Arantxa Esteban López (Alcora, Castellón), autora de Sombrero de nubes, ha publicado otros dos poemarios: Y si me define el agua (El Sueño del Búho, 2020) y Salir de la noche (Hades, 2012). Esta profesora de Enseñanza Secundaria, que pertenece a la junta directiva de CLAVE, a la Plataforma de Escritoras del Arco Mediterráneo y al grupo literario Poe-mas, participa en antologías poéticas, como Mediterráneas y Antología de poesía de escritoras del Mediterráneo. En su faceta de escritora de relatos citemos su libro La voz conversa (Uno y Cero Ediciones, 2017). Otros cuentos suyos vienen incluidos en libros colectivos como Próxima estación, Benicàssim y Volvemos a viajar (Publicacions de la Universitat Jaume I, 2005 y 2008, respectivamente). Ha sido finalista en el certamen Twinings, historias de té (revista Qué Leer, 2004); en el IV y V Premio Internacional de relatos de Mujeres Viajeras (Casiopea 2012 y 2013), y en el III Concurso de relatos contra la violencia machista convocado en 2015 por el Ayuntamiento de Terrassa (Hades, 2015).

Arranca la X edición de Poemarios para un verano sin crímenes con Sombrero de nubes. Dividido en tres partes: «En cualquier lugar», «Huellas», y «Sobre la lluvia», vamos a desglosarlas en cuatro temáticas:

Arranca la X edición de Poemarios para un verano sin crímenes con Sombrero de nubes, de Arantxa Esteban López. @Olelibros Reseña de Manu López Marañón. Compartir en X

1. Autobiografía

Como ocurría en el anterior poemario de esta castellonense, en Y si me define el agua, lo autobiográfico vertebra, más aún si cabe, este último libro suyo. En efecto, en más de la mitad de poemas (31 de los 49 que conforman Sombrero de nubes) la realidad que atrapan se captura desde la primera persona. Sin embargo, estas confesiones en verso no impiden que estemos hablando de una realidad tremendamente apreciativa para cualquier lector: en ellas siempre se encuentra algo con lo que todos nos identificamos.

Y es que en lo sencillo, en lo próximo, en lo cotidiano, en esos reencuentros con vivencias propias es donde, de forma más directa, habita la emoción.

Arrancando de su vida lo necesario para cada composición, llegando al núcleo de su espíritu y, por lo tanto, a sus lectores, Arantxa Esteban evita cualquier ardid engañoso. En su selectivo ejercicio de recopilación de los recuerdos nunca encontramos un rediseño de la propia semblanza mediante la criba de los rasgos y situaciones más convenientes; al contrario, por cada verso suyo circula la verdad sin disimulo, una verdad a la que el oficio poético, lejos de enmascarar, hace resplandecer.

El amor aparece en dos poemas de la primera y tercera parte de Sombrero de nubes. «Tus brazos de agua» [18] muestra a la poeta atravesando una vida desértica y pidiendo alguien que le enseñe el camino hasta sus brazos, y en «Puentes de brisa» [44] tiende un puente para recibir el beso de otro desconocido. Pero es en la segunda parte –«Huellas»– donde abundan los versos enamorados. El beso reaparece en tres poemas: en «El margen» [24] ofreciendo un inesperado mensaje; en «Cuando el beso» [27] es aliento y ansia de vida, y en «Casi» [37] el beso hace sentir viva a la poeta. En «Corazón» [29] ella asegura que ese órgano late aunque esté helado, y «Otra forma de presente» [34] nos habla de la intensidad del amor, siempre vivo aunque pertenezca ya al pasado. Pero es la figura del amante lo que más juego da a la poeta: en «Siete botones» [28] los amantes se desnudan con urgencia bajo la luz de la luna, y en «La nit (Blue moon)» [31] los vemos despedirse sintiendo a plenitud un silencioso dolor. En «Tus huellas» [29] la poeta se ve impelida a continuar el sendero trazado por su amante; «La herida» [30] junta a poeta y amante, quienes, ante la percepción del fin, deciden abrazarse con mucha fuerza; «Para salvarme» [32] retrata a la poeta asumiendo no estar hecha para un amante que la supera en todos los sentidos y decide alejarse de él, y en «Mientras duermes» [33], arrobada, la encontramos contemplando dormido a su irrepetible amante.

TUS HUELLAS [29]

Las huellas de tus pies tras la ducha

son de quien no mira atrás

o del que huye.

Pero a veces se demoran

y son islas, que en el suelo brillan,

asimétricas como los sueños.

Marcan tus pies un dibujo de agua,

abierto, acogedor,

ventanas al mundo, al asombro.

Son grandes tus huellas

y dejan un rocío de signos,

un lenguaje húmedo

difícil de interpretar.

Tus huellas hablan idiomas.

Las huellas de agua en el suelo

es lo que tengo de ti.

Emociones provocadas tanto por lo trágico (la muerte) como por lo más cotidiano, la soledad, y algún ansia y deseo, recorren la primera –«En cualquier lugar»– y tercera parte –«Sobre la lluvia»– de Sombrero de nubes.

La experiencia de la muerte aparece en «Le Penseur de Rodin» [7], donde esta escultura del genio francés trae recuerdos a la poeta de su padre muerto, hombre reflexivo pero sin soluciones prácticas para la vida; también en «Y eso es mío» [9], aletea la ausente figura paterna: aquí el beso de la hija sobre su cuerpo, aún caliente, perdura tras el temblor de la partida; en «Duelo» [43], tras la devastación sufrida por la pérdida de los seres más queridos, la poeta se obliga a salir adelante para superar su hondo dolor.

DUELO [43]

Cómo recomponerse tras los muertos,

cómo ante tantas olas desnortadas,

ante esa impotencia

que viene con el aire.

Respeta el duelo,

su aposento de barro silencioso,

su intermitente lluvia que no sabe

dónde va,

mas no perseveres en sus brumas,

haz tuyas las flores,

búscalas dentro,

y encuentra la ternura que te debes.

Vivencias de lo cotidiano las tenemos en «Mi fortaleza» [3], donde la poeta comprende cómo la grave oscuridad y la brisa liviana son sus dos caras; en «Cualquier vida» [4] percibe la intercambiabilidad de su vida y en «Lo imprescindible» [38] lo cotidiano la ilusiona; «Viniste» [26] resalta la inocencia de un niño entre la ferocidad adulta, y en «La belleza no es efímera» [47], más allá de los tópicos, la poeta encuentra lo bello en sitios dispares y, tantas veces, insospechados.

MI FORTALEZA [3]

He soportado la oscuridad

y la montaña helada,

de pie.

También una brisa leve

me ha tumbado.

Sin duda, esa es mi fortaleza.

La soledad y la necesidad de recogimiento aparecen en los siguientes poemas: «Com-partir» [12]muestra lo ficticio que resultan ser muchas amistades; en «Desaparecer» [13] peces y eremitas son ejemplos para una poeta deseosa de renacer; en «La única valiente» [17] la conciencia de su amplia y generosa soledad le transmite sensaciones de valentía; «Soledad interior» [41] es un reproche que la poeta hace a esa forma de soledad sin falta de generosidad; y «Sobre la lluvia» [46] elogia los benéficos aportes de una tarde lluviosa sobre su solitario espíritu.

SOBRE LA LLUVIA [46]

Se adormece tu tarde en el silencio,

la lluvia es una melodía suave.

¿Y ahora qué?

¿Hacia qué parte de la lluvia?

Te concentras en la caída leve,

en el agua sola, en estar, sin más,

sin concesiones a la melancolía.

Te abandonas

a la única parte asumible,

la del asombro ante la lluvia

y su sosiego. Todo está bien, entonces.

Las ansias y los deseos irrumpen en «Pensamiento desnudo» [20], donde la poeta lamenta no haber pedido a la lluvia un amante; «Salir a oscuras» [35] supone su renuncia a cualquier forma de intensidad y la sustitución por ese sobremorir sin luz, pero en «Búsqueda de la luz» [48] la casi inatrapable luz que hace su mayor felicidad es buscada con ahínco por la poeta.

BÚSQUEDA DE LA LUZ [48]

¿Cómo atrapar la luz

con estas manos?

Cómo abarcarla sin que huya,

sin que se me oponga,

cómo hacerla mía, ser yo.

Cómo ser parte de esa luz,

y ofrecerla.

2. La poesía y la poeta

Esta temática que incide en la trascendencia del arte poético y en las fuentes de inspiración para la autora, tiene mayor participación durante la primera parte de Sombrero de nubes; la segunda y tercera aportan, ambas, una sola composición.

De un proyectado poemario, al final, solo queda su bello título desvanecido como un enigma entre el aire: «El título» [2]; «Mitologías» [5] explica que las derrotas dentro del mundo poético superan cualquier tramposa victoria; «Café con hielo» [6] expone cómo las sensoriales meditaciones de la poeta (con un cuadro, el mar o una catedral) conforman el sumatorio de un escalofrío de siglos que ahora recorre su cuerpo; «Mundo aparte» [10] anuncia cómo las voces de un coro –la música, en general– crean un orden nuevo y divino; en «Quedó el poeta» [15], tras el deceso de Francisco Brines, a la poeta no le quedan dudas de la pervivencia de cada uno de sus versos; «Por eso respiramos» [36] especula con que la poesía no materializada sobre el papel es el oxígeno que respiramos; y en «Si ya no creo» [49], comprende cómo negar lo más bello que siente (poesía, mar, música) sería el camino que la conduciría a su aniquilación.

SI YA NO CREO [49]

Y si ya no creo en la poesía;

si de pronto los libros no me hablan,

no me dicen;

si ni siquiera los estoicos

me ofrecen consuelo;

si miro el mar

y solo es un cuerpo de agua salada

y las montañas siguen impasibles

en su lejanía;

si no hay música

ni cielos encendidos

ni luna

ni nadie…

¿Entonces?

Si así fuera, entonces, ni yo

3. El mundo

Pesimistas impresiones sobre el mundo actual las encontramos en la primera y tercera parte de este poemario. Son estas unas composiciones desoladas pero que llevan dentro de sí perentorios mensajes para evitar un apocalipsis que cada vez se siente más cercano e inevitable. «Jaula» [8] previene de cómo, incluso en la cárcel, se puede empeorar: en sus módulos de aislamiento la poeta ve un símbolo de tantas estancias incomunicadas en la vida libre; en «Nos unen las sombras» [11], dentro de la diversidad de sombras en que habitan los seres humanos, hay una Gran Sombra, indistinguible, que acaba engulléndonos en un Todo; «Días de humo y tierra» [39] equipara la contaminada respiración humana por el smog con la pesadez del egoísmo humano: la suma de ambos males supondría el final del género humano, y en «Cuesta respirar» [40] el peso de las guerras y la violencia de género, la miseria, hacen insensibles los ojos y tiran de nosotros, cada vez con mayor fuera, hacia el abismo.

CUESTA RESPIRAR [40]

Nos ahogan

las guerras, sus imágenes,

las mujeres presas en sus túnicas,

la opulencia junto a la miseria,

la vuelta al pasado oscuro.

Nos invade

la decepción hacia lo humano.

Los ojos apenas pueden decir

lo que sienten o lo que ya no sienten,

una antigua pena

de humanidad descarriada se oculta

en nuestro ir y venir perezoso,

una enredadera se teje dentro,

la fuerza de gravedad insiste.

Cuesta respirar en esta gran bolsa

en la que hemos entrado.

Son instantes esos

en los que no te levantarías,

como cuando tú escribiste

Hibernación en Bilbo.

Te volveré a leer.

4. La naturaleza

Privativa de la primera parte –«En cualquier lugar»– de Sombrero de nubes, estos poemas recrean con sugestivas y poderosas imágenes las identificaciones, –físicas, mentales y vitales–, de la poeta con diversas manifestaciones del orden natural.

En «De azul y nubes» [1] la poeta se siente dichosa con el color del cielo y, además, sobrevolando por él encuentra al hombre con sombrero que tanto participa de las creaciones artísticas de Baudelaire y Magritte; «Un árbol» [14] hace que la poeta se identifique con sus ramas quemadas y, emocionada por su determinación de seguir viviendo, quiera abrazarse con él; en «Playa de otoño» [16] el otoñal paseo de la poeta por una orilla deshabitada le crea interrogantes existenciales que quedan resueltos por la voz del mar; en «Brisa» [19], arrullando cortinas y gatos que destierra la oscuridad, una benéfica brisa la sumerge en nuevo aire para respirar; en «Soy arena» [21] la identificación se crea con la paz que ofrece la arena de una playa; «Flor del almendro» [22], con bellísimas palabras, muestra la silenciosa belleza despertando al mundo, y en «Ha venido el viento» [23] barriendo tristezas y generando limpieza el viento pone a bailar al mundo recordándole al ser humano, de paso, su pequeñez.

FLOR DEL ALMENDRO [22]

                                                               La delicadeza sintetiza lo bello.

                                               JOSÉ M. EGUREN

De todas, la preferida,

la que sutil se muestra en el valle,

es la flor del almendro.

Cuando la brisa libera sus flores

y llueven sus pétalos despacio,

me parecen uñas pintadas

que rasgan apenas el aire

para desconvocar el invierno.

Esa belleza que no grita

se posa en el corazón,

y despierta al mundo.

En su encantador prólogo para Sombrero de nubes el también gran poeta José Iniesta escribe estas justas palabras que suscribimos enteramente: «Este libro es una travesía a lo insondable, donde la luz y la sombra se dan la mano, y donde la palabra busca desvelar el sentido, elevar sus preguntas, entonar su oración, aunque nadie la escuche. La poesía es a menudo un viaje asombroso entre la niebla, buscando la claridad, también una batalla entre la palabra y el silencio, entre la muerte y la vida. Al leer, lentamente, los versos de esta poeta, he aceptado ir de su mano por el mismo camino, a no sé qué cumbres donde divisar lo lejano, lo frágil, lo remoto». Resulta un honor para MOON MAGAZINE haber descubierto a Arantxa Esteban en el verano de 2024 con aquel otro inolvidable poemario que es Y si me define el agua. Seguir su tan hermosa como firme carrera poética, además de proporcionarnos gran placer estético, ayuda a afianzarnos como seres humanos que no se rinden ante la vulgaridad imperante y que, a la hora de perseguir a la belleza en todas sus formas, encuentran en versos como los de este poemario imprescindible apoyo. Arantxa Esteban es ya una de las voces líricas más consolidadas y auténticas de nuestro país. No se pierdan este impresionante y maravilloso Sombrero de nubes.

Sombrero de nubes

Arantxa Esteban López

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Poemarios para un verano sin crímenes es una sección dirigida por Manu López Marañón

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