Único representante de su género y único superviviente de su familia de especies, el dugongo es el sirenio marino más pequeño. Todos tenemos un animal raro favorito. Como el dugongo, anfibio, híbrido, encantador, monstruoso, poético, difícil de clasificar, así es la novela que Ale Oseguera ha titulado Dugongo (Yegua de Troya, 2026), una novela en forma de anotaciones de cuaderno de viajes. Un formato que le permite a su autora, Ale Oseguera, añadir a la narración propia de viajes, fragmentos, anotaciones más líricas, sueños, monólogos interiores y reflexiones existenciales o políticas, entre otras cosas. Algo que le da profundidad tanto a la trama como a la construcción del personaje principal, Lula, una narradora que comparte ciertos rasgos autobiográficos con la autora, como su nacionalidad (mexicana) y su ciudad de residencia (Barcelona).
Comienza esta historia con la protagonista, Lula, tomando la decisión de irse de viaje a Tailandia para no tener que enfrentarse al duelo y a la gestión burocrática de la muerte de su padre en México. Su pareja, Arnau, contra sus deseos, decide acompañarla. Un intento de huir hacia tierra de nadie para recuperar la memoria perdida del hogar, el cuerpo y el amor, mientras lidia con la depresión.

Lo más interesante de estas primeras páginas son las reflexiones que hace la autora a través de las anotaciones de Lula, una manera fresca de observar el desplazamiento, la geopolítica, la cultura colonial junto con las relaciones familiares, afectivas y la salud mental. La visión sobre la migración, sobre ser mujer migrante, el hijab, la identidad respecto a tu lugar de origen y de residencia o los diferentes grados de precariedad rompen con la visión occidental.
Avergonzarte en Bangkok de lo que te gastas en la peluquería siendo mexicana en Barcelona, que es un estatus superior a ser mexicana en México, que, sin embargo, aún es mejor que ser tailandesa es tan lógico que uno se pregunta por qué no se pone más el foco en ello.
La literatura busca el exilio. Ya sea literal o metafórico. Casi todo el mundo se siente fuera de algo. No es lo mismo que narre ir a un partido de fútbol alguien que va todos los días que alguien que dejó de ir. Hay bares de Barcelona en los que se despachan sandwitches argentinos que ya no se venden en Buenos Aires. En la canción del emigrante de Pablo Guerrero, dos españoles se encuentran en Alemania y se reconocen en una canción de Manolo Escobar. El exilio da valor narrativo y amor a esas cosas que no lo tienen en la costumbre. De hecho, pocas relaciones hay más complicadas que las que sostiene alguien con su propio país y más aún si te has ido de él. Guadalajara, México, es para Lula un lugar del que siempre quiso ir y al que siempre quiere volver, pero sin volver.
Aun así, Ale Oseguera da una vuelta de tuerca a este conflicto clásico con tu origen ya que a él suma su relación con su ciudad de acogida, Barcelona (nótese que habla de ciudad y no de país, lo que ya sugiere una fricción). Para ello «se exilia» de ambos lugares en su viaje por el sudeste asiático.
Podemos pensar que lo que trata de hacer la autora es un paralelismo entre el viaje de la protagonista y un viaje en búsqueda de sí misma, sin embargo, lo que vamos a encontrar en los conflictos a los que se enfrenta Lula no son paralelismos sino asíntotas que se van tocando en un solo punto. Lula intenta deshacerse de la sombra de su padre muerto, pero no lo consigue del todo porque su vida no ha llegado a ser autónoma, quiera ser una mujer empoderada y siente que traiciona su condición indígena como mujer. En Ezequiel cree ver lo que no ve en Arnau y viceversa y en las sombras de su vida y de su depresión siempre encuentra sitio para algo más. Ni siquiera es capaz de desconectarse en el lugar más lejano al de sus dos puntos de coordenadas. Una forma de reflejar la sociedad hiperconectada en la que vivimos que tiene su máxima expresión en la página 146 cuando se encierra hablar por WhatsApp y lo hace a la vez con su hermano peleándose por la herencia de su padre y con su amigo de la infancia flirtreando mientras su novio golpea la puerta preguntándole si está bien y por qué no está dormida, Multitasking.
Y es que Ale Oseguera refleja muy bien el hecho de que no vivimos los conflictos separados unos de otros. Los vivimos a la vez incluso siendo unos felices y otros tristes y otros irritantes y otros analgésicos.
A medida que Dugongo avanza va perdiendo entradas referentes al propio viaje y lo que va visitando y los párrafos más emotivos van ganando terreno con el fin de resolver la trama.
También las reflexiones humanistas y el propio desplazamiento dejan paso al concepto más importante de la novela, la salud mental. Lula no está bien y lo va a ir mostrando en sus notas. Ale Oseguera sabe que la literatura es lo contrario a la psicología. En la vida, queremos alejarnos de lo tóxico, pero en la literatura, en la ficción, queremos verlo. Lula, que se siente partida en dos, va a descubrir a lo largo de la novela cómo el resto de los personajes, supuestamente sanos, también lo están.

Arnau es un independentista pesado y entrometido, pero también un novio cariñoso y cuidador. Ezequiel es el tipo en el que se han materializado sus sueños de juventud, pero también es el tipo que huyó y vuelve a huir ante los problemas. Pato, hermano de Lula, es el hombre constreñido que se queda en casa y saca la familia adelante pero también aquel al que la cultura patriarcal mexicana convierte en un cabeza de familia extremadamente machista. La madre de Lula quiere que ella llegue a un acuerdo con su hermano, pero también quiere que Lula no se vea engañada. Las dos partes de cada uno de ellos, como dos continentes, están separadas por un océano. Un océano en el que Lula se ve naufragar.
Lula, personaje, y Ale Oseguera, escritora, no comparten únicamente algún rasgo biográfico, también comparten genética de ave migratoria. Pájaros que en su migración vuelan a la vez hacia el norte y hacia el sur.
Dugongo, de Ale Oseguera. Lula, personaje, y Ale Oseguera, escritora, comparten genética de ave migratoria. Pájaros que en su migración vuelan a la vez hacia el norte y hacia el sur. @CaballoTroyaEd @pallanur Compartir en X
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