El juego de las permutaciones de José Luis Morales (Fernán Caballero, Ciudad Real, 1955) está incluido en un amplio conjunto de poemarios suyos entre los que destacamos: El aroma del tacto (Premio Nacional José Hierro, 1999); el viento entre las ruinas (Premio Internacional Miguel Hernández, 2009); Gracias por su visita (Premio Internacional Antonio Machado en Baeza, 2016), y Los otros (Premio Internacional León Felipe, 2021). Este Licenciado en Filosofía y Letras que ha ejercido el periodismo, la investigación geográfica y la docencia, ha publicado, además, Cuentos de niños para viejos tristes y el libro de viajes El bierzo y las tierras de Babia. Algunos de sus poemas han aparecido seleccionados en diversas antologías, tanto de España como de Hispanoamérica.
Continua esta sobresaliente X Edición de Poemarios para un verano sin crímenes, con otra de las maravillosas plaquettes que con fino ojo poético y esmero editorial publica El Búho Búcaro. Por MoonMagazine, en anteriores estíos, han pasado ya varios autores de esta escudería lírica de referencia: Oskar Rodrigáñez Flores (con su poemario Barro líquido), Pilar Sastre Tarduchy (con Tacto invidente) y Javier del Prado Biezma (con Elegía abierta). Este año es el turno del gran José Luis Morales.
Los lectores de El juego de las permutaciones corroboramos cómo el poeta Juan Gil-Albert no erró cuando avisó que «la poesía no es el sustento de la vida, es su consustancialidad». Y que también acertó Jaime Gil de Biedma al afirmar que «la poesía me parece una tentativa, entre otras muchas, por hacer nuestra vida un poco más inteligible, un poco más humana». Buscar y encontrar íntimos soportes para lo cotidiano, y desde una humanidad militante hacerlos inteligibles, es lo que consigue este eminente poeta que es José Luis Morales.
Cuatro poemas del vate ciudadrealeño, pensamos que a modo de introito, abren su breve e intensísimo libro. Tienen en común reflexionar sobre la creación poética y el arte de hacer versos. El poema que da título al libro, «El juego de las permutaciones» [1], valora en su justa medida la importancia que tienen las lecturas a la hora de ponerse a escribir; «Estos versos» [2] explica cómo, en su camino por encontrar la dormida memoria del tacto, el poeta depura su poesía de toda viruta verbal, y en «Laberinto de las identidades» [3] reconoce cómo es muchas y diferentes personas (el niño, el amante colmado, el amante rechazado o el bebedor solitario) a la hora de escribir, pero que a ninguna en concreto puede dar la autoría de sus versos. Por último «Inevitablemente, los recuerdos» [4] es una brutal desmitificación de los recuerdos y su, falso, poder evocador. No se tienen recuerdos, solo ausencias.
EL JUEGO DE LAS PERMUTACIONES [1]
Un poeta no es siempre lo que escribe.
Lo que escribe un poeta es siempre lo que lee.
Un poeta que lee siempre escribe.
Un poeta que escribe, ¿siempre lee?
Un poeta no siempre es lo que lee.
El que lee y escribe ¿ya es poeta?
Lo que escribe un poeta no siempre se lo leen.
A veces los que leen son poetas
y otras veces tan solo se lo creen.
Hay poetas a los que nadie lee
y poetas que ya casi no leen.
El que escribe y no lee,
si tampoco lo leen
¿de qué se queja?
El juego de las permutaciones viene dividido en cuatro partes. Por la nitidez temática y concisión de cada una de ellas, alguna vez pasa, reseñamos respetando el orden:
I. DEL AMOR
Dos poemas celebran esta pasión: «Esclavo de un recuerdo» [5] canta lo insuperable del culmen amoroso, y, desde el carpe diem, «Recordatorio de una muerte inútil» [6] recomienda disfrutar sin tasa los momentos de apogeo corporal. Cuatro composiciones más vienen centradas en la figura de la amada: «Pionera» [7] nos la muestra convertida, desde la veneración del poeta, en una estatua de mármol que sustituye a Dios ventajosamente; «Los dialectos del tacto» [8] y «Llegar a ti» [10] avisan de cómo tocar a la amada aventaja cualquier esfuerzo hecho desde la palabra poética. Por último, «El anillo» [9] desprecia el valor de una joya, por muy cara que sea, porque lo único que realmente vale es el dedo de la amada mientras la portó.
EL ANILLO [9]
No es amor, no es lealtad, es frío solo
el diamante.
Se compra, se regala,
se roba: es un objeto.
El único valor
de este anillo, es la huella
que tú pusiste dentro
del metal, la silueta
de tu dedo, el desgaste
del oro: aquellos años
que vivimos los dos
perteneciéndonos.
II. DE LA CASA
A las diferentes personas que protagonizan esta parte del poemario se las encierra en hogareñas habitaciones para, desde ellas, poetizar sus comportamientos desde un fino análisis. Tres composiciones inciden en la figura paterna: «Paredes maestras» [11] retrata la incomunicación entre un padre y un hijo, separados por las sólidas paredes de sus estancias, «Tú» [12] recoge el dolor sentido por la pérdida de un padre a la hora de volver a la casa donde vivió y reencontrar objetos banales suyos, como un paraguas, que le perduraron, y «El pozo» [13] rememora al padre desde la visión de un bello jardín herido de muerte por su ausencia pero, al mismo tiempo, capaz de insuflar vida. «C/ Cervantes Nº 6» [14] muestra ahora una casa regida por inquebrantables rutinas que son fiel reflejo de la triste vida de su dueño. «Alcoba entre dos luces» [15] disecciona a dos amantes cansados de su vida doméstica que asumen cómo todos los días serán ya el mismo, que no habrá fines de semana para ellos. «Tarde de domingo en el estudio» [16] se regodea en la esforzada creación literaria del poeta mientras la vida pasa y su familia juega y crece sin él. Y en «Visión tuya dormida» [17] el poeta contempla, desde su dormitorio conyugal, a su amada; pese al desgaste por el paso del tiempo siente su pasión por ella con igual fuerza que cuando la veía desnuda de joven.
C/ CERVANTES Nº 6 [14]
Para Santos F. Arévalo.
En esta casa interminable siempre
parece lunes: suena
pronto el despertador, la ducha azota
los párpados, el pan
tostado quema
y el café está frío.
¿Será porque está viva,
pese a su edad?
¿Será
porque las casas son —como el poema mismo—
máscara y cárcel de quien las construye,
rostro y espejo de quien las habita?
III. DE LA VIDA GASTÁNDOSE
Consciente de su finitud, el poeta asume el paso del tiempo sobre su persona y ello le permite crear un grupo de composiciones para flagelarse de forma inclemente. «Recomendaciones de un espejo» [18] son pautas que recibe de sí mismo para dejar de creerse tan especial y huir de la depresión; «La vida» [19] lo muestra buscando temas para sus versos y recibiendo, a cambio, un vulgar mensaje escrito en una servilleta; en «Amputación» [20] el poeta sale de un quirófano y la luz que lo invade, aun espabilándose de la anestesia, supone un reinicio de camino; un camino que lo lleva a su casa en «Marquesina» [21], donde se siente un extraño porque ni su perro lo reconoce. «Mansedumbre» [22] enseña que superar las intemperies de la juventud genera alivio pero, al mismo tiempo, incisivas añoranzas de aquella época con el mundo por delante; y en «Olvido» [23] el poeta elige cómo recibir a su propia muerte: sonriendo con elegancia y sin molestar a nadie.
LA VIDA [19]
Para hablar de la vida
y no decir lo mismo
que poetas más viejos —o más sabios—
que yo, ni repetir metáforas
de aceptación pretérita, me he visto
obligado a buscar
una imagen que nada
tenga que ver con ríos, ni con valles
de lágrimas, caminos,
ilusiones o sueños.
Y así he llegado
a una terrible conclusión: la vida
es esa servilleta
de papel que te aguarda
en el dispensador de las tabernas,
y en la que solo pone:
Gracias por su visita.
IV. DEL HOMBRE Y DEL POETA QUE SE ALEJAN
Los poemas de la última parte del libro dejan testimonio del agotamiento creativo del poeta y de su decisión de abandonar la escritura, labor que encuentra ya desabrida, muy alejada de aquellos entusiasmos que lo llevaron a volcar su talento sobre el papel. «El bucle» [25] es una confesión sobre cómo huir hacia atrás no lleva a ninguna parte: el poeta solo halla paz cuando pisa camino conocido. En «El pintor de ríos» [26], un río a la vez frontera y camino, un río que es metáfora de huida hacia la libertad, se convierte en obsesivo tema de un pintor al que poco cuesta identificar con el poeta, el mismo que en «Estrellas» [27] reconoce cómo hasta los luceros que guiaron su vida tienen las horas contadas. «Café con lluvia» [28] lo muestra escribiendo su enésimo poema y sintiendo el disgusto que le generan las palabras y los verbos: la decisión está tomada: le pone el capuchón a la pluma y la deja en la mesa. Y «En el último poema» [29], a la hora de cerrar el cuaderno, confía en que alguno de sus versos aún puedan palpitar y perdurar.
EL ÚLTIMO POEMA [29]
Ha llegado el final.
Lo nota cada vez que coge lápiz
y papel: las imágenes
—día a día más turbias, menos vividas—
están fundiendo a negro.
Tal vez en algún verso del pasado,
en alguna palabra resistente,
palpite aún su voz o su mirada.
El hombre está tranquilo.
Escribió su verdad. Ahora es tiempo
de callar. Así pues,
endereza la espalda,
pone un poco de orden
en la mesa atestada de papeles,
guarda la pluma, cierra
el cuaderno y se va.
La claridad (las más de las veces dramática, pocas veces optimista, menos jubilosa) que vertebra este poemario esencial nunca vira hacia la melancolía. José Luis Morales rebusca entre sus heridas para suturarlas, neutralizarlas, pero siempre desde el remedio de la palabra, tan poética como entendible. Una palabra que primero avisa y luego cura, ofreciendo no pocas pautas para la supervivencia en un mundo inhóspito.
El juego de las permutaciones confirmará —y con creces— a quienes ya han leído a José Luis Morales que estamos ante una poderosísima voz poética, una de esas voces que por su intensidad y originalidad honran la literatura de un país.
El juego de las permutaciones confirmará — y con creces— a quienes ya han leído a José Luis Morales que estamos ante una poderosísima voz poética, una de esas voces que por su intensidad y originalidad honran la literatura de un país. Compartir en XPara quienes, gracias a Búho Búcaro, acabamos de descubrir a este vate de Ciudad Real desde el asombro comprobamos, aliviados, que por una vez los premios poéticos tienen su razón de ser cuando los ganan genios como el que hemos leído. No dejen pasar la poesía de José Luis Morales. Aquí abajo les indico cómo hacerse con su último poemario. Nadie va a arrepentirse de pedirlo:

El juego de las permutaciones
José Luis Morales
Ediciones El Búho Búcaro:
https://www.facebook.com/EdicionesBuhobucaropoesia
Email editor: oskimak@msn.com
Poemarios para un verano sin crímenes es una sección dirigida por Manu López Marañón
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