Al leer Versos de los ratos perdidos tuve la sensación de que estos versos fueron creados como una forma de detener el tiempo ante la inminencia de lo inevitable.
Creo en la vida eterna en este mundo; hay momentos en los que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad.
Fiodor Dostoievski
Esta cita del novelista ruso abre, como una llave, la primera impresión que me produce Versos de los ratos perdidos, de Montserrat Abumalhan, publicado por Ediciones Búho Búcaro.
Dice con acierto la editora Pilar S. Tarduchy en el prólogo: «La poeta crea un espacio y un escenario de obra propio y vital en cada poema, forma, guion e invita a tocar esa música especial que provoca con el lector un encuentro mutuo entre dos extraños…».

No es la primera vez que me acerco a un libro de Ediciones Búho Búcaro, y vuelve a aparecer esa sensación de cuidado y de atención al texto.
Esa música a la que alude el prólogo no es una metáfora: es el ritmo en el que todo parece detenerse, creando un espacio de complicidad con el lector a través de un lenguaje de lo cotidiano.
Esa forma de conectar con el lector aparece en cada poema:
Al leer Versos de los ratos perdidos de Montserrat Abumalhan tuve la sensación de que estos versos fueron creados como una forma de detener el tiempo ante la inminencia de lo inevitable. @soniayanezcalvo Compartir en XCosas que pasan:
«La vida es una especie de olla podrida.
(Me refiero al guiso)
allí en el agua de coger,
van cayendo retazos de las cosas que tenemos a mano»
Su Poema «Diálogo» plantea uno de los temas más extendidos en el mundo de la creación: escribir desde la herida:
Me dices: Si no hay dolor, no hay versos
La autora responde a su interlocutor —con el que, en el fondo, parece coincidir—, aunque lo matiza y lo niega al mismo tiempo. El poema no nace únicamente del dolor; procede de un lugar más indescifrable. Es la vida, con sus risas y sus lágrimas, a quien mira.
Y la vida siempre es un verso
Yo no creo que el dolor sea un requisito imprescindible para la escritura. Es cierto que el arte se elige a veces como camino para sanar una herida y que, en ocasiones, se transforma en obras de gran belleza o que muestran la realidad en su forma más cruda. Pero no considero que haya un único motivo para escribir. La escritura y el arte también nacen del asombro, de la alegría, de la quietud, de la atención plena a lo que sucede, a veces incluso buscando el mero entretenimiento. Son distintas formas de escribir que pueden encajar en distintos momentos de nuestras vidas.
El poema de Javier del Prado Biezma lleva la idea de la creación atravesada por el dolor un poco más allá, casi como invocación constante de la muerte.
Poeta y soñador, suena mi lira,
y es un grito de grajo que se aloca
y gira, ciega y grita y se sofoca
en el aire de muerte que respira
Aun así, manteniendo mi desacuerdo en ese punto, recomiendo Versos de los ratos perdidos. No es tiempo perdido aquel que se detiene a mirar de frente lo que un día será sombra; tampoco lo ha sido leer este libro. Y esa idea del no-tiempo reafirma mi primera impresión, por lo que me quedo con la cita final de Emily Dickinson: «Para siempre está compuesto de ahoras»

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