Está al fondo, sentada en un banco del pasillo de la sala. Flaca y mucho más alta de lo que me había imaginado. Me aproximo y me pongo en cuclillas para que nuestras cabezas queden a la misma altura. Mañana la tendré en el Club de Lectura. Es una de las razones por las que merece la pena escribir. Y tenía muchas ganas de conocerla. A Esther. O Ester. La hache depende de cómo la pilles. Viene y va. Nada más verla escucho a Sufjan Stevens, no me pregunten por qué. A veces le pongo música a la gente. Emana de ellos, aunque no lo sepan. Yo la oigo. Quedamos para el día siguiente.

De camino al encuentro del club descubro algunas cosas. No le interesan las redes sociales, no las usa (puede que ni las entienda). Le apasiona la fotografía. No sabe por qué han propuesto a Sánchez como mejor novela en el Festival Valencia Negra (más tarde ambos comprobaremos que no ganará, aunque para mí es lo mejor que he leído este año, de largo). Escribe teatro. Le obsesiona Bolaño (hasta el punto de ir a estrellarse a Chile). Camina de forma incansable. Sonríe de forma inconsciente.

Salva Alemany (@jacksshadows) estuvo con Esther García Llovet en el Club de Lectura de #novelanegra de @BMValencia. Y esta personalísima crónica es el resultado del encuentro. Para todos ustedes. Share on X

En el Club la gente disfruta de sus respuestas, la retan con sus preguntas y ella contesta divertida, extrañada, sincera. Nos recomienda a Richard Price y reconoce que cada vez lee menos ficción. Descubrimos un poco más de ella, de su escritura, de sus motivos, de sus rutinas. Madrid es plana, como la tierra. Firma algunos ejemplares y al terminar le enseño la sección de cómic de la Biblioteca (especializada en ese género). Se distrae hojeando títulos. Una puta maravilla, comenta de algunos. También le atrae la ilustración (pienso que sus dibujos deben ser interesantes, aunque no dibuje).

A la salida me pregunta por Bombas Gens. Hay una exposición de fotografía japonesa en torno a la revista Provoke. Quiere saber si queda lejos. Nada queda lejos en Valencia. Me ofrezco para acompañarla. Me acepta la compañía. Hablamos de urbanismo, arquitectura, de cine (ella estudió dirección de cine), teatro. Y de Benidorm. Atravesamos el centro como dos turistas más, alcanzamos el cauce del Túria, hoy convertido en jardín. Lo cruzamos. Al llegar al precioso edificio de Bombas Gens (antigua fábrica hoy convertida en centro de exposiciones) está cerrado. De dos a cuatro. Pienso en el nombre de su página web, en la que cuelga sus fotos: elseisyelcuatro.com

El día en que conocí a Sánchez 1

Nos acercamos a un bar. Es de chinos. No hay sitio en la terraza. Cruzamos a otro con mesas libres. También es de chinos. En su última novela, aún inédita, también salen chinos. Como en la mía. Como en el mundo, que ya es de los chinos. Dos horas de cervezas y tapas. Se pasan volando. Se pone a llover. Cruzamos corriendo para evitar la lluvia. La exposición es una maravilla. Hay imágenes realmente bellas, casi todas en blanco y negro. Nos impacta una de gran formato de un parabrisas ametrallado de gotas de lluvia tomada desde dentro del vehículo. Y otra de unas piernas con medias de rejilla que amplificada es un universo.

El día en que conocí a Sánchez

Al día siguiente compartiremos mesa de firmas frente a la Casa del Libro. Nos acompañarán Diego Armeixeiras (encantador, me llevo su última novela firmada), Miguel Ángel Hernández (llevo posponiendo la lectura de El dolor de los demás demasiado tiempo y disfruto de su conversación y su compañía) y Félix J. Palma (habla tan bajito que soy incapaz de escuchar lo que dice). En las otras mesas Javier Castillo se hinchará a firmar, los demás nos hincharemos a vino y jamón. Es lo que hay. A mí me darán ganas de gritar que compren Sánchez, que no van a leer nada mejor este año, pero no lo haré.

Luego nos subimos todos a un autobús que nos traslada a la playa. Es como una excursión del colegio pero llena de escritores. Por momentos no se nota la diferencia. Es el fin de fiesta del festival. Arroçnegre. Vino, cervezas, brindis, conversaciones cruzadas, fotos. De vuelta al autobús y despedida en la estación del Ave.

De camino a casa pienso que Esther tiene algo de Sánchez, esa manera de dejar que las cosas sucedan, una pasividad no exenta de movimiento, un mundo inaprensible metido en su cabeza. También un poco de Nikki, su rapidez mental, su venir ya un poco de vuelta de muchos sitios y de ninguno.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una voz tan personal, tan sencillamente original (quizás desde que leí a Yuri Herrera) como la de Esther García Llovet. Háganse un favor: compren Sánchez y léanla. Yo he tenido la suerte de conocerla.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba una voz tan personal y original como la de Esther García Llovet. Háganse un favor: compren Sánchez y léanla. Yo he tenido la suerte de conocerla. @jacksshadows @BMValencia @AnagramaEditor. Share on X

 

Crónica y fotografías de Salva Alemany

Como habitualmente, David de la Torre le ha dado su «toque» a la portada