A partir de una premisa eficiente y puramente noir, Vivo en la oscuridad, la última (siempre por el momento) del prolífico e imparable Víctor Claudín, arranca con un ritmo frenético que, muy pronto, llevará al lector de una voz a otra, de un diálogo a otro, de un tiempo a otro y lo dejará sin resuello frente a la resolución final. La disposición de la novela es como la del cadáver de Anabel Molino, que da inicio y motivación a la investigación policial: escénica, incluso cinematográfica, en su negro colorido —si es que tal cosa es posible— y su viveza. Y, una vez que el lector se adentre en los sórdidos recovecos de la(s) historia(s), no querrá abandonar las páginas antes de desvelar los misterios que se van acomodando en una novela múltiple, arrebatada en el ritmo y polifónica.
Vivo en la oscuridad, de @VClaudn: el lector no querrá abandonar las páginas antes de desvelar los misterios que se van acomodando en una novela múltiple, arrebatada en el ritmo y polifónica. #noir #reseña: @rosaggv Compartir en XMención especial merecen los personajes, una pródiga galería de caracteres de todo estilo y pelaje, repletos, en su mayor parte, de miserias también multiformes. A unos cuantos reales se les unen los ficticios, los principales en Vivo en la oscuridad,cuya construcción los convierte en tangibles y casi tan reales como los otros. Destacan, por supuesto, Beltrán, el escritor frustrado cuyas páginas se mezclan con las firmadas por Claudín; Adam Dudek, el manager en la ruina que rememora hazañas y chapuzas, amores y odios; el disoluto Benjamín Zero, estrella de la música en decadencia; la incalificable Anabel Molino; el solitario inspector Vázquez, devorador de libros e imposiblemente aislado de la cultura musical y que se ve paradójicamente arrastrado a ella por un caso donde nada es lo que parece…
En medio de la investigación, asistimos, sobre todo a partir de la mitad de Vivo en la oscuridad, a un ir y venir del tiempo narrativo: del presente, con el descubrimiento del cadáver y el posterior velatorio del cadáver de Anabel y las investigaciones simultáneas y sucesivas, a la última noche de la asesinada en el local Grándola, junto a todos los sospechosos. Presenciamos igualmente un juego polifónico donde se concitan el narrador omnisciente y la voz, muy poco fiable, oscilante entre la devoción más absoluta y el rencor más encarnizado, de Adam, que, a medida que le dicta a Beltrán la historia de su vida, se cubre con más y más capas de sospecha.
Vivo en la oscuridad es el regreso de Víctor Claudín al género negro que le resulta tan querido, con un descenso a los infiernos de la industria musical, de los sótanos más sórdidos de los locales de moda y de los tejemanejes del espectáculo. Un negocio que el autor conoce personalmente, también en sus puntos más oscuros. Y, sin embargo, no abandona eso que hace tiempo dimos en llamar «marca Claudín» y que la novela negra le pone, también, en bandeja: la crítica social de un mundo lleno de contrastes, de paradojas y de absurdos, donde se dan la mano el lujo y la más profunda mezquindad. Y donde campan a sus anchas el arribismo, el interés, el ego, las dobles y triples intenciones, el sexo… pero, sobre todo, el poder a costa de todo y de todos.
Vivo en la oscuridad es el regreso de @VClaudn al #géneronegro que le resulta tan querido, con un descenso a los infiernos de la industria musical. #Reseña: @rosaggv Compartir en X

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