Juan Boscán, nacido en Barcelona en 1487 y fallecido en 1542, fue un poeta del Renacimiento, formado desde jovencito en la corte de los Reyes Católicos bajo los auspicios del humanista italiano Lucio Marineo Sículo. Luego formaría parte de las milicias españolas y peleó en diversas batallas, tanto en Italia como en Flandes, durante el reinado de Carlos I de España y V de Alemania.

Juan Boscán fue conocido por introducir en lengua castellana, junto a Garcilaso de la Vega, el verso endecasílabo, más fluido que el dodecasílabo que se venía escribiendo hasta entonces en nuestro país. (Igualmente introdujo el soneto, el terceto y la octava real). La poesía castellana quedó así enriquecida con nuevos versos, estrofas, temas, tonos y recursos expresivos.

Fue un hábil helenista y latinista. En su obra se trasluce la huella de Horacio, Virgilio, Ovidio, Museo el Gramático e incluso, Eurípides.

También hay que destacar de él que era hombre de honor, pues habiendo muerto Garcilaso de la Vega sin publicar su obra, Boscán la editó como apéndice de la suya propia, llegando a ser más famoso su compañero de armas que él. Tal era la amistad y fidelidad de aquellos hombres que luchaban codo con codo, casi a diario, y sabían del valor de la amistad y compañerismo en tales circunstancias.

Juan Boscán fue conocido por introducir en lengua castellana, junto a Garcilaso de la Vega, el verso endecasílabo. La poesía castellana quedó así enriquecida con nuevos versos, estrofas, temas, tonos y recursos expresivos. Share on X

Obra de Juan Boscán

Juan Boscán no fue demasiado prolífico. Encontramos en su haber bastantes sonetos y canciones, y a lo que sí dedicó tiempo de su vida fue a la traducción, sobre todo a la de Los cuatro libros del Cortesano, compuestos en italiano por el Conde Baltasar de Castellón.

Juan Boscán (Poemas)

Soneto CXI

Soy como aquel que vive en el desierto,

del mundo y de sus cosas olvidado,

y a descuido veis donde le ha llegado

un gran amigo, al cual tuvo por muerto.

 

Teme luego de un caso tan incierto,

pero, después que bien se ha asegurado,

comienza a holgar pensando en lo pasado,

con nuevos sentimientos muy despiertos.

 

Mas cuando ya este amigo se le parte,

al cual partirse presto le conviene,

la soledad empieza a selle nueva,

 

con las hierbas del monte no se aviene,

para el yermo le falta toda el arte

y tiembla cada vez que entra en la cueva.

 

Canción V

¿Qué haré que por quereros

mis extremos son tan claros,

que ni soy para miraros,

ni puedo dejar de veros?

 

Yo no sé con vuestra ausencia

un punto vivir ausente,

ni puedo sufrir presente,

señora, tan gran presencia.

 

De suerte que por quereros,

mis extremos son tan claros,

que ni soy para miraros,

ni puedo dejar de veros.

 

Como podemos comprobar, en estos dos poemas conjuga la esencia de su aporte a la literatura castellana: El primero es un soneto de versos endecasílabos. Rima consonante, pues riman vocales y consonantes a partir de la última vocal acentuada. Las estrofas están formadas por dos cuartetos, ABBA, o sea, 1º con 4º  y 2º con 3º, y dos tercetos encadenados.

La canción es una redondilla, en octosílabos, que riman igual que las dos primeras estrofas del soneto abba, pero en este caso son versos de arte menor, de ahí que se anuncien con letras minúsculas.

El cómputo silábico es perfecto en ambos casos. Boscán aplicó las sinalefas que se dan cuando una palabra acaba en vocal y la siguiente también empieza por vocal, y así la última sílaba se une a la primera siguiente, formando una sola.

Curiosamente todos los versos de ambos poemas acaban en palabras llanas, con lo cual no se vio obligado a contar una sílaba más si fuera aguda o una menos si esdrújula.

Es de justicia decir que tanto el soneto como los versos endecasílabos y octosílabos son los únicos de aquella época que siguen estando en vigor en España a día de la fecha.

 

Bien, pues hasta aquí el artículo dedicado a quien, al publicar la obra de su amigo, de forma póstuma, dio fama a aquel, quedándose él a su rezaga. Si bien no conoció esta paradoja, pues falleció mientras preparaba la edición, y fue su esposa quien la concluyó.

 

A Juan Boscán le debemos la publicación y posterior descubrimiento de la obra de Garcilaso. Boscán, sin saberlo, sacrificó su lugar en la posteridad en favor de su compañero de armas y letras. #JoséMaríaGarcíaPlata, poeta. Share on X

 

 

Un artículo de José María García Plata

 

 

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