Hoy, voy a hablar de Sparrows y Una tarde para la ira, dos películas que me han gustado, que pienso que están muy bien narradas e interpretadas, que, incluso, las recomiendo pero que, ante ellas, digo lo mismo que decía Diane Keaton en Bananas (1971) cada vez que hacía el amor con Woody Allen: «Sí, ha estado bien pero… le ha faltado algo».

Sparrows (Concha de Oro 2015) y Tarde para la ira

El Festival de Cine de San Sebastián se caracteriza, frente a Berlín, Cannes o Venecia, por realizar las apuestas más arriesgadas, exóticas o potencialmente polémicas desde el punto de vista artístico. Solo hay que recordar las Conchas de Oro ganadas en los últimos años por Schussangst (2003) de Dito Tsintsadze, Las tortugas también vuelan (2004) de Bahman Ghobadi, Algo parecido a la felicidad (2005) de Bohdan Sláma, Mil años de oración (2007) de Wayne Wang, Ciudad de vida y muerte (2009) de Lu Chuan, Los pasos dobles (2011) de Isaki Lacuesta, Pelo malo (2013) de Mariana Rondón o Magical Girl (2014) de Carlos Vermut. Un año después de su victoria en Donostia, nos llega la película islandesa Sparrows (Gorriones) que, como no podía ser menos, también representa una opción que se sale de los tópicos y convenciones sobre cuáles son las cinematografías de mayor nivel y calidad.

 

Sparrows (Gorriones)

Titulo: Sparrows (Gorriones).

Título original: Þrestir.

Año: 2015.

Dirección y guion: Rúnar Rúnarsson.

Dirección de fotografía: Sophia Olsson.

Montaje: Jacob Secher Schulsinger.

Música original: Kjartan Sveinsson.

Reparto: Rade Serbedzija, Ingvar Eggert Sigurðsson, Arnoddur Magnus Danks, Atli Oskar Fjalarsson, Jarkko Lahti, Pálmi Gestsson, Eva Sigurdardottir.

País: Islandia, Dinamarca y Croacia.

Página web oficial

Sparrows es una película que, durante buena parte de su metraje, presenta una determinada cara que el espectador llega a asumir como la verdadera naturaleza del film: un adolescente de una familia divorciada tiene que irse a vivir con su padre (al que hace años que no ve) después de que su madre se marche a trabajar a África. Hay un detalle visual arriesgado, audaz en su sencillez, que resulta altamente eficaz en Sparrows: oímos a la madre pero no llegamos a ver su rostro. Está claro que el protagonista está viviendo una ruptura decisiva en su vida: ha abandonado el nido materno y se dispone a verse arrojado al mundo adulto con toda su dureza e incertidumbre. En el pueblo donde se traslada, únicamente encontrará como alivio los cuidados de su abuela porque se deberá enfrentar a los Hay un detalle visual arriesgado, audaz en su sencillez, que resulta altamente eficaz en Sparrows: oímos a la madre pero no llegamos a ver su rostro.problemas de su progenitor y a la hostilidad de algunos de sus compañeros… Pero, de repente, llega el gran quiebro que nos hace ver que no estamos ante la típica película de adolescente que tiene que resolver sus pequeños conflictos. El mundo adulto irrumpe tal como es: despiadado, feroz y sin resquicio a la rectificación. La mentira piadosa como arma de defensa.

Todo este proceso está narrado con una precisión y sobriedad narrativas gestionadas con un pulso firmísimo y un reparto que caracteriza convincentemente a sus personajes de acuerdo con el ritmo y tono de la película. Los paisajes islandeses dejan de ser mero decorado para convertirse en un personaje más, quizás un espejo que muestra la frialdad y brumosidad de los estados de ánimo.

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Sparrows, Concha de Oro (2015) en el Festival de Cine de San Sebastián.

Pero la cuestión es: tan grandioso como seco clímax final hacen inolvidable este film pero, ¿qué sucede con su primera hora y pico? El costumbrismo que despliega, ¿tiene suficiente fuerza como para que recordemos con las mismas sensaciones ese largo tramo narrativo? Mi impresión fue que no. Ha habido grandes directores que han sabido convertir a tipos locales en iconos universales. Ahí están para demostrarlo Ford, Bergman, Fellini, Truffaut o Berlanga. Por no alejarnos demasiado ni en el tiempo ni en estilo narrativo, no podemos olvidar a Montxo Armendáriz o José Luis Cuerda. En el caso del director vasco, Tasio (1984), 27 horas (1986) o Silencio roto (2001), la vida de los carboneros vascos, de los jóvenes donostiarras en plena década de los 80, o de los maquis y sus familias en nuestra postguerra civil tenían peso específico con independencia del climax final que pudiera haber o no. Lo mismo pasaba con los habitantes del pueblo gallego en 1936 en La lengua de las mariposas (1936) de José Luis Cuerda. Esta película también tenía un impactante desenlace pero, con independencia de él, el maestro, el niño protagonista y todos los personajes que los rodean tenían peso por sí mismos. Creo que en Sparrows no sucede igual. En parte porque el director parece tener ciertos reparos en acercarnos a los personajes, en mostrar primeros planos con el fin de que vayamos empatizando con ellos. Demasiado distanciamiento y frialdad como para lograr la calidez del público.

A pesar de todo, Sparrows es una película cuyo desenlace no olvidaremos y que recordaremos como referencia de lo que supone perder la adolescencia y pasar a la madurez como un trauma que nunca cicatrizará.

 

Nota (de 0 a 10): 7,5.

Lo que más me gustó: Su precisión y sobriedad narrativas.

Lo que menos me gustó: El costumbrismo de su primera hora y pico puede llegar a parecer una mera excusa para el clímax final.

 #Sparrows, Concha de Oro en el 63 #Zinemaldia. Precisión y sobriedad narrativas. @jmcruzbar Share on X

Tarde para la ira

Título: Tarde para la ira.

Título original:Tarde para la ira.

Año: 2016.

Dirección: Raúl Arévalo.

Guion: Raúl Arévalo y David Pulido.

Dirección de fotografía: Arnau Valls Colomer.

Montaje: Ángel Hernández Zoido.

Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Alicia Rubio, Manolo Solo, Ruth Díaz, Raúl Jiménez, Font Díaz.

País: España.

Página web oficial

Existe en España una larga tradición, insuficiente reconocida, de películas inscritas en el género negro con una larga nómina de directores entre los que podemos recordar a Ignacio F. Iquino, Julio Coll, Francisco Rovira Beleta, José María Nunes, Francisco Pérez Dolz, José Antonio Zorrilla, Vicente Aranda, José Luis Garci, Imanol Uribe y que llega a nombres actuales que han realizado títulos de primer nivel como Enrique Urbizu con La caja 507 (2002) o No habrá paz para los malvados (2011) o Alberto Rodríguez con Grupo 7 (2012) o La isla mínima (2014). Raúl Arévalo, en su opera prima Raúl Arévalo, en su opera prima como director, pasa a engrosar esta apreciable lista y nos sirve una cinta noir áspera, seca, fiel a los rasgos esenciales del género y sorprende que, siendo su primera película como director, sea capaz de no bifurcar la historia en derivadas innecesarias y se centre en el núcleo esencial de su narración.como director, pasa a engrosar esta apreciable lista y nos sirve una cinta noir áspera, seca, fiel a los rasgos esenciales del género y sorprende que, siendo su primera película como director, sea capaz de no bifurcar la historia en derivadas innecesarias y se centre en el núcleo esencial de su narración.

La condición de actor de Raúl Arévalo aflora en las magníficas actuaciones de todo el reparto, siendo verdaderamente difícil destacar a alguien en especial. Sensacional está Antonio de la Torre con esa casi sobrehumana capacidad de contención que el malagueño ha demostrado en sus papeles más complejos (recordemos, por ejemplo, Caníbal de Manuel Martín Cuenca). En la línea exacta que separa la dureza de la ternura se mueve Luis Callejo en un personaje que no deja de esconder sutiles matices sobre los que se sustentan algunos giros de guion. Fascinante está Ruth Díaz, que da vida con brillantez a una mujer que navega en un mar de contradicciones y sentimientos enfrentados y que muestra en una interpretación sobria y sin aspavientos. Una magnífica caracterización logra Manolo Solo en un personaje que podría llenar por sí mismo toda una película.

 

Al mismo tiempo, Arévalo toma decisiones técnicas absolutamente valientes y coherentes con la historia que nos cuenta. Colocar la cámara en un trípode o echársela al hombro es una cuestión que va más allá de la pura estética para tener una vertiente filosófica obvia. Se puede ver la realidad desde un punto de vista claramente definido (y ahí está el trípode) o desde la duda sistemática y desasosegante (y ahí está el sufrido hombro del cameraman). Tarde para la ira se inclina por la segunda opción y ello imprime a la película una inquietud permanente que acaba contagiando al espectador. Pero, hoy día, hay una segunda decisión técnica también trascendental. Optar por el celuloide (como sucede aquí), poco a poco en retirada, en vez del formato digital ahora pujante. El Super 16 mm que se utiliza en esta película (que obligó a llevar diariamente todo el material rodado a un laboratorio de Rumanía) da a la fotografía ese tono granulado y sucio que sirve por sí mismo para crear toda la ambientación de los lugares donde se desarrolla el film.

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Tarde para la ira, de Raúl Arévalo.

Sin embargo, le encuentro un “pero” a esta cinta. Nuestro, quizás, más importante guionista, Rafael Azcona, decía que había que fijarse en cómo era el protagonista al principio de la película y cómo era al final. Si era distinto, en la película había sucedido algo. Si era el mismo, en la película no había sucedido nada. Un personaje importante de un film puede no mostrar una evolución a lo largo de toda la historia pero, entonces, tiene que haber otros elementos que eviten la previsibilidad de la historia. Recordemos que en otras películas de venganza, como El vengador sin piedad (1958) de Henry King, Los jueces de la ley (1983) de Peter Hyams, La venganza de Manon (1986) de Claude Berri o Kill Bill (2003-2004) de Quentin Tarantino, el curso de la historia experimentaba meandros inesperados que ayudaban a encontrar matices imprevistos en la narración. Aquí no sucede y, por tanto, el desenlace se recibe con más frialdad del que el excelente desarrollo previo merecería.

 

Nota (de 0 a 10): 7,5.

Lo que más me gustó: El reparto. Las decisiones técnicas tomadas.

Lo que menos me gustó: Lo que explico en la reseña en relación a la idea de Rafael Azcona.

Tarde para la ira, #noir, áspera, seca, fiel a los rasgos del género. @RaulArevaloZ @jmcruzbar Share on X

Como habrán comprobado, aunque en esta sección no nos gusta el ensañamiento gratuito en las películas, tampoco regalamos nota fácilmente. Esa va a ser nuestra directriz. Espero que a los lectores les guste.

 

Cine español con José Manuel Cruz

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