El pasado mes de octubre, Francis Ford Coppola, uno de los hombres más influyentes de la historia del cine, era galardonado con el premio Princesa de Asturias de las Artes 2015.

La extensa trayectoria del cineasta incluye cintas tan emblemáticas como la saga de El padrino, con la que consiguió fijar una estética del género gánster a través de la indumentaria. Sin embargo, si tuviera que escoger una de sus películas, elegiría sin duda Drácula, de Bram Stoker (1992) donde el vestuario se eleva a una dimensión de obra de arte.

Drácula, el protagonismo del vestuario

Esta adaptación cinematográfica de la obra literaria del irlandés Bram Stoker se aparta de la figura grotesca y oscura que hasta el momento se había reflejado en la gran pantalla sobre Drácula. Coppola cede el protagonismo a la vestimenta, invirtiendo la mayoría del presupuesto de la película en la creación de las piezas diseñadas por la japonesa Eiko Ishioka, quien logra alcanzar las premisas iniciales del director en las que “el vestuario será el decorado; el decorado la luz”.

En Drácula de Bram Stoker, Ishioka destierra la imagen oscura y estereotipada de este vampiro universal que el cine ha mostrado a lo largo del tiempo, aportando luz y colorido a la figura que emerge de las sombras. Como veremos a continuación, la diseñadora expresa los sentimientos y emociones de cada personaje a través de un vestuario cargado de color y simbolismo, donde el estilo oriental y el occidental comparten escenario.

El comienzo de la película nos sitúa en el siglo XV, donde Vlad El Empalador, un caballero perteneciente a la orden del Dragón, se dirige al campo de batalla para luchar contra los turcos. Su prometida, Elisabeta, recibe falsas noticias acerca de la muerte de su amado durante la guerra y se suicida. El guerrero renuncia a Dios jurando vengarse con las fuerzas de las tinieblas.

Cuando Elisabeta se suicida, Vlad El Empalador renuncia a Dios y jura venganza. Clic para tuitear

El arte bizantino invade las secuencias iniciales del filme en las que la diseñadora recrea la época medieval con colores saturados y dorados en los ropajes de los personajes. Coppola buscaba impactar al espectador con la primera aparición en pantalla del Conde Drácula como Vlad, de manera que Ishioka, en un intento de unificar al hombre y la bestia, crea para el personaje una llamativa armadura y un casco con forma de cabeza de lobo. La coraza de color rojo posee una apariencia de musculatura humana, aludiendo a las macabras técnicas de tortura empleadas por Vlad sobre sus enemigos.

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Boceto y pieza de la armadura de Vlad Tepes, célebre por desollar a sus víctimas.

Son muchas las expresiones artísticas que iremos viendo a lo largo del artículo en las que Eiko Ishioka se inspira para crear el suntuoso vestuario de Drácula, de Bram Stoker. Una de ellas se aprecia en el momento en que Elisabeta, ataviada con un vestido largo de terciopelo verde y adornado con motivos vegetales, yace sobre el suelo del castillo; la escena alude al retrato Ophelia del pintor John Everett Millais. La diseñadora refleja además el aire aristocrático de la joven Elisabeta a través los bordados en hilo dorado y la vincula firmemente a su amado decorando la parte delantera de su traje con una gran figura de dragón.

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Escena del lecho de muerte de Elisabeta. “Ophelia” de Everett Millais, actualmente en el “Tate Britain” de Londres.

Tras estos acontecimientos, la indumentaria aporta información al espectador para conocer el cambio de escenario: estamos en el Londres de finales del siglo XIX; Jonathan Harker es destinado a Transilvania para asesorar al Conde Drácula sobre sus propiedades inmobiliarias y, entretanto, su prometida Mina Murray espera junto a su amiga Lucy Westenra, en la ciudad británica, el regreso de Jonathan.

Jonathan Harker es destinado a Transilvania para asesorar al Conde #Drácula sobre sus propiedades. Clic para tuitear
El carácter diferenciado de las jóvenes se muestra a través del voluminoso vestuario creado por Eiko Ishioka para cada una. La apariencia dulce y fresca de Mina se refleja en el tono verde agua de su traje, mientras que el encorsetado corpiño abotonado y la rigidez del cuello alto denotan su talante obediente y reprimido.

La diseñadora, en cambio, elige una indumentaria suelta y escotada, con grandes bordados, para la atrevida y osada Lucy, recordando a las modelos pelirrojas con tejidos livianos retratadas por prerrafaelitas como Rossetti, contrastando con la época de represión sexual victoriana. La actitud frívola y lasciva del personaje se muestra sin tapujos durante la fiesta celebrada en la casa de los Westenra, en la que Lucy flirtea con varios hombres, una conducta afianzada con el vestido creado por Ishioka para ese instante: una pieza seductora de gran escote en tonos fríos, adornado con serpientes entrelazadas, símbolos de la lujuria.

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Arriba, escena en la que el vestuario victoriano se asemeja a la obra “The Rivals”, del francés James Jacques Tissot (abajo)

Fotograma donde se aprecia la disparidad de las jóvenes. Mina mantiene los bordados de motivos inspirados en la naturaleza, similares a Elisabeta.

Fotograma donde se aprecia la disparidad de las jóvenes. Mina mantiene los bordados de motivos inspirados en la naturaleza, similares a Elisabeta.

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Bosquejo de Ishioka para el vestido de Lucy, adornado con víboras, e imagen de la joven durante la película.

Durante el viaje a Transilvania y su estancia en el castillo del Conde, Jonathan y Mina intercambian una serie de cartas. Se hace palpable el uso del color como un presagio: es la única ocasión en la que veremos a la joven prometida ataviada con un color apagado, una forma de acompañar a Jonathan, que viste de tonos similares.

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Mina viste de tonalidad sombría, transmitiendo el traslado de su alma junto a su prometido y el augurio del destino

Una vez que Jonathan entra en la morada del Conde observamos, por primera vez, la imponente figura del Conde, acentuada por una túnica de color rojo intenso cuya cola emerge como un mar de sangre en la oscuridad del castillo. Ishioka aúna así el estilo oriental de la vestimenta con el simbolismo occidental del bordado situado en la parte delantera, un modo de conservar la memoria de su amada Elisabeta.

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La túnica roja de Drácula luce en una ambientación tenebrosa

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Detalle del panel frontal con la figura del dragón bordado en hilo dorado

Jonathan, recluido en el castillo, descubre un devenir de cajas llenas de tierra en el sótano, instante en el que aparece Drácula con una asombrosa túnica dorada, inspirada en los cuadros de Gustav Klimt, un pintor que expresaba a través de su obra el triunfo de la luz sobre las tinieblas, representando el amor infinito de Drácula a su amada.

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Drácula ataviado con una dalmática inspirada en Klimt

Drácula se percata del asombroso parecido que Mina guarda con Elisabeta y decide ir a su encuentro a Londres. A partir de ese momento, los personajes comienzan una evolución acusada en el vestuario y en el color.

Para el primer encuentro con Mina, Drácula adopta forma humana y se presenta como un príncipe. Eiko Ishioka lo concibe con aire romántico clásico, un caballero de finales del siglo XIX, luciendo un exquisito traje de tres piezas compuesto por levita, pantalón y chaleco corto de cierre cruzado. Un pañuelo de seda en la camisa de cuello almidonado, guantes de piel, sombrero de copa y un bastón de paseo, completan el atuendo formal y elegante del perfecto dandy inglés. Los tonos grises de la sastrería no están elegidos al azar: son una similitud del personaje con las sombras que le permiten ocultarse en las calles de Londres.

Para el primer encuentro con Mina, #Drácula adopta forma humana y se presenta como un príncipe. Clic para tuitear

Mina, un poco esquiva con el Conde, mantiene la vestimenta encorsetada y los motivos de hojas bordados del comienzo del filme. Lo más llamativo del traje de paseo es la tonalidad oscura que adquiere, al acercarse a Drácula, y el peculiar del sombrero, de estilo similar al que luce el rejuvenecido vampiro.

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Drácula, con una indumentaria de estilo romántico y estructura de gafas común en el siglo XIX.

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Mina, con un sombrero afín al del Conde en un modo de aproximar a los dos personajes en su primer encuentro.

Lucy, con un sugerente vestido de gasa naranja, sufre el asedio de un Drácula transformado en lobo. Eiko Ishioka nunca había empleado este color en toda su carrera, pero creyó que era el adecuado para reflejar la liberación de su instinto y la afinidad con la sangre del vampiro; de nuevo, observamos la concordancia del personaje con las musas del arte prerrafaelita. En estas secuencias se manifiesta nuevamente la desigualdad con Mina, enteramente cubierta de blanco, un detalle a tener en cuenta, ya que contrasta con la ropa de noche que luce al final de la película.

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En primer lugar, escena que evoca al cuadro “Ariadne” (1898), de John William Waterhouse (abajo).

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El atuendo de noche de Mina evoca a “The strairs” (1869), del francés James Jacques Tissot (imagen de la derecha)

La mayor fuente de inspiración para Ishioka es sin duda Gustav Klimt. El personaje de Lucy es fiel reflejo del arquetipo de mujer trazado por el austríaco en su obra. Las expresiones y el vestuario que la diseñadora crea para la joven poseída por Drácula reproducen las imágenes sensuales de los retratos de Klimt, cuidando especialmente los accesorios con figuras angelicales del cuello, zona predilecta de Drácula.

Uno de los vestidos más llamativos ideados para Drácula, de Bram Stoker es el traje nupcial de Lucy. Es representada, a través de un traje de fantasía, como un reptil. El atuendo, inspirado en el retrato Margareth Bromsen, mezcla el estilo isabelino y victoriano en el que llama la atención la amplia gorguera del cuello. Es interesante la evolución decreciente tan drástica de este personaje a través del uso del color: de la gama cromática fría del inicio, al cálido, como el naranja, cuando es poseída, para finalizar con el blanco virginal en la expiración de Lucy.

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Detalle del colgante de perlas de Lucy, una alusión al cuadro “Retrato de Adele Bloch-Bauer I” de Klimt. Este tipo de collar era muy común a finales del siglo XIX.

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Escena de Lucy que evoca a la sensual pintura de Klimt: “Judith I” (a la izquierda), actualmente expuesta en la Galería Belvedere de Viena.

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A la izquierda, cuadro “Margareth Bromsen” que inspiró a Ishioka para crear el vestido de novia de Lucy (a la derecha de la imagen)

Uno de los vestidos más llamativos de #DráculadeBramStoker es el traje nupcial de Lucy. Clic para tuitear

Tras el encuentro entre Drácula y Mina en las calles de Londres, la pareja se cita una vez más en una de las escenas más emblemáticas de la película, de gran carga romántica y erótica. Drácula, que sigue adoptando la forma humana, viste en esta ocasión como un verdadero príncipe, con una casaca de estilo militar con detalles bordados, similares a los que Mina y Elisabeta lucían en sus vestidos.

Mina asiste a la cena con uno de las piezas más icónicas del cine: un vestido de gran escote trasero y falda drapeada, de rojo intenso. Ishioka logra transmitir la seducción de la joven, conectando a los personajes a través del color – hasta el momento, el rojo era exclusivo de Drácula- en un encuentro donde ella se entrega a él. La japonesa es precisa con cada detalle: si nos percatamos, se mantienen los adornos de borlones que ya vimos en su bata de noche; los pliegues del vestido evocan a la armadura que Drácula portaba como Vlad.

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Drácula con chaqueta adornada en ka parte frontal con motivos florales dorados.

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A la izquierda, boceto de Eiko Ishioka. A la derecha, la pieza con voluptuosos pliegues, lucida por Mina.

#Drácula. El vestuario convertido en verdadero arte, premiado con un Oscar en el año 1993. Clic para tuitear

La transformación total de Mina surge en el momento en que es mordida por Drácula. La joven comienza a adoptar la figura de Elisabeta, con una hopalanda de estilo medieval en color verde oscuro, largas mangas y cuello alzado (rememorando al Drácula del imaginario colectivo) que evoca al vestido de la amada de Vlad en las primeras escenas. La parte interior, de un tono más claro, mantiene los pliegues característicos del vestuario del personaje femenino.

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Último diseño de Mina en “Drácula de Bram Stoker”, un mimetismo con Elisabeta.

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Las pliegues en mangas sugieren una semejanza a la composición de la armadura de Drácula como Vlad.

El Drácula de Coppola acerca al espectador una nueva perspectiva de la novela. Gracias a la libertad concedida a Eiko Ishioka para elaborar sus diseños, hemos podido comprobar cómo las emociones y el terror se pueden mostrar a través de un vestuario convertido en verdadero arte y premiado con un Oscar en el año 1993.

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