La editorial Piezas Azules presenta el nuevo poemario de Pablo Llanos Urraca, Palabras de paso, y nos pone delante un libro lleno de savoir faire, delicadeza, celebración, amor, belleza y juego. O tal vez podamos decir más bien jugueteo, porque los poemas de esta obra constituyen, sin duda, una búsqueda iterativa de la ceremonia solemne (nunca reverencial, sino llena de alegría) de estar vivo. Y de ser padre. Y de ser un yo.
Palabras de paso, de @pallanur @piezasazules: donde la palabra, la paternidad y el yo se divierten como niños. Un libro lleno de savoir faire, delicadeza, celebración, amor, belleza y juego. O tal vez podamos decir más bien jugueteo Compartir en XY de ser múltiples, infinitas, esquivas, burlonas, juguetonas las formas del yo de este poeta que, más que empujar, desliza al lector, ya desde las primeras páginas, e incluso antes, por un tobogán de palabras engarzadas en verso y prosa poética. Engalanadas, también, con citas de numerosos autores desde Octavio Paz a Pessoa, pasando por un huidizo personaje, Joan T. Lespejo… cuya identidad se descubre sólo con una lectura real, en voz alta, y que en cierto momento afirma, revelador:
Hay que ser muy egocéntrico para que en tu biografía sólo quepa un yo. Tú puedes subir la apuesta. Muchos yoes.
Los poemas de Palabras de paso se ordenan en cuatro secciones: «Documento de identidad», «Lenguajes de paso», «Palabras de paso» y «Códigos genéticos», escrito desde semanas antes del nacimiento de la hija de Pablo Llanos, y corregido poco antes de su décimo cumpleaños, como asegura el propio poeta. Entre las cuatro, los vínculos temáticos y formales son evidentes, lo notará pronto el lector, como lo son también los ecos entre ellas. Especialmente hermoso resulta este hecho en los poemas que profundizan en el valor, uso, sentido… y sinsentido del lenguaje. Así leemos en «Lenguaje en común»:
Ojalá se pudiera salir del amor como del último día de escuela: lanzando al aire los apuntes y quemando el lenguaje en una hoguera de san juan. Me temo que no es posible.
O en «Lenguaje no verbal», donde el lenguaje se convierte en una imagen. De pronto, gracias a este truco de artificio, un poema de amor vale más que mil palabras:
Ojos caricia pupila nariz
Ceja oreja ceja otra vez
Sien parpadeos labios
Tú.
El poeta busca su poética, su lenguaje y su identidad jugando como un niño, jugando como su hija. De «Esa es mi poética»:
Escribir
y no averiguar nunca
por qué ni para qué
y aun así
escribir.
Porque, pase lo que pase, en las palabras parece estar el secreto para cambiar las cosas (y aquí ando / cambiando las cosas de sitio), para hallar algún tipo de inmortalidad, perpetuarse, ser algo más que una sombra en el devenir del mundo y de los tiempos. Y en el tú aparece, como corolario, una realidad estremecedora. La paternidad es la verdadera inmortalidad:
No tendré tiempo de escribir cuando nazcas… no te preocupes: tengo elaborado un plan… no dudaré en asegurar que mi gran novela, mi verso infinito, mi escena perfecta, mi relato esférico, mi ensayo definitivo, están ya escritos. Que la vida se abre paso y que tú serás, oh life, oh you, mi contribución al poderoso drama.
Escoltando la belleza y el juego que propone Pablo Llanos aparecen las ilustraciones de Carmen Hurtado y el certero prólogo de Jesús Aguado. Los bellos collages de aquella acompañan desde lo puramente formal la mixtura estética y temática que nos propone Llanos; el prólogo de Aguado, por su parte, anuncia lo que viene: la multiplicidad del yo, las citas como testigos de esos yoes, el papel central de Anaïs, la hija del autor, incluso en los poemas que no le son dedicados, y muy diestramente asevera «es un libro liviano en el mejor sentido: nos hace más ligeros a los demás (como niños o niñas) y nos quita muchas de esas piedras que llevaban tantos años aplastando nuestros ojos y nuestro corazón que nos habíamos olvidado de ellas».
Palabras de paso llega, sin duda, para invitarnos a jugar, pero también para conmovernos con lo efímero y lo eterno de nuestro propio ser. El ser niños. Qué paradoja deliciosa.
Palabras de paso, de @pallanur @piezasazules, llega, sin duda, para invitarnos a jugar, pero también para conmovernos con lo efímero y lo eterno de nuestro propio ser. El ser niños. Qué paradoja deliciosa. @rosaggv Compartir en X

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