Hamilton, amor y belleza en tiempos de revolución
Lin-Manuel Miranda logró lo que parecía imposible: humanizar tanto a un personaje histórico como para brindar una conmovedora mirada sobre su poder espiritual. Y lo hizo con uno de los trucos más viejos del espectáculo: imaginar a la figura abstracta como un hombre con defectos y virtudes, además de agregar al proceso una buena dosis de espectacularidad y buena música.