En Humanzee, Ángel Padilla propone una experiencia literaria que desborda los márgenes de la narración convencional para situarse en un territorio liminal entre la poesía, la ficción especulativa y el delirio consciente. No se trata tanto de una novela al uso como de un artefacto verbal atravesado por múltiples voces, planos y registros que, lejos de buscar la coherencia clásica, parecen aspirar, en consonancia con el modus operandi más poético, a una forma de verdad que habita en la intuición más pura.
Desde sus primeras páginas, el texto se presenta como una suerte de pulsión que remite a lo dictado, a la irrupción de una voz que no pertenece del todo al autor —algo que el propio Padilla ha sugerido en entrevistas recientes— donde él es el canal y el emisor del mensaje. El extrañamiento se traduce en una estructura fragmentaria, polifónica y arrastra al lector en un dispositivo narrativo que recuerda a una «pantalla llena de pantallas», desde la cual contempla —y sufre, al igual que uno de los personajes más principales— el despliegue simultáneo de múltiples realidades.
Uno de los ejes de esta complejidad es ese «planeta de los idiotas», llamado así por los habitantes de Jervedia, que funciona como espejo deformante (o quizá no tanto) de la condición humana. Con este presupuesto, y a través de una constelación de personajes que oscilan entre lo simbólico y lo cotidiano —Eramón-Hermes, Nagore, Camaleona, Coral, o la enigmática Reina y su contraparte masculina—, el texto articula una mitología propia que remite a formas de religiosidad arcaica, casi olvidada, pero todavía latente en lo que podríamos llamar el «planeta de los soñadores».
Sin embargo, Humanzee no se limita a lo alegórico. En su entramado aparecen también escenas de una cotidianidad exasperantemente reconocible —como las que protagonizan los padres de Nagore—, así como figuras apenas veladas de la realidad, como Inara o el propio autor, que encontramos convertido en personaje y actor de la realidad de la novela. Este cruce entre lo fantástico, lo simbólico y lo autobiográfico refuerza la sensación de estar ante un texto que no quiere fijar sus límites, sino expandirlos constantemente.
Hay en Humanzee, como lo había en La bella revolución, una llamada insistente a la acción, a implicarse, a abandonar las formas de lucha «suaves» o complacientes. @AnimalPadilla. Compartir en XDesde el punto de vista estilístico, la obra transita entre momentos de intensidad narrativa —casi trepidantes— y otros en los que el lenguaje se vuelve abiertamente poético, hasta el punto de disolver cualquier noción tradicional de relato. Es en esa oscilación donde Humanzee encuentra una de sus mayores potencias, pero también donde puede generar resistencia: no es un libro que se deje leer con pasividad. Más allá de su complejidad formal, el texto sostiene un núcleo ético y político claro. La esperanza aparece como un motivo persistente —frágil, sí, pero obstinada, «como un brote de hierba»—, mientras que el amor se plantea no solo como afecto, sino como fuerza transformadora: liberadora, libertadora, condición misma de la libertad. Padilla no rehúye, en este sentido, una cierta dimensión exhortativa: hay en Humanzee, como lo había en La bella revolución, una llamada insistente a la acción, a implicarse, a abandonar las formas de lucha «suaves» o complacientes. La empatía, parece decirnos, exige también incomodidad, riesgo y violencia. De lo contrario, esta «Obra» (piensa Hermes en cierto momento, acerca del mundo en que vivimos),
que se está tornando eterna … y de no detenerla entre todos, arderá el teatro, morirá el público, reirá el dramaturgo y se marchará, tan campante, como un ladrón en la noche.
Humanzee no busca agradar ni acomodarse, sino interpelar y desestabilizar. Su apuesta por la mezcla de registros, su radicalidad formal y su insistencia en una ética del compromiso la convierten en una lectura tan exigente como estimulante. Puede desconcertar, pero difícilmente deja indiferente. Y es ahí donde reside su mayor virtud.
Humanzee, de @AnimalPadilla no busca agradar, sino interpelar y desestabilizar. Su apuesta por la mezcla de registros y su insistencia en una ética del compromiso hacen de ella una lectura tan exigente como estimulante @rosaggv Compartir en X

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