Ana Yela (Guadalajara, 1980), autora del poemario Con la lengua imparable, su opera prima, es licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Su relato «Un inmenso cielo negro» forma parte de la obra NPG’22 Nueva Prosa de Guadalajara, y en 2024 resulta ganadora, con «Síndrome de Konser-Kaus», del IX Concurso de Relatos Breves de Cabanillas del Campo. De temprana vocación escritora (a los dieciséis años ganó el tercer premio del V Concurso Ciudad de Guadalajara), recita sus versos en eventos culturales, festivales poéticos y ferias del libro. Su pasión por el formato «microabierto» le ha llevado a frecuentar tablas tan relevantes como el Café Libertad 8 de Madrid. Esta escritora alcarreña compagina su amor por las letras con una vida laboral dedicada a la intervención social con los colectivos más vulnerables.

La X edición de Poemarios para un verano sin crímenes encara su recta final con este memorable libro de poemas conformado por cincuenta composiciones. Dividido en un prefacio y cinco partes, el amor tiene gran protagonismo en él por dedicarse mayoritariamente a ese sentimiento (que, más que el dinero —dicen— mueve al mundo).

La X edición de Poemarios para un verano sin crímenes encara su recta final con memorable libro de poemas Con la lengua imparable, de Ana Yela Muñoz. Loto Azul (2024) Compartir en X

El poeta gaditano Jenaro Talens ha escrito: «Toda poesía es poesía de amor. Pero no como planteamiento romántico convencional, sino como un impulso de deseo hacia la alteridad». Y en una obra de temática amorosa tan principal como Con la lengua imparable, de perceptible romanticismo, encontramos esa condición de ser otro, el amado, con el que fundirse feliz.

«Todo hombre es poeta cuando está enamorado», dijo Platón, y la poeta Ana Yela muestra con eficaz talento sus múltiples caras bajo el influjo de ese poderoso estado tan vulnerable, no obstante, al paso del tiempo. Muchos versos de Con la lengua imparable llevan al amor a su paroxismo; en estas composiciones hay mucho de locura, creada y dosificada por esas manos, sensibles y firmes a la vez, que muestra tener nuestra autora. En unos cuantos poemas, sin embargo, ella eterniza las ruinas del tiempo desgastado que dispone el desamor. Es un necesario contrapeso para que su poemario respire verdad.

Arrancamos con esta temática principal del libro. En tres de ellas (la primera, segunda y tercera) el amor es protagonista absoluto. Luego nos ocuparnos del resto  del libro (su cuarta y quinta parte y el prefacio).

I. OASIS DE DELIRIOS canta a la pareja, en el culmen de su perfección. Trece composiciones de Con la lengua imparable están centradas en unos versos, casi siempre jubilosos, que dejan constancia, en primera persona, de cómo la poeta encara y disfruta de esta pasión gozada a plenitud con su afortunado amado. Así, sin sombras de pausa o desfallecimiento con él al llegar el momento de enriquecedores silencios [5]; al encontrarse y darse [6]; en ese inicio de relación para el que nunca es tarde [7]; al percibir la complementariedad con el amado, tanto física como espiritual [8]; compartiendo una risa capaz de detener una guerra [9]; cuando la poeta declara su fidelidad al amado, mantenida hasta el momento de subir a la barca de Caronte [10]; en sus regresos, que generan apasionados encuentros de casi religioso voltaje [11]; cuando la perfección del amor solo limita en el último cabello del amado [12], y al dejar la poeta su egoísmo de lado para compartir íntimamente con su pareja su vida entera [13].

ASÍ TE QUIERO [13]

No te quiero para mí,

que te quiero conmigo.

Para ocupar mis rincones.

Para llenar mi vacío.

Para regar tu cosecha.

Para escanciarme en tu vino.

No te quiero para mí,

que te quiero conmigo.

En un abrazo que no asfixia.

En un pecado consentido.

En un pasado con futuro.

En un presente continuo.

II. DESATADOS evalúa poéticamente al amor en sus múltiples caras saliendo victorioso de once escudriñamientos: nos encontramos aquí ante la celebración –sin fisuras, plena– del sentimiento. En [14] hace libre a la pareja; [15] convierte al amor en una continua ofrenda entre dar y recibir; en [16] es una guitarra de la que emanan las más bellas notas; [17] lo identifica con la poesía que no sigue rimas ni métricas: amor es la libertad absoluta del verso libre; [18] exalta sus encantos físicos; [19] recomienda el ayuno carnal en la espera para gozar así sin límite en los amorosos reencuentros; [20] muestra la fusión de los cuerpos en una tórrida siesta; [21] establece un paralelismo entre un redoble de tambor y una erupción volcánica cuando llega a su momento culmen; en [22], favorecido el amor por la diestra habilidad del amado, se llega a esa «pequeña muerte» inefable; [23] lo muestra como «el amor que no se atreve a decir su nombre» por temor a que nombrarlo suponga su desvanecimiento, y en [24] el amor reconoce ser, otra vez, como la poesía: ahora algunas veces rimada, otras verso libre, según se dé.

MAGMA [21]

Redoble de tambores.

Enrojece el manto

con olor a tierra mojada.

Redoble de tambores.

Se estremecen los árboles

ante un horizonte que se pliega.

Redoble de tambores.

Profundas grietas profetizan

el líquido fluir del magma.

Revientan los tambores.

Rugen en la garganta

del cono que desborda

el éxtasis de tu volcán

y el mar ardiente

de entre mis piernas.

III. HORAS BAJAS se ocupa de los peligros e impedimentos del amor. El amor puede presentar la doble cara del éxtasis y la maldad [25]. En [26] la pasión de la pareja, parasitada por un metafórico cefalópodo, renace a través de abrazos. [27] muestra al diablo tentando a la poeta, pero ella lo hace huir y en [30] su querencia al infierno se difumina ante el primer beso del amado. En [28], con el Parnaso a sus pies, la poeta reconoce su soledad y la necesidad de ser salvada por alguien, y en [29] la soledad es una desvanecida pesadilla al encontrar al otro lado de su cama al amado. [31] recomienda una vida armónica, sin orgullo ni reproches, para evitar riesgos de ruptura. En [32] negros presagios y aullidos de impotencia se ciernen sobre un presente con bozal que impide hasta el grito, y en [33] el rencor se ha adueñado de la pareja y solo repartir a medias el dolor puede con él. [34] muestra a la poeta, pasado el tiempo de la pasión y llegado el desencanto, sacando fuerzas de flaqueza para apostar por su pareja, y en [35], consumada la irremediable separación, que las reacciones de la pareja sean idénticas ayuda a una reconciliación… Y es que como se lee en [36], al final un beso se impone a cualquier ruptura.

AULLIDOS AHOGADOS [32]

¿Y qué hago yo con estos cristales?

Con este ascua humeante.

Con esta astilla clavada.

Con este revolotear

de mariposas negras,

augurios y presagios

que saben a hiel.

¿Y qué hago yo

con este nudo de serpientes?

Con estos aullidos ahogados.

Con esta oscura tempestad.

¿Dónde podré soltar los lobos

para que devoren mi furia?

¿Dónde esconderé la hoguera?

¿Cómo agarraré la lluvia?

¿Cómo silenciar el trueno

y detener el huracán?

Si con el hielo

se ha congelado el suspiro.

¿Cómo exhalaré los gritos

si tengo puesto el bozal?

CRISTALES [35]

Sonó a lo lejos una explosión.

Tú en tu casa,

yo en la mía,

nos agazapamos y lloramos

lejos de los cristales.

No sé, quizá,

después de todo, no éramos tan diferentes.

IV. AUSENCIA engloba, catalogándolas, desapariciones de todo tipo sentidas por la poeta en lo más íntimo por tratarse de personas muy queridas. Así, en cuatro poemas se añora al ex amado: echando de menos sus conversaciones con él [37]; identificando su fuga con ese humo negro de polución que la intoxica [40]; viviendo la desesperación ante ese ser inerte sin asomo de alegría [41] y en [45] sintiendo su definitiva ausencia como una amputación.

LA MITAD QUE ME FALTA [45]

Dime quién enjugará las lágrimas

que derrame por tu ausencia

si no estás tú para hacerlo.

Si con tu marcha me duele

la mitad que me falta.

Si me he quedado

amputada sin ti.

La ausencia paterna es cantada en dos composiciones: en [42] la poeta ofrece una emotiva semblanza de su ser querido y de la casa donde convivió con él, y en [43] ella, en el cementerio o mirando fotos, ve despertar su ansia inútil por reencontrarse con su padre pero, al mismo tiempo, generándole unas irremediables ganas de escribir poesía.

CORRESPONDENCIA [43]

[…]

Pero las lágrimas se convierten en espejo

y me obligan a aceptar que ya no podré tocarte.

Que mis labios besarán apenas el frío mármol

que separa tu polvo de mi cuerpo.

Aun así, decirte adiós me parece imprudente.

Será etérea nuestra correspondencia,

escrita con sangre, sin papel ni pluma,

y acabarán mis poemas firmados por ti.

Dos poemas más refieren ausencias no corpóreas. En [38] la huida de su juventud es asumida por la poeta desde una declaración de fidelidad a su ajado físico, y [39] habla de cómo la falta del tiempo impide a la poeta querer a su amado con la prolongada pasión que ella añora.

ME FALTA TIEMPO [39]

Pero me falta tiempo

para gritar que te quiero,

para decirte «lo siento»,

para apurar los segundos,

bañarnos en fuego

y explotar por dentro.

Para fundirnos en besos

y descubrir el misterio:

el elixir del perdón

encerrado en tu cuerpo.

Me falta tiempo.

V. DESPEDIDA. Con la lengua imparable termina con cinco poemas. En [46] el final es creado por unos expectantes puntos suspensivos que lo dejan abierto… [47] muestra a la pasión amorosa en su ilusión de eternidad: pretendiendo que recorra el día entero, desde la aurora a la noche, y [48] es una petición de la poeta al amado para que, cuando ella no esté, él la mantenga inmortal en su cabeza y en su corazón. En [49] la poeta nos ilustra asegurando cómo desde el origen hasta su final cada ser vivo es solo agua. Esta parte, y el poemario, termina con [50], extensa e intensa declaración de la poeta a su amado, a quien agradece sus virtudes y atenciones en la salud y en la enfermedad: los versos nunca serán suficientes para celebrar una vida a su lado:

NUNCA SERÁN LOS VERSOS SUFICIENTES [50]

[…]

Maestro entre maestros,

educando no solo en cómo se vive,

sino también en cómo se muere.

Con la dignidad por montera

y la satisfacción de haberlo intentado.

Dejándome los códigos de mi versión 4.0.

Es en ti en quien pienso cada noche.

[…]

CERO. Tres poemas y un fragmento en prosa conforman el prefacio que, —a modo de epílogo—, preferimos colocar al final de esta reseña. [1] nos advierte de cómo todo lo que sucede en la vida pasa por algo. En [2], bellísimo ejemplo de prosa poética, Ana Yela cuenta cómo los cuentos infantiles animaron su vocación lírica, alentada por el autor de sus días, el también poeta Fernando Antonio Yela (creador de Con mi amiga la luna). El padre de la autora falleció prematuramente y su hija le rinde un continuo homenaje con su poesía (ver en la parte IV los explícitos tributos que suponen los poemas [42] y [43]). [3] presenta a la poeta creando el escenario para recibir a la Poesía: es ella la que sale a su encuentro y la que susurra sus versos. La poeta queda presentada como médium que no debe ser asustada, y en [4] la encontramos llevada, de forma ahora más violenta, por el ímpetu de la poesía, hasta sentirse maltratada. Pero, a pesar de todo, esa relación —tóxica y masoquista— le genera un placer que la arrastra.

DETRÁS DE LA LENGUA [2]

[…]

Mi padre abrió en mí ese espacio, desde mi infancia. Un lugar en el que ha ido anidando la belleza, la pasión, la melancolía, la rabia. Un universo diáfano en el que cabe la experiencia sufrida pero también la observada. Los hechos reales y las ficciones percibidas. La vida propia y la ajena. Todo aquello que me ha hecho sentir.

[…]

Celebrando al amor, minuciosa y, al mismo tiempo, expresivamente, Ana Yela Muñoz logra lo que los buenos poetas: enriquecer, mediante el acto poético, al objeto cantado cediéndole su entidad y engrandecerlo de personalísima forma. Gracias a Con la lengua imparable, sin duda, su autora alcarreña se doctora como poeta. Enamorados o desenamorados, no dejen escapar este poemario clarividente y lúcido como pocos.

Con la lengua imparable

Ana Yela Muñoz

Loto Azul

Enlaces:

Casa del libro

FNAC

Poemarios para un verano sin crímenes es una sección dirigida por Manu López Marañón

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