En la oficina, en el metro, en las reuniones de trabajo, en la cafetería, en el sitio que menos se lo esperen, se escucha una palabra: procrastinar. Pronunciar esta palabra da un cierto toque cool. Procrastinar está de moda.

Este vocablo ha invadido nuestro lenguaje, llevándolo al román paladino. Comenzar un nuevo proyecto o terminar uno ya comenzado nos produce, en multitud de ocasiones, ansiedad y estrés. Por ello, tendemos con mucha frecuencia a aplazarlo y a sustituirlo por otro cuya realización nos resulte más placentera. A este hábito se le llama procrastinar, del latín procrastināre: diferir, aplazar.

Los anglosajones siempre han llamado procrastinadores (procrastinators) a los que aplazan sus tareas, pero, ¿y nosotros? ¿Por qué lo llamamos procrastinar cuando queremos decir no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy?

«Los procrastinadores dominaremos el mundo de mañana. El de hoy no, porque ahora mismo no nos viene bien a ninguno. Mejor el de mañana»Las redes sociales son las responsables del nuevo boom, el boom de procrastinar. Y tienen mucha culpa de que hayamos adoptado esta palabra, que ya existía en nuestro diccionario, pero que no se usaba habitualmente.

Tenemos un curioso ejemplo en Facebook: el Club Internacional de Procrastinadores. Tienen un lema muy acorde a su ideología: «A ver si mañana me tomo en serio lo de añadir información». Los miembros de este club se proponen la nada ambiciosa tarea de dominar el mundo y lo hacen, como no iba a ser de otra manera, procrastinando. «Los procrastinadores dominaremos el mundo de mañana. El de hoy no, porque ahora mismo no nos viene bien a ninguno. Mejor el de mañana», proclaman.

Se ha abierto la veda,  entramos en Internet y nos encontramos con multitud de psicólogos, blogueros, coach y espontáneos ofreciéndonos una serie de consejos para superar el estrés que nos produce posponer las tareas o actividades importantes que hemos de realizar en nuestro trabajo, nuestra empresa o nuestra vida. Ellos no son procrastinadores —deben de ser los únicos—, dedican su tiempo a crear estrategias para no procrastinar. Y nos dan unos truquillos para hacerlo lo más ameno y cómodo posible. Desde mi punto de vista, muchos de ellos son eufemismos y técnicas que ya sabemos y hemos usado toda la vida, eso sí, exentas de palabras que no queremos oír, como, por ejemplo, cumplir con nuestras obligaciones.

De entre todas esas técnicas para combatir el «no lo dejes para después», me he encontrado con algunas muy curiosas que han llamado especialmente mi atención. Son las técnicas y reglas para que ustedes no procrastinen bien.

Técnicas y reglas para evitar procrastinar

La primera, muy visual:

Hágase con un calendario anual y póngalo en una pared visible, cada vez que haga su tarea diaria, trace una cruz roja sobre ese día. Después de unos días, tendrá una cadena de cruces rojas que le agradará ver. A partir de ahí, su trabajo consistiría en no romperla.

Repitan conmigo: procrastinar, procrastinar, procrastinar. Un artículo sobre esas técnicas sugeridas para aprovechar el tiempo y acabar las tareas que nos imponemos o imponen. O sea, que hay que ponerse a trabajar. La Crisálida Despierta y su hilarante punto de vista.

Fotografía de Tim Gouw.

Esta es La Estrategia Seinfeld, llamada así porque la usa Jerry Seinfeld, un comediante estadounidense muy famoso, actor y guionista que en tan solo un año ganó 267 millones de dólares (francamente, no creo que fuese por las crucecitas de color rojo). Hoy sigue cosechando éxitos y un joven comediante le pidió consejo y él le dio este.

Con todos mis respetos para el Señor Seinfeld, y para los que procrastinan, a esto le hemos llamado toda la vida La Estrategia Constancia. Y El Método Acaba la Tarea Diaria. Y si me apuran La Técnica del Corcho en la Pared con Chinchetas y Papelitos.

Además del tres en raya, que hay que divertirse y hacer el trabajo más ameno, hay otra muy llamativa:

Cojan un temporizador de cocina, si tiene forma de tomate mejor, si no, el que tengan a mano. Escriban sus tareas en la agenda. Comiencen por la primera y pónganlo en marcha durante 25 minutos. Comenzará a hacer tic, tac, tic tac, pero lejos de estresarse, no se preocupen, este sonido les servirá para concentrarse. Los 25 minutos son para trabajar duro sin interrupción. Cuando el tomate haga ring, ring, crucecita sobre la tarea. Descanso de 5 minutos para levantarse, desconectar y dar una vueltecita. Terminado el descanso, retomen la tarea por donde la han dejado. No vuelvan atrás ni para coger impulso. Próximo descanso: 10 minutos. Así hasta cinco aspitas. Luego pasamos a la siguiente tarea.

Esta es La Técnica Pomodoro. Por aquello del temporizador con forma de tomate.

Yo la llamaría La Técnica de Descansar y Estirar las Piernas de Toda la Vida.

#procrastinar: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Divertido artículo de @pilar_garcia_ Clic para tuitear

Y dejo para el final esta porque me gusta lo absurdo:

Se trata de que si usted está haciendo su lista de tareas y hay algunas de ellas que puede hacer en menos de dos minutos, hágalas en el momento, hombre, hágalas.  Porque va a tardar más tiempo en anotarlas que en llevarlas a cabo, ¿no?

Es la regla de los 2 minutos.

Parece que esto lo ha inventado un señor que ha escrito un libro titulado Getting Things Done (GTD), Organízate con eficacia, en español.

Yo la llamaría La Regla de Perogrullo o la de No nos Tomen el Pelo, por favor. Y estoy convencida de que el que la inventó, como poco, estaba procrastinando cuando lo hizo.

Ya se sabe, los nuevos booms. ¿Se imaginan a un trabajador de una cadena en una fabrica de conservas procrastinando? Los tomates se acumularían en la cinta transportadora porque las latas para envasarlos no estarían en el lugar correspondiente.

No pasa nada, siempre podremos aconsejarle que utilice la técnica del Pomodoro. Tic, tac, tic, tac, que ya se encargaría el jefe de decirle «váyase a su casa a descansar».

Repitan conmigo: procrastinar, procrastinar, procrastinar. Un artículo sobre esas técnicas sugeridas para aprovechar el tiempo y acabar las tareas que nos imponemos o imponen. O sea, que hay que ponerse a trabajar. La Crisálida Despierta y su hilarante punto de vista.

Tic, tac…

 

La Crisálida Despierta