«Disimula tu presencia física en el trabajo. Las mujeres somos como hormiguitas, graciosas y amables». Esto es lo que decía a las mujeres de su época, Pilar Primo de Rivera —la fundadora de la Sección femenina de la Falange española.

Sobre el escenario, tres «hormiguitas» de esas: trabajadoras a su manera, patriotas a su manera y por supuesto sumisas. Tres mujeres —Pilar Primo de Rivera, Mercedes Sanz-Bachiller y Carmen Polo— escrupulosamente esforzadas por habitar esa época oscura del franquismo y abnegadas, y mucho, a la hora de colaborar con la dictadura que retuvo a España en las cunetas del progreso durante casi 40 años. Ellas son las tres protagonistas de La Sección, la obra que se ha podido ver a lo largo del mes de marzo y que continuará en abril en el Teatro del Barrio.

Sirviéndose de las tres figuras femeninas antes mencionadas, La Sección hace un repaso histórico y documental, que va desde 1934 hasta la jura de Juan Carlos de Borbón.

La idea de la obra, que encierra momentos fantásticos de parodia y de crítica certera, pasa por reivindicar la figura de la mujer incluso en aquella España del ostracismo franquista. Me pregunto si para su escritura las autoras consultaron el libro Conversaciones de alcoba, de Carmen Domingo, en el que se hace precisamente un retrato de estas tres mujeres.

En La Sección, la mujer aparece como innegable testimonio del silencio al que siempre se le ha relegado —sea esta una ama de casa o la mismísima «mujer del caudillo.

La mujer como poderosa arma usada por el poder fascista que entendía que dentro de su leitmotiv «hogar, patria e Imperio» la posibilidad de la mujer de parir y engendrar, hacía de ella un fantástico instrumento para aportar hijos a los que poder conducir a la lucha y a la muerte.

#LaSección en @teatrobarrio. Una obra sobre el adoctrinamiento y el feminismo. @EfeJotaSuarez Share on X

Estas tres mujeres, que ostentaban cargos representativos, eran al fin y al cabo fieles al servicio de un régimen cuyo ideario acerca del papel de la mujer estaba ajustado al esquema de sumisión, subordinación y obediencia. Por mucho que el personaje de Pilar Primo de Rivera en La Sección se quiera revelar como una feminista —nótese algún diálogo en la obra entre Carmen Polo o Mercedes Sanz-Bachiller—, acabamos comprendiendo a la perfección que sus ideas sobre el feminismo o el sindicalismo distan de parecerse a las que desarrollaron otras poderosas mujeres como Victoria Kent, María Zambrano o Dolores Ibarruri.

La Sección, nos obliga a reflexionar —con sumo gusto, todo hay que decirlo— en torno a la idea de aquel refrán que señala: «de aquellos polvos, estos lodos» y nos hace pensar en el tipo de mujer —espantosamente adoctrinada— que recogió el testigo de aquel momento histórico y accedió a una España de la transición deseosa por sacarse de encima cuarenta años de barro. Uno se pregunta cuántas de esas mujeres han portado esa enorme y pesada piedra de Sísifo de la culpa, de la represión y del sometimiento y cuántas de ellas lo siguen portando, aún, hoy en día.

Sobre el escenario del Teatro del Barrio, La Sección —obra escrita por Ruth Sánchez González y Jessica Belda e interpretada con buena dosis de talento por Jessica Belda, Manuela Rodríguez y Natalie Pinot— resulta bien atada y ejecutada desde el principio hasta el final.

La Sección, en Teatro del Barrio.

La Sección, en Teatro del Barrio

Hay tiempo para la crítica, para el rigor histórico, para la sátira, para la carcajada —no se pierdan ese momento «cara el sol», versión tecno— o incluso para contener la emoción —el episodio que recrea la carta que la viuda catalana de un rojo envió a Pilar Primo de Rivera o, en el tramo final de la obra, la conmovedora sacudida que se produce ante un recuento numérico que es capaz de dejar al espectador sin respiración.

Todo en escena tiene absoluto sentido y está perfectamente conseguido —desde el momento  inicial en que las tres mujeres reciben al público pertrechadas como tres jóvenes que parecen salidas de un programa del auxilio social franquista, hasta el formidable grafismo pulido por Elías Taño o la marioneta del dictador, trabajo de Carla Protozoo y Juanfran Jacinto.

El trabajo de equipo y la dirección de Carla Chillida obran el milagro en esta pieza que funciona armoniosa y palpitante en su conjunto. Agradezcamos al Teatro del barrio por acercarnos producciones como la de La Sección: un teatro activista y necesario, valiente sin duda, capaz de girar la cabeza y meterle una dentellada a tiempo a la memoria histórica de un país. Recuérdese que La Sección coincide en cartel en la misma sala con la obra Emilia —en torno a la figura de la ejemplar Emilia Pardo Bazán—. Así pues, desearía terminar esta reseña con dos frases, de dos mujeres distintas. Y mucho. Una de Emilia Pardo Bazán:

La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión y la sumisión.

Y otra de Pilar Primo de Rivera:

Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles. Nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho.

Una de ellas murió en 1921, más de diez años antes de que la dictadura echase a andar en este país. La otra pronunciaría su frase en la España de 1942, veintiún años después. Bienvenido sea el teatro que las considere y las exponga ante nosotros, los espectadores.

La Sección

 

Autoras: Ruth Sánchez González y Jessica Belda

Dirección: Carla Chillida

Intérpretes: Jessica Belda, Manuela Rodríguez y Natalie Pinot

Escenografía: A Tiro Hecho y Teatro Del Barrio

Iluminación: Tony Sánchez

Espacio sonoro: Lucas Varela

Vestuario: Ana Labrador

Marioneta de Franco: Carla Protozoo y Juanfran Jacinto

Grafismos: Elías Taño

 

 

Reseña de EfeJota Suárez