Epístolas y alpiste

Epístolas y Alpiste (Chiado Editorial, 2016) es la compilación de unos poemas escritos por el autor en su juventud, allá por los años 90, donde expresa su dolor por pérdidas, amores y desamores, dirigiendo sus versos como cartas a cuyos destinatarios guardará siempre en la voz del remitente, alimentando con sus letras a un corazón joven, sensible y enamoradizo.

Leyendo los poemas de Federico Vieira es inevitable conectar con una parte de nosotros, ora en el recuerdo ora olvidada, que es nuestra alma joven, testigo de los primeros encuentros amorosos, de nuestro deseo de amar y de desear cuando apenas se tienen claros ambos conceptos en una época en la cual, personalmente, sufrí, en efecto, en mi piel el dolor, la angustia y el sueño de un amor inalcanzable. Ciertamente, muchos, en esa época, con apenas veinte años, experimentan las primeras relaciones sentimentales y sexuales. Para el autor, que cuando escribió estas letras era un chaval de veinte años, el amor es el máximo sueño, un anhelo de pasión e incluso de posesión (en el sentido más ingenuo y pueril del término), una pérdida amarga acompañada de nuevos sueños, o sea, de nuevos amores que pueden venir después de que otros se hayan marchado. En Epístolas y alpiste, el autor nos conmueve escribiendo sobre el estado de su alma, dejándonos oír los latidos de su corazón, y mentalmente nos los transmite cuando menciona en sus versos la palabra lecho para decir que su cama es demasiado ancha, vacía, sin un amor. Por otra parte, la soledad del autor solo puede ser rota por un amor, el cual, puede, al mismo tiempo, quebrar su corazón y dejarlo en la cuneta nuevamente.

Cuando somos jóvenes somos pura pasión e ímpetu, es cierto, pero también tenemos menos madurez y menor amplitud de miras, pues nuestros deseos, nuestros sueños, a menudo rozan la obsesión, a saber: la necesidad de encontrar, poseer y cuidar un amor que nos libere de nuestra esclavitud, de nuestra desolación permanente, y que dé un sentido radical a nuestra existencia. De hecho, buscar pareja es el gran impulso que nos hace sobrevivir como especie en la Tierra, pues estamos programados genéticamente para amar, y en el caso del hombre, para buscar la belleza, el amor y la compañía en una mujer. En efecto, Federico Vieira, ante la ausencia de un amor y en medio de su prácticamente eterno tormento, sueña, vive y bebe de sus sueños, visualiza unos labios perfectos, unos besos, unas manos suaves y delicadas tocándole, como imagina también el calor de unos brazos, abrazándole. En ocasiones, ese «soñar despierto» llega a quitarle un poco la angustia por la ausencia y la soledad que le quema bajo su piel. La esperanza siempre está ahí (el poeta, en ocasiones, cita las estrellas del firmamento como único consuelo en medio de la noche eterna, también un momento ideal para la inspiración), es decir, la esperanza de encontrar unos ojos que como dos pozos profundos se fijen en él, una mirada única y especial que vea más allá de su cara y que penetre finalmente en su alma joven de puro amor y de pasión. Ahora bien, soñar despierto es un arma de doble filo, porque cuando el recuerdo de un amor nos invade, podemos también sentir angustia, desesperación, soledad, y las letras de este poeta, Federico Vieira, tienen un sabor amargo y, en ocasiones, agridulce, melancólico. Su consuelo es, de nuevo, el recuerdo de un amor pasado, el cual llenará un poco el vacío existencial del momento, logrando acallar el llanto interno y silencioso del poeta. Muchas veces, cuando este joven busca incansablemente un amor ideal entre el gentío, se da cuenta de que la belleza de una mujer llega a bloquear sus  sentimientos, en el sentido de que se siente incapaz de expresarlos a la hora de la verdad, ya sea por timidez o quizá por miedo al rechazo.

Debo decir que, en ese aspecto, me siento totalmente identificado con el autor, pues en mi juventud también encontraba siempre serias dificultades para expresar mis deseos o sentimientos hacia una chica que pudiera gustarme. Mi bloqueo, mi timidez, eran siempre mi perdición, y, al igual que este apasionado poeta —y tal y como lo expresaría él mismo— seguía soñando con unos ojos, con unos labios, con una sonrisa, con una voz que me hablara, con una hermosa y curva silueta que se detuviera un instante ante mí para escuchar las locuras que a la postre jamás le diría; con una dama que tomara mis manos temblorosas para calmar mi sed e iluminar de una vez por todas mi eterna noche oscura. Eterna sed y eterna oscuridad de un amor que siempre anda por ahí perdido y que por cobardía o timidez muchos no somos capaces de encontrar. Por eso, uno siempre desea y sueña de forma permanente, a esas edades tempranas (aunque quizá no dejamos nunca de hacerlo) en unos labios que nos besan, en un cuerpo que se funde con el nuestro, ese anhelo sexual que es, en el fondo y en la forma, el auténtico motor de la vida.

Recuerdo cuando la chica más guapa del colegio pronunció mi nombre para llamarme y pedirme la hora. Fue en Madrid a finales de los años noventa. Justo en ese instante, la primera vez que esa chica se dirigía a mí, un chico tímido, fui feliz, ingenuamente feliz. Y a mi manera seguí soñando con ella convencido de que «poseerla» era un imposible, un «trofeo» solo al alcance de los líderes más carismáticos de la clase. Soñé tantas veces en un cuerpo, en unos labios, en unas manos que me hicieran sentir realmente vivo… Sufrí esa misma angustia de la ausencia, del deseo insatisfecho, sufrí en mi interior la misma soledad que transmite el autor, una soledad que solo las amistades pueden parcialmente cubrir, y es que es tan grande ese vacío, que unos no tienen más remedio que citarse ante una página en blanco y vomitar letras cargadas de sentimientos, de anhelos, de amargura, pero que al fin y al cabo forman versos y poemas que son, en sí mismos, un melancólico llanto, cuando no un canto al amor y a la belleza, donde el alma se desnuda logrando llenar ese vacío, por ejemplo, así:

 

«Quiero hablarte tanto,

pero mis labios están sellados,

y estoy entero maniatado,

por los lazos de mi timidez».

De Epístolas y alpiste

Federico Vieira Jiménez-Ontiveros

 

Y es que gracias al poder y a la magia de las palabras, la ausencia y la soledad del alma, acaban disminuyendo a pesar de todo.

 

#EpistolasyAlpiste, poemario de Federico Vieira en @ChiadoEditorial. Reseña de @XavierAlcover Share on X

 

Epístolas y alpiste es una obra que llena con sus letras, precisamente, el vacío que sentía el propio autor ante la ausencia de un amor de juventud, y que sin duda hará que te sientas identificado, recordando gracias a su inspiración, mil y un amores frustrados, otros casi ya olvidados, pero también evocando aquellos deliciosos amores pasados que alguna vez tuvimos la suerte de saborear. El resto, probablemente, es vacío y… Epístolas y Alpiste.

 

#EpítolasyAlpiste, el vacío ante el amor de juventud. #Poemas de Federico Vieira. @XavierAlcover Share on X

Sobre Federico Vieira Jiménez-Ontiveros (Sevilla 1971)

Empezó a escribir poesía cuando tenía unos 15 años, sus primeros intentos de pubertad, a los que le siguió una afición más intensa, incluso escribiendo alguna cancioncilla y algún intento de teatrillo, participando esporádicamente en algunas revistas literarias y presentándose a concursos poéticos. A los 25 años se mudó a Alcalá de Guadaíra —donde aún vive—, y allí continuó participando, además, en algunos recitales poéticos y colaborando en un par de cortos cinematográficos, aportando su voz en off en el primero y asesorando en el segundo. En el año 2014 publicó su primer libro de poesía, El silencio de la palabra, con Artgerust (autoedición), en el 2015 su segundo libro de poemas, Alma de cántaro, voz de poeta (Chiado editorial) y su primera novela, El sueño de Granada (Chiado editorial), en el 2016 la misma editorial publicó su tercer libro de poesía, Epístolas y alpiste, una recopilación de sus primeros poemas, desde prácticamente sus inicios hasta los 25-26 años. Actualmente tiene otros dos libros de poesía acabados, La voz que habita en mi pecho y Un gato bajo la lluvia, y su primera novela erótica, La primavera en Julia. Actualmente está escribiendo el poemario Locura Intransitoria y otro libro de narrativa, ya casi terminado, titulado La cocina de los mortales, que habla sobre las realidades de la cocina desde que uno empieza a tener interés por el mundo culinario, divagaciones de un amante de la cocina. En estos momentos, Federico está empezando el que, probablemente, sea el mayor de sus proyectos, que se sitúa en la Sevilla del siglo XIX, ya empezado el segundo cuarto de dicho siglo. Además de escribir, hay otras dos pasiones terrenales en su vida: la cocina y la fotografía.  Sus hijos son más que una pasión: «esa palabra se queda corta para decir todo lo que son para mí».

Epístolas y alpiste, de Federico Vieira Jiménez-Ontiveros. Poemas de amor temprano. Reseña de Javier Alcover.

 

 

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Epístolas y alpiste

  • Autor: Federico Vieira Jiménez-Ontiveros
  • Fecha de publicación: Enero 2016
  • Número de páginas: 102
  • ISBN: 978-989-51-5743-3
  • Colección: Placeres Poéticos
  • Género: Poesía

 

 

Reseña de Javier Alcover

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