Los caminos de la luz, de Coia Valls

Hay vidas que brillan tanto que nunca llegan a apagarse. Una de las que más caminos ha iluminado ha sido la de Louis Braille.

Revisar las lecciones del día antes de bajar a la sala del piano; sobre todo meditar detenidamente cómo explicar en mis clases de música la ejecución del martelé, ese movimiento que a los estudiantes les resulta tan difícil en cuanto perciben la proximidad del teclado. También podría examinar a fondo la máquina de escribir de Thurber, por si ha logrado superar la que construyó Foucault hace unos años, cosa que dudo. Después, idear la manera de ayudar al nuevo alumno que ha llegado al Instituto Nacional de Jóvenes Ciegos, que se pasa el día haciendo preguntas y que tanto me recuerda a…

Así empieza Los caminos de la luz, de Coia Valls. Estamos en Vichy, en 1848. Louis Braille escribe en su diario, mientras descansa del trajín de París y de su trabajo, en un intento por detener el avance de una tuberculosis que lo matará tres años y medio después, el 6 de enero de 1952, dos días después de cumplir los 43 años.

Descubriendo a Louis Braille

Todos hemos oído hablar del método Braille de lectura para ciegos y, mea culpa por ignorancia, nunca se me había ocurrido pararme a pensar de dónde vendría el nombre del método. He tenido que transitar por Los caminos de la luz para enterarme de que procede de un hombre, un hombre ciego que fue el que lo desarrolló. Y ha tenido que llegar este libro, para llegar a saber que no solo las letras y los números están al alcance de los invidentes gracias a Louis Braille, sino también las notas musicales. Un libro que, para mí, ha sido todo un descubrimiento.

Lo que nos cuenta Los caminos de la luz en forma de novela es la vida de Louis Braille, cómo se quedó ciego con apenas tres años y cómo su vida fue toda una hazaña encaminada en todo momento a no dejarse vencer por su discapacidad.

Los caminos de la luz, novela de @CoiaValls, nos cuenta la apasionante vida de #LouisBraille, ciego desde los 3 años y creador del método de lectura alfabética y musical para invidentes. #Reseña: @RosaBerros. @megustaleer. Share on X

Louis Braille nació en Coupvray en 1809. Le costó convencer a todos, no a su maestro del pueblo, de que era ciego, pero no tonto. Enseguida destacó en los estudios y eso le valió una beca para el Instituto Nacional para Jóvenes Ciegos de París.

Esta institución había nacido gracias a Valentin Haüy, el primero en interesarse por los ciegos y en crear un método de lectura para ellos. Nos cuenta la novela, cómo Haüy se indignó ante el concierto que presenció en la Place de la Concorde en 1771 con motivo de la feria de San Ovidio. En dicho concierto, en el que los músicos eran ciegos, se hacía burla de ellos y se les presentaba con orejas de burro y otras gracias con muy poca gracia. Por cierto, que ese concierto es el que inspiró la obra de Buero Vallejo El concierto de San Ovidio.

El método de Haüy (letras convencionales, pero de gran tamaño y en relieve sobre cartulina) era el que se empleaba en el Instituto cuando Louis llegó en 1819… pero era dificultoso y estaba al alcance de muy pocos. Era costoso elaborar los libros, y difícil y lenta la lectura. Era un método novedoso, bienintencionado, mejor que nada, pero muy alejado de poder llevar a los ciegos por caminos que no fueran más que los de una oscuridad interrumpida muy de vez en cuando por luces inconstantes e insuficientes.

Para cuando Louis llegó, llevaba diez años de vida y siete de ceguera en Coupvrai. No había perdido el tiempo. Con ayuda de su familia poco proclive a la compasión y la complacencia, había llegado a ser capaz de moverse por todo el pueblo guiándose por planos hechos a base de tachuelas de distintos tamaños. Posteriormente, con clavos que reproducían las letras sobre una madera, aprendió a leer lo suficiente como para que los adultos a su alrededor se plantearan mandarlo a la escuela.

Estimado Antoine, ¡estamos hablando de un niño que acaba de cumplir siete años! No es que parezca espabilado, es que es muy listo y tiene hambre de conocimiento. ¡No me parece justo que le neguemos este derecho! Tiene buena memoria, puede escuchar las clases y yo estoy dispuesto a dedicar un tiempo a leerle lo que usted considere más importante.

Así fue como el abad Palluy convenció al maestro Bécheret, y aquello fue la antesala del Instituto para Jóvenes Ciegos y del fin de la oscuridad para los ciegos presentes y futuros.

En Los caminos de la luz, Coia Valls nos muestra cómo Louis Braille, ante las dificultades del método de Haüy, modifica otro método, ideado por el capitán Charles Barbier para que los soldados pudieran leer de noche los comunicados y las órdenes, y lo adaptará a una lectura más ágil, que sirva en todo momento para enfrentarse a cualquier obra escrita por mucha que sea su extensión y su complejidad.

Veremos a Braille crecer e ir ganando seguridad, pero también lo veremos sufrir las injusticias y crueldades de la corrupción que durante un tiempo se instaló en el Instituto; asistiremos al desarrollo de su método y a cómo se decide a aplicarlo también a las notas musicales. Le veremos enamorarse y enfermar y lo acompañaremos casi desde la cuna hasta la tumba en un viaje tan emocionante como interesante.

Pero también conoceremos el esplendor y la miseria del París de la época, una ciudad en la que los burgueses se permitían lujos humillantes como pagar a las prostitutas de los burdeles para que se dejaran pintar, en la orilla izquierda del Sena, cerca del Instituto, en la rue Saint-Victor.

Los perros se peleaban por lo que no eran más que restos de materia, pero los niños, indistinguibles de los animales por los colores de su ropa y las costras de la piel, no guardaban las distancias si pensaban que el bocado valía la pena. Louis se cubría la nariz con la manga ante el olor pútrido que se extendía a sus pies, como si anduvieran sobre una alfombra hecha de miserias.

Y asistiremos a la erección, en la Place de la Concorde, del obelisco procedente del templo de Luxor que, desde 1834 es símbolo de la plaza y de la ciudad; y, junto a un enfermo Braille, escucharemos el relato de la revolución de 1848 y todo el París de la primera mitad del siglo XIX pasará ante nuestros ojos. Era el París del arte y la pintura, el de los artistas que dormían en burdeles y tabernas el sueño verde de la absenta y descansaban así sus ojos de toda la luz y la belleza que los deslumbraba en la vigilia. Era el París en el que un hombre luchaba por hacer brillar la luz del conocimiento en los ojos inertes de los que nunca podrían ver un cuadro ni la propia imagen reflejada en un espejo.

Y Coia Valls en Los caminos de la luz ha sabido novelar la vida de ese hombre que murió sin saber la trascendencia de lo que había logrado, temiendo el olvido, pero esperando, siempre esperando, haber contribuido a mejorar el futuro.

Todo cambia cuando te das cuenta de que el futuro ya solo es de los demás. Serán ellos quienes juzguen mi aportación, quienes decidirán si el alfabeto que he creado merece una larga vida. Quizá quede relegado como ha ocurrido con el método Haüy, la escritura de Barbier y otros muchos avances que parecían definitivos, pero me reconforta saber que he formado parte de una buena solución.

 

Los caminos de la luz. @CoiaValls ha sabido novelar la vida de #LouisBraille, que murió sin saber la trascendencia de su logro, temiendo el olvido, pero esperando haber contribuido a mejorar el futuro. @BrunoCazalibros. @RosaBerros. Share on X

 

 

Descubriendo a Louis Braille: Los caminos de la luz, de Coia Valls

 

Los caminos de la luz

Coia Valls

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Reseña de Rosa Berros Canuria

Portada de la reseña: David de la Torre