Lista de reproducción con los mejores temas de Tom Waits

Tom Waits es el Bukowski de la canción. Según el crítico musical  Daniel Durchholz, su voz correspondería a alguien que «hubiese  sido sumergido en un depósito de bourbon, ahumado durante unos meses, y luego llevado afuera y aplastado por un coche».

Sus temas son una mezcla de blues, jazz, vodevil y música popular.

La música es como una línea de autobuses. Como un océano de sangre. Arte contra comercio. Ideas contra retórica. A veces un desfile de monstruos, a veces una sala de urgencias.

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Sus letras, el reflejo de la marginalidad y la clarividencia de sus planteamientos personales.

Desde pequeño pensé que los mendigos y los vagabundos, la gente que vivía al raso, sabían algo más, o algo distinto. Estaba convencido de que los que no tienen nada lo tienen todo. Ya sé que esto no es verdad a la fuerza, pero me lo creí e intenté vivir durante mucho tiempo con muy poca cosa. Un sitio abierto y un corazón abierto: eso me pareció importante.

(El País, 1999)

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 He dormido en un cementerio y viajado en trenes de carga.

(Magnet, 1999)

Cuando las leyes que gobiernan tu locura privada se aplican a la rutina diaria de vivir, tu vida puede coagularse y colisionar.

(Musician, 1987)

Todos mezclamos verdad y ficción. Si estás atascado en un lugar de la historia, te inventas la parte que necesitas.

(Rolling Stone, 1999)

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Y Tom Waits es, sobre todo, inspirador de un poema de un amigo muy especial al que recordamos:

Cristalina cascada

Con el piano de Tom se arremolinan extrañas emociones.

Vaivenes suficientemente oscilantes para enloquecer en los muros de uno mismo.

El desgarro cantado,
lo perdido, lo querido,
la balada, la muerte.

Aun así, es como una cristalina cascada en el nacimiento del río.

Pere Moix Vilaseca

El piano ha estado bebiendo pequeñas gotas de veneno, quizás siga el ejemplo de aquel jockey amante del Bourbon.
Mientras, Mathilda baila sola bajo la luz de la luna que tiñe de tonos uva el cementerio.
Es hora de cerrar. El piano calla, la música se desvanece. La luna del borracho, esa a la que dispararías por ella, te recuerda que solo alcanzarás la inocencia cuando sueñes.

 

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