Cuando afronté desarrollar unas pequeñas (siempre serán pequeñas frente a la grandeza de Elizabeth) palabras sobre la activista contra la esclavitud negrera del siglo XVIII, Elizabeth Heyrick, pensando en lo que Heyrick significó en aquella lucha, hasta ahora la más organizada y ejemplar de los movimientos sociales, me vino a la mente una frase que en una entrevista dijo la activista antiespecista Rosa Mas: «La liberación animal debe desafiar al poder». Efectivamente, desafío, esa es la palabra que define a Elizabeth con mayor acierto. Ella desafió a todo el movimiento antiesclavista negrero cuando éste comenzó a plegarse al zozobrante aparente fin de su lucha, a la abolición progresiva. Allí fue cuando Elizabeth escribió su folleto, que lo cambió todo, Liberación inmediata no progresiva, con el que puso en jaque tanto a proesclavistas como a antiesclavistas, y arrancó el dique al río que nació para ser imparable.

La activista Elizabeth Heyrick desafió a todo el movimiento antiesclavista negrero cuando éste comenzó a plegarse a la abolición progresiva. Un artículo de @AnimalPadilla que reivindica la figura de esta valiente antiesclavista. Share on X

La cruzada contra la esclavitud negrera

Ejemplo de entereza y valentía, el desafío de Elizabeth Heyrick, porque no se enfrentó a unos cualquiera, sino a las ideas —aunque cansadas, vapuleadas— de unos colosos, aquellos que habían abierto una avalancha de aires antiesclavistas por Inglaterra y el mundo.

¿Quiénes fueron en esencia estos personajes?

Thomas Clarkson

Elizabeth Heyrick: el mensaje antiesclavista que desafió al poder

Thomas Clarkson

Recorrió a caballo Inglaterra de parte a parte, en jornadas a veces de 16 horas diarias en campaña contra la esclavitud. Cuando ésta fue ilegalizada en 1807 en Inglaterra, Clarkson escribió unas memorias sobre los hechos librados, memorias que fascinaron al poeta Coleridge quien las consideró como la narración moral de lucha humana más importante que cualquier batalla librada por Napoleón o Alejandro.

William Wilberforce

William Wilberforce

William Wilberforce

Político inglés a cuyas manos llegó un informe sobre la vida de los esclavos en las Américas, sus traslados apilados en las bodegas de los barcos como mercancía, de cómo eran arrancados de sus familias y hogares en África. Conmovido por este informe, comenzó a investigar por su cuenta y libró en el parlamento una lucha de más de catorce años, entonando infinidad de discursos.

Confieso, Señores, que tan pronto llegué a este punto de mi investigación acerca de la trata de esclavos, y su perversidad fue tan enorme, tan terrible, tan irremediable que… desde ese mismo momento decidí que no descansaría hasta que hubiese logrado su abolición.

William Wilberforce. Discurso Parlamentario, 12 de mayo de 1789

Granville Sharp

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Encuentro de Granville Sharp y Jonathan Strong

Una mañana de 1765, Sharp encontró al esclavo Jonathan Strong tirado en una calle, gravemente golpeado por su dueño. Granville no sólo pagó los tratamientos médicos de Strong, sino que además le consiguió un empleo. La vileza del propietario de Strong fue tal que lo reclamó y lo vendió a un granjero por 30 libras. Granville Sharp llevó a los tribunales a ambos propietarios, quienes finalmente rechazaron la propiedad sobre Jonathan Strong, que quedó libre. Granville dedicó los años posteriores a realizar un profundo estudio de la legislación inglesa, en su aplicación a la libertad de las personas. Más tarde muchos esclavos acudieron a él tratando de obtener su libertad.

James Stephen

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James Stephen, por John Linnell,1834

Joven abogado extremadamente sagaz, se codeaba subrepticiamente con parlamentarios y altos cargos del poder para ir adentrando con camuflada discreción su intención abolicionista (aborrecía la trata de personas). Gran conocedor de la legislación marítima, halló un resquicio para golpear la trata. Acudió a Wilberforce para informarle de su intención, quien le mostró su apoyo, logrando Stephen introducir un proyecto de ley que prohibía a súbditos, astilleros, armadores y aseguradores británicos participar en el comercio de esclavos. Tras la aprobación de Jorge III el 25 de marzo de 1807, dicha ley asestó un golpe tal que logró reducir en dos tercios la trata de esclavos británica.

22 de mayo de 1787, la reunión que cambió el mundo

Ellos conformaron junto a otros, los doce primeros grandes hombres que se reunieron entre prensas planas, cajas de madera con tipos y grandes resmas de páginas de libros recién impresos, la ofensiva antiesclavista. Fue la tarde del 22 de mayo de 1787 en la imprenta del nº 2 de George Yard donde comenzó la imparable lucha por la libertad. Siempre que se nombra la frase de Margaret Meade: «Nunca dudes que un pequeño grupo de personas comprometidas pueda cambiar el mundo» te retrotrae a este suceso milagroso y torrencial que comenzó en aquella imprenta, punto en el que, por cierto, a día de hoy no hay indicación alguna, ni una mísera placa conmemorativa, del lugar donde se gestó la campaña revolucionaria social más memorable de todos los tiempos.

Ante la prohibición de la esclavitud marítima en Inglaterra, lograda por James Sthepen en 1807, los abolicionistas festejaron, creyeron ganada la batalla. Más aún cuando pronto también América proclamó ilegal en su territorio la esclavitud. Más de 3.000.000 de africanos cautivos habían circulado en la trata a bordo de barcos británicos. Un medallón conmemorativo mostraba a una Britania regia sentada sobre un estrado, con la inscripción: «He escuchado sus llantos».

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Congreso antiesclavista

Pero en los campos de algodón nada había cambiado

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Los esclavos continuaban trabajando en campos abrasadores en inhumanas jornadas en las que enfermaban y morían. Incomunicados, no obstante lograba entrar alguna noticia del exterior, muchos negros peroraban a otros que ya eran libres y que debían escapar, otros cantaban una canción pidiendo a un tal Wilberforce que les permitiese ser libres y volver a sus casas. Hubo rebeliones, con quema de campos de algodón e incuantificables muertos, grupos de cimarrones intentaban obtener la libertad que ya creían les había sido concedida pero sus propietarios les negaban y eran capturados con facilidad, con el consiguiente castigo; en general, les cortaban un pie para que no se escaparan de nuevo o los castraban, a las mujeres les cortaban los pechos. Si eran sublevados de importancia podían ser quemados vivos como el famoso Mackandal, que encabezó varias rebeliones en Santo Domingo, fue abrasado en la plaza pública de Cap-Français. La rebelión haitiana fue la más sangrienta y la única victoriosa, la  lideró el esclavo jamaicano Dutty Boukman, quien frente a unos primeros 200 hombres, siervos de la plantación de Lenormard de Mézy, después de una ceremonia vudú entonó un inspirado discurso:

El Buen Señor que creó la Tierra y hace al trueno rugir, Él nos ayudará. Tiren la imagen del dios de los blancos que tiene sed de nuestras lágrimas y escuchen a la voz de la libertad que habla en el corazón de todos nosotros!

La rebelión de Barbados fue liderada por una mujer, Nanny Grigg, una criada que sabía leer y que, a través de periódicos a los que pudo acceder clandestinamente, tuvo conocimiento de la obligación de los propietarios de liberar a sus esclavos. Nanny lo proclamaba incansablemente ante los esclavos, los llamaba «condenados necios» por trabajar sin luchar por su libertad, aunque fuera necesario provocar incendios como los de St. Domingo. Poco más se sabe de esta mujer más que fue incluida en el inventario de la plantación Simmons al precio de 130 libras.

Derrotado Napoleón en Waterloo, finalizó la guerra e Inglaterra y sus aliados firmaron un tratado de paz (Tratado de Paris, 1815). Dicho tratado resultó ser fatídico, porque en uno de sus artículos, para horror del movimiento antiesclavista, se permitía la reanudación de la trata de esclavos por parte de Francia.

Para los esclavos, estaba visto, pasara lo que pasara en el mundo, la salva de cañón seguía estallando en sus doloridos sueños sacándolos del catre cada noche, gobernadas sus vidas por el látigo y el sol.

Los grandes impulsores del movimiento antiesclavista creían que cuando se aboliera la trata de esclavos la propia esclavitud gradualmente se extinguiría. Pero se permitió que la esclavitud continuara en las Indias Occidentales británicas y en otros lugares del Imperio británico después de la abolición. La obviedad de haber caído en un punto muerto era desesperante. Aquí es donde se levantó, entre todos ellos, Heyrick.

Elizabeth Heyrick

Nacida en Leicester en 1769, su padre era fabricante de telas y su madre, poeta y escritora. De joven Elizabeth pintaba paisajes, escribía y se instruía con lecturas edificantes. Fue maestra de escuela. En 1787 se casó con John Heyrick, un abogado descendiente del poeta Robert Herrick, quien murió cuando ella tenía 25 años. Elizabeth Heyrick dedicó su vida a la reforma social y se convirtió en una de las activistas radicales más relevantes de la década de 1820.

Medallón antiesclavista

Cuando se fundó la Sociedad Antiesclavista en 1823, Elizabeth Heyrick figuró como uno de sus miembros, junto a Mary Lloyd, Jane Smeal, Elizabeth Pease Nichol, Joseph Sturge, Thomas Clarkson, William Wilberforce, Henry Brougham, Thomas Fowell Buxton y Anne Knight.

Elizabeth Heyrick dedicó su vida a la reforma social y se convirtió en una de las activistas radicales más relevantes de la década de 1820. Fue miembro de la Sociedad Antiesclavista, fundada en 1823. @AnimalPadilla. Share on X

Heyrick comenzó a visitar las prisiones y a escribir folletos políticos sobre una gran variedad de temas inspirados en su necesidad y sentido de la justicia, como ejemplo pidió un buen trato a los vagabundos. Su rechazo a la crueldad le llevó en 1809 a impedir un hostigamiento de toros, comprando el toro.

Con objetivo de promover la conciencia pública sobre los problemas de la trata de esclavos y golpear los beneficios de los plantadores e importadores de bienes producidos por esclavos, Heyrick alentó un movimiento social para boicotear el azúcar de las Indias Occidentales, visitando las tiendas de comestibles en Leicester. Heyrick guardaba la firme convicción de que las mujeres debían involucrarse en estos temas ya que estaban particularmente cualificadas para «no únicamente simpatizar con el sufrimiento, sino también para abogar por los oprimidos». La ayudaron en la campaña de boicot contra el azúcar Lucy Townsend, Mary Lloyd, Sarah Wedgwood y Sophia Sturge.

Elizabeth Heyrick y las comisiones antiesclavistas de mujeres

En sus discursos entre grupos de mujeres antiesclavistas, sus ideas se expandían como la pólvora. Creía en el esfuerzo común, cercano, en el poder de la palabra y la acción comunitaria. Una de sus frases emblemáticas en ese momento crucial de la lucha antiesclavista fue:

¿Por qué solicitar al Parlamento cuando podemos tomar medidas más rápidas nosotros mismos?

Firme partidaria de la abolición completa, en particular de los africanos esclavizados, decidió enfrentarse a los líderes del movimiento abolicionista. En 1823 Elizabeth Heyrick publicó un folleto titulado Abolición inmediata, no gradual, en el que criticaba a los principales defensores de la lucha contra la esclavitud, como Wilberforce, por su enfoque «gradualista». En su folleto exponía: «Los plantadores de las Indias Occidentales han ocupado un lugar demasiado prominente en la discusión de esta gran cuestión. Los abolicionistas han mostrado demasiada cortesía y acomodación hacia estos caballeros».

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En 1823 Elizabeth Heyrick publicó un folleto titulado Abolición inmediata, no gradual, en el que criticaba a los principales defensores de la lucha contra la esclavitud, como Wilberforce, por su enfoque «gradualista». Share on X

Elizabeth visitó todas las tiendas de comestibles de la ciudad para instarlos a no almacenar productos de esclavos. Su mensaje fue claro. Describió a los plantadores de las Indias Occidentales como ladrones y quienes compraban sus productos, como receptores de bienes robados. Criticando a las principales figuras anti-esclavitud por ser cautelosas, lentas y complacientes, hizo ver al grupo en conjunto que debían comprometerse del todo y sin concesiones.

Como respuesta, William Wilberforce dio instrucciones a los líderes del movimiento para que no hablaran en las sociedades de mujeres contra la esclavitud, la mayoría de las cuales apoyaban a Heyrick. Pero el folleto de Heyrick fue distribuido y discutido en reuniones en todo el país. En 1830, la Sociedad Femenina de Birmingham presentó una moción a la Conferencia Nacional de la Sociedad Antiesclavitud pidiéndole que hiciera campaña por el fin inmediato de la esclavitud en las colonias británicas.

[… ] La perpetuación de la esclavitud en nuestras colonias de las Indias Occidentales no es una cuestión abstracta, que debe resolverse entre el gobierno y los plantadores; es una cuestión en la que todos estamos implicados, todos somos culpables de apoyar y perpetuar la esclavitud. Occidente, el plantador indio y la gente de este país tienen la misma relación moral entre sí que el ladrón y el receptor de bienes robados.

[extractos del folleto de 1824 de Heyrick]

Elizabeth propuso que las asociaciones de mujeres deberían retirar sus fondos para la Sociedad contra la Esclavitud si no apoyaba esta resolución. Al ser la Sociedad Femenina de Birmingham uno de los mayores donantes de fondos centrales, influyó en toda la red de asociaciones de mujeres, que aportaban más de una quinta parte de todas las donaciones.

Contra las cuerdas —o convencida, quién sabe—, en la conferencia de mayo de 1830, la Sociedad Antiesclavitud acordó eliminar las palabras «abolición gradual» de su título y apoyar el plan de la Sociedad Femenina para una nueva campaña que exigiera el fin inmediato de la esclavitud.

Elizabeth Heyrick murió en 1831. Aunque pueden hallarse presuntas imágenes de ella, lo cierto es que, como afirma Adam Hochschild en su muy recomendable, fundamental, ensayo Enterrad las cadenas, de ella no quedó fotografía o retrato alguno. Relata Hochschild que Elizabeth Heyrick pasó los últimos años de su vida prácticamente encerrada en su casa, posiblemente sumida en la tristeza al no ver cristalizada la visión por la que luchó toda su vida. Dos años después de su muerte, en 1833 fue aprobada la Ley de abolición de la esclavitud.

Elizabeth Heyrick pasó los últimos años de su vida encerrada en su casa, sumida en la tristeza al no ver cristalizada la visión por la que luchó toda su vida. Dos años después, en 1833 fue aprobada la Ley de abolición de la esclavitud. Share on X

 

 

 

Un artículo de Ángel Padilla 

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