse y originar belleza mediante la palabra; sus técnicas y herramientas para conseguirlo, interesa no solo a quienes escriben versos, también al ávido lector en busca de autenticidad creadora. Así es, sin perder de vista su sentido didáctico, mientras fijan un personal canon —que tantos y tantos se esfuerzan por compendiar— estos poemas deleitan a cualquiera.

En la palestra son puestas las dudas y certezas generadas por el acto poético, su precisión e intensidad, sus esfuerzos y desvelos, la sencillez y la necesaria voracidad para asaltar al poema o la no menos necesaria labor de corrección y «reposo» de lo parido, a veces desde la misma desesperación; la autoflagelación al comprobar que no quedan temas originales; la escritura como salvadora navegación entre un mar poblado de arrecifes, pero también insuperable fuente de placer o puerta hacia inefables alegrías, la escritura como un proceso lleno de vida y locura, y como el arte más puro: el que no acepta amagos de embelesos e imposturas; el libro como objeto vivo y no fósil de una balda, el desánimo que generan los libros amontonados y pendientes, y la lectura como fuente de reanimación para el moribundo son incluidos en este grupo tan literario. La poeta buscando ser poema —al modo de Jaime Gil de Biedma— y un poema póstumo que encuentra su lectora soñada le dan fin.

PARA VIVIR HAY QUE SEGUIR LATIENDO

Voy recorriendo
mares por la página,
desplazando espacios
entre olas de espuma.

Voy provocando
que los fonemas vuelvan al rostro,
se atornillen a mi lápiz,
se estremezcan con mi tinta,
y se dejen dibujar,
como amapolas de un prado.

Rebosantes de luz y rojo.
Saciadoras de luz y espacio.
Dejo que las frases se acomoden,
se organicen, se apiñen en mi boca,
para dejarlas en un papel
en mis madrugadas locas.

Al tercer grupo de poemas que nos referimos lo caracteriza un tono a veces de advertencia, otras de admonición, que generan «lecciones de vida» bien aprovechables para quienes las leemos (y asumimos).

La temprana edad como época en la que se desarrollan vitales ideales; cómo hasta el más entusiasta poeta puede caer en las redes del «no futuro»; la figura paterna símbolo de una sociedad opresiva; la peor pesadilla arrinconada por un optimista despertar; la edad madura vista como descanso tras los esprints de la juventud; asumir los errores con orgullo, sin necesidad de pedir perdón; la vida estandarizada causando el hartazgo a la poeta más vehemente; encontrar el «yo» verdadero siguiendo impulsos del corazón; los sueños generados por el alcohol topan con la realidad de la resaca; la orilla de un río como escenario perfecto para reflexionar; beberse la vida a tragos, sin límite; el viaje para huir de la pena es un seguro error; la muerte de alguien querido siempre angustia y desarbola; el gusto a sal marina de las lágrimas no oculta el sabor de la derrota; un viaje arriesgado combate con eficacia el desánimo vital y creativo; el feroz individualismo como divisa de vida; un radiante verano traspasando el cansado corazón; al invierno se lo combate pensando en la playa o disfrutando de sus atracciones callejeras (y de la nieve); la noche implacable devorando el tiempo y la luna que cobija al poeta dejan paso a ese último poema del libro (trágico en su belleza) sobre la pandemia que, pese a su obligada proximidad, aleja a una pareja confinada.

Y SE LLAMÓ PANDEMIA

Varados,
como dos barcos a la deriva
perdidos en unos mares de un sur
ignoto y sin cuaderno de bitácora.

Desengañados,
por las esperas y aplazamientos,
variados y con un virus por bandera,
que no respeta anhelos.

Desalentados,
por prórrogas injustificadas
que igualmente cercenan la libertad,
de vernos, o de sentirnos.

Atados,
a un teléfono que capta latidos
pero no llegaste a dejar ver
y menos aún sentir la piel.

Como dos náufragos, 
resanando de caracolas marinas
los cascos de nuestras naves ajadas
por un día de la marmota inacabable.

El mar, la mar, como se prefiera, es el escenario principal que la autora escoge para su poemario de presentación. El novelista y poeta inglés Gilbert Keith Chesterton avisó: «La poesía es saludable porque flota holgadamente sobre un mar infinito; mientras que la razón, tratando de cruzar este mar, lo hace finito, y el resultado es el agotamiento mental». Lejos de cansarnos, un poemario tan completo como ha resultado ser este Rumores de pleamar de Maripau González nos sumerge en el océano de la gran poesía del que tanto cuesta emerger.

Rumores de pleamar

Maripau González

Letra Minúscula, 2021

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Reseña de Manu López Marañón

Portada de la reseña: Jone P. Cárdenas

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