Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981), autor de Cuaderno del que calla, ha publicado también los siguientes poemarios: Variadas posiciones del amante (2006, Premio de Poesía Félix Grande), Tras la puerta tapiada (2009, Premio Hiperión), Obligación (Polibea, 2013), Tacha (Renacimiento, 2018), Los cuadernos del frío (BajAmar, 2021) y Fábula del fragmento (Balduque, 2023). Con No (Pre-Textos, 2021) ha ganado el 1º Certamen de Poesía Francisco Brines. Este doctor en Literatura Comparada y docente es colaborador habitual de varias revistas literarias (Mirlo, Anáfora, Quimera, Paraíso, Estación Poesía, Turia, Piedra del molino, etc.), así como de Cadena SER Henares, donde cada miércoles se ocupa de la columna cultural A pie de página. Desde 2014 hasta 2018 organizó el Ciclo de Poesía del Corral de Comedias de Alcalá de Henares y en la actualidad dirige la colección de poesía De la luz, piedra y espejo: Poesía en el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá (UAH).

Llegamos al meridiano de la X edición de Poemarios para un verano sin crímenes con Cuaderno del que calla. Sesenta y nueve poemas conforman este libro que se presenta dividido en cinco partes: «De un cuaderno sin luz», «Parafernalia», «De un cuaderno sin frutos», «De un cuaderno cerrado», y «Tumbado».

Llegamos al meridiano de la X edición de Poemarios para un verano sin crímenes con Cuaderno del que calla, de Francisco J. Martínez Morán, poemario duro, bello y de urgente lectura. Una sección de Manu López Marañón. Compartir en X

Debido a una mayoría de poemas referidos a la vida del autor (hasta treinta y dos), podría definirse al —hasta ahora— último poemario de Francisco José Martínez como una doliente y hermosísima obra de calado autobiográfico en la que la fragilidad humana queda expuesta como inevitable atributo de la sensibilidad. Sus palabras, en efecto, avisan (a algunos nos lo recuerdan) cómo somos el resultado de una suma de heridas destinadas a convertirse, pocas veces, en luz, o, por desgracia más habitual, en un viviente desencanto. Los versos de este libro atestiguan la soledad y la herida de su creador —y dejan entrever que un calculado silencio puede ser la mejor ruta a seguir…

Un nutrido grupo de composiciones ajusta cuentas con la personalidad del autor. A calzón quitado, desde una sinceridad que resulta conmovedora, el poeta (utilizando la segunda persona para no pocos versos, la prosa poética en bastantes ocasiones) se desnuda ante los lectores con una intención catártica que sus despellejados versos visibilizan. El poco complaciente autorretrato, conformado desde esta lírica sin concesiones, abarca: su gusto por la mentira [27]; los tonos monocordes de su queja [28]; la casi nula duración de sus afanes [29]; su inmutable yo, del que es imposible huir [30]; el sentirse perdido ante la vida y la debilísima resistencia planteada ante su cotidiano tráfago [31] y [32]; percibir cómo nadie lo espera [33]; una conciencia de la destrucción que empieza por la suya propia [35]; el lamento sin posibilidad de expansión [36]; su sensación de llegar siempre tarde a los sitios y de usar un lenguaje que es solo ya apariencia [37]; una radical falta de comprensión ante el mundo actual [38]; su pensar, convertido en aterradora actividad [39]; mantener el tipo ante la ruina que es la resabida vida [40]; nacer sintiendo a la muerte en los talones [41]; desconfiar de los regresos [42]; el insomnio como apéndice de su culpa [44]; la radical soledad a la que le conduce el dolor [46], y la fusión de su cuerpo con esa larva invasora que acaba confundiéndose con él [47].

[30]

AHORA, no más tarde;

no amplíes más el círculo,

no trates de escapar,

no alientes sin razón la conjetura:

porque eres tú quien siempre

va a esperarte, callado, al fondo del espejo del pasillo.

[33]

COMO si la realidad nos esperase: así entramos, por inercia y errónea educación, en todo lugar y tiempo. Como si no fuésemos huérfanos y ajenos, como si perteneciésemos y fuéramos pertenecidos.

[40]

SE trata, al fin y al cabo, de sostenerse ante el desgaste. Las suelas pisan tablones quebradizos, no hay viga que soporte a estas alturas el hartazgo de haber presenciado, sea en una u otra versión, lo suficiente y más de lo suficiente.

INTEMPERIE [46]

NI aquí ni en ningún sitio vale nada

tu dolor: es inútil, nos molesta.

Debes dejarlo fuera, con los perros.

Tres poemas palían el grado de desesperación transmitido desde la intimidad personal. Son: el regalo de la música, que siempre queda [34], el amor que al poeta ofrenda su pareja [43], y la silenciosa felicidad que regala la lectura [54].

RECONOZCO [43]

                                                                                              Para Marina

RECONOZCO el sendero: cuántas veces

amaneció y la luz

primera me rozó por estos campos;

cuántas veces busqué

el camino de vuelta entre la broza,

en cuántas ocasiones

me supe ya perdido y fue tu mano

la que me devolvió a casa por praderas siempre verdes.

Sin traspasar la frontera de su experiencia, un racimo de composiciones abarca la poética del autor. Conviene recordar ahora cómo comunicar una emoción —no transmitir un pensamiento, sino dejar en la sensibilidad del lector una especie de vibración que corresponda con la que siente el escritor— es la función de la poesía. Con esta finalidad, nuestro poeta nos habla de la insalvable distancia entre el recuerdo y su concreción para poetizarlo [50]; de su desorientada voz, desangrándose como justificación de una vida [51]; de asumir la ruina como en su día la cantó Gil de Biedma [53], de cómo el incendio de un cielo crepuscular inflama el estro [55], de la obligatoriedad de encajar la mirada en las sombras del suelo terrenal [57], de convocar a la Musa para ser acompañado por ella durante el viaje creativo [60], y de cómo el ilimitado ansia creador del poeta es llevado por los pájaros a los territorios de luz [66].

POÉTICA DE GUERRA [51]

DESARMADO y ausente,

necio y sin sepultura:

repítete en los nombres del silencio,

vuelve al cuaderno en blanco, desángrate de voz sobre sus folios.

AVES [66]

HAS querido fijar, por un instante,

tus ojos en el líquido vislumbre

de lo eterno; has querido concederle

a la mirada un ámbito sin límites

y a la palabra, un don

que solo le podría ser negado.

Vuelven a alzar el vuelo

las aves y es de noche en todos los parajes de la luz.

Tras dejar expuesta una personalidad tan dolorida como compleja, el vate madrileño consagra diecisiete poemas de su Cuaderno del que no calla a poetizar la desigual pelea contra la vida; a referir, de nuevo desde el verso y la prosa, unos esfuerzos agotadores dilapidados en este duro batallar casi siempre sin recompensa. Así, la llegada del invierno opaca estaciones favorecedoras de sensaciones visuales y táctiles [3]; la noche termina con cualquier grado de pureza logrado durante el día [4]; el inevitable envejecimiento barre al afán de eterna juventud [5]; el grito de satisfacción encuentra pronto al eco de su vacío [6]; la muerte arrollando las sesudas reflexiones sobre ella [8]; la inutilidad de la escritura, que conduce a la silenciosa sima de la existencia [9]; los oscuros afanes del alma [10]; la pérdida de tiempo que supone enfrentarse a la masa, siempre banal [11]; constata cómo el reino de lo zafio aniquila cualquier amago de pureza [16]; la existencia imponiendo su férrea ley a la voluntad propia [17] con su estrechez y oscuridad [18]; los libros no regalados a la persona querida son vistos como palabras que el aire se lleva [21]; los desengaños conduciendo a la inapelable certeza de nuestros errores [22]; la imagen de la amada convertida en silencio [23]; la pareja condenada a los seguros fantasmas del futuro [25]; la decepción apagando cualquier posibilidad de brillo [45], y el destierro, más duro cuanto más nos aleja de nuestro entorno [67].

[5]

CUÁNTO te gustaría que lo roto

ya no formase parte de quien eres,

que no fuera tu sangre y tu osamenta,

que no constituyese

el único sentido de tus años.

[6]

ENTONO un aleluya limpio y claro, tan sincero como puede serlo una interjección humana. Y retumba el vacío, y el vacío me devuelve su eco helado.

VOSOTROS, YO, VACÍO [11]

OS reconozco a todos: yo ya he visto

vuestras caras mil veces,

en cientos de lugares;

sois, sucesivamente,

una misma persona y sus versiones,

apenas distinguibles entre sí.

Qué poco tardaréis en olvidarme,

qué pronto seré solo una promesa

alzada al aire hueco

de la banalidad.

Nueve poemas ofrecen un urgente alivio para unas heridas que, tras este desigual combate contra la implacable vida, es necesario intentar cicatrizar. Para Félix de Azúa, «la poesía cura las heridas producidas por la razón», y para Basilio Sánchez, «el poema es sólo la herida que se recuerda». Los remedios convocados por el autor en busca de su eficacia curativa serían: la eterna luz que emana de una pareja [1]; el reino de las pasiones, encabezadas por el amor [2]; la perplejidad que todavía nos sorprende desde la consuetudinaria rue [7]; el calor e ingravidez de la luz hogareña [12]; el encamamiento del tumbao decidido a enterrarse en vida [13], pero, también, desde esas sabanas sudadas, su certeza de cómo la vida está en otra parte [15]; las casualidades aliándose para impedir que nuestra vida termine [14]; el apoyo ofrecido en libros y discos aún sin contaminar por manos ajenas [19]; solazarse en recuerdos de independencia personal [20]; apoyarse en la certera intuición femenina [24]; olvidar a la ex convirtiéndola en esa oscuridad acertadamente rebautizada por el poeta de Cuaderno del que calla como despresencia [26]; la amistad, definida como «país siempre abierto donde no se concibe el pálido recorte de la amargura» [61];  hallar calor y vida en los dones del hogar [62]; y la casa de la infancia proyectando sus imborrables imágenes sobre el olvido que acarrea el paso del tiempo [64].

FINALES DE DICIEMBRE [12]

SIGUE nevando afuera y, poco a poco,

los vidrios de las tapias se han cubierto

de blancura silente.

Dentro, madera y sombra, luz sin peso.

PARAFERNALIA I [19]

CANCIONES que no sean para ti.

Libros que no se lean con tu voz. Días en los que, al fin, ya no te piense.

PARAFERNALIA II [26]

ME propongo el olvido,

intento practicar por vez primera,

la despresencia. Borro

las canciones, los cuadros y las luces.

Elimino tu imagen, voy cegando las ventanas de ti en cada pared.

Cinco poemas más relajan las zozobras existenciales que parecían destinadas a tumbarnos. Fijándose en la naturaleza, el poeta ofrece sugerentes pautas de supervivencia: así, el trino de un mirlo queda convertido en heraldo de buenos presagios [52]; bajo la sombra de una higuera encuentra amparo [56]; una primavera aparece dispuesta a fundir el hielo petrificado en sus labios [63]; el desierto convertido en escaparate de la esterilidad [65], y el río Tormes, con sus aguas sin contaminar, acoge a una eternidad que alza sus alas [68].

APUNTE, A LA MANERA DE FRAY LUIS [68]

HERIDO en luz de piedra corre el Tormes:

nada enturbia el cristal de su andamiaje;

la eternidad remonta

un punto más allá,

al final de la escala, siempre en vuelo.

Y entre las batallas perdidas y los esfuerzos para seguir en pie, cuatro poemas congelan el paso del tiempo y se preguntan por el futuro: una estampa de inmovilidad sigue los patrones del pintor Edward Hopper [48]; la tramoya del decorado desvela la mentira de la artificialidad [49]. Y el padre, cuya mirada permanece fijada en las lágrimas del hijo el primer día de clase [58] yqueruega luego, a su hija, no tener prisa para ingresar en la edad adulta [59].

PRIMER DÍA DE COLE [58]

POR vez primera, y pronto serán tantas

como días te quedan en el mundo,

suelto tu mano y dejo

que te unas a la fila.

Te giras un segundo,

contienes el puchero:

aprenderás, sin duda, el ademán

con la práctica frecuente del abismo.

Es algo que no deja de entrenarse

a fuerza de derrota y desengaño.

La última parte de Cuaderno del que calla, «Tumbado»,está formada por un único y largo poema de igual título: Tumbado [69]. Desarrolla un tema ya apuntado en Bucle [13]: versificar la vida de los tumbaos desde el empático homenaje a todas aquellos que un día deciden no salir más de su cama (y que durante tanto tiempo tuvieron en el excepcional novelista uruguayo Juan Carlos Onetti a su más ilustre compañero de armas; en los versos que he seleccionado de «Tumbado» encuentro ecos de la voz narradora de El pozo).

TUMBADO [69]

[…]

Yo solo leo, pero siempre el mismo libro.

Vivo en la muchedumbre solitaria.

No anhelo compartir nada con nadie;

porque nada poseo más allá

de este tendido tacto sin minutos

y nadie me posee más aquí

de la sábana herida por la luz.

[…]

El propósito de Francisco José Martínez Morán en Cuaderno del que calla es dejarnos una poesía regida por la desesperanza que le provocan su propia persona y el mundo que le ha tocado padecer. Aun así, estos versos profundamente humanos ofrecen, también, propuestas para saltar de heroica manera sobre el aterrador abismo abierto ante la inteligencia y la sensibilidad y, de paso, ensanchar los horizontes del arte y la vida.

Este poemario es tan duro y bello como urgente su lectura. No tarden en hacerse con él.

Cuaderno del que calla

Francisco José Martínez Morán

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Poemarios para un verano sin crímenes es una sección dirigida por Manu López Marañón

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