Asesinos en serie, nuevo artículo de Carmen Moreno en la Revista de los Lunáticos.

Asesinos en serie. Nadie está a salvo

¿Quién no teme a los monstruos? ¿Quién no ha visto, alguna vez, en la oscuridad unos ojos que le acechan y no ha imaginado a un licántropo, sino a un hombre de carne y hueso, preparado para hacer con nosotros cuanto le venga en gana? ¿Quién no ha temido a la crueldad más que al hecho de que le maten?

Asesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.

Robert K. Ressler, investigador del FBI

El término «asesino en serie» fue acuñado por el agente del FBI, Robert K. Ressler. Con él se refería a todos aquellos asesinos que habían matado a tres o más personas con un período variable de inactividad entre una y otra, conocido como «período de enfriamiento». Los asesinos en serie, tal como explicó Ressler en su libro, tienen otra particularidad respecto a la mayoría de criminales: «La clave de la aparición de un asesino serial no es tanto el trauma infantil (que haya podido sufrir), sino el desarrollo de patrones de pensamiento pervertidos. Lo que llevaba a estos hombres a matar eran sus fantasías». 

En un mundo en el que Walt Disney se apropió del término «fantasía», aceptar que crímenes atroces se cometían por ella, es como aquella idea que transmitía la Iglesia: Dios es amor, pero te va a hacer sufrir de lo lindo si se le cruza un cable.

Ressler señalaba que los asesinos en serie viven entre nosotros, se mueven entre nosotros y su instinto más primario es el de matar. Se establece una pregunta que, para mí, resulta primordial: ¿conocemos a las personas que nos rodean? ¿Cuántas veces hemos visto una noticia en la que gente cercana a un asesino aseguraba, no solo que el sujeto en cuestión, era una persona absolutamente integrada, sino que, además, era un miembro ejemplar de la comunidad?

Todos percibimos que los asesinos en serie son seres inteligentes, con coeficientes intelectuales por encima de Según María José Moreno, los asesinos en serie, en su mayoría, no son mentes brillantesla media, con un modo de actuar meticuloso y cuidado, pero en muchos casos no es así. La psicóloga y autora de La trilogía del Mal publicada por Versátil, María José Moreno, decía en Granada Noir que los asesinos en serie, en la mayoría de los casos, no son mentes brillantes. Lo cierto es que, si estudiamos a alguno de ellos, podemos darnos perfecta cuenta de que no solo no lo son, sino que su coeficiente intelectual está por debajo del medianil, inadaptados en alguna medida y para los que «método» no es más que un término abstracto.

Los #asesinos en serie no son mentes brillantes. @mjmoreno010 @GranadaNoir @morenopcarmen Clic para tuitear

Se trata del Mal, así con mayúsculas y el ser humano no está preparado para aceptar la existencia de este. Nuestra mente necesita racionalizar la vida porque nos cuesta aceptar lo que no entendemos. Pero existe la maldad sin paliativos, sin excusas. Existen personas que disfrutan infligiendo dolor. ¿Cómo aceptar que haya en nuestra sociedad, tan perfectamente construida, tan encorsetada, donde todo se mueve dentro de unos cánones pre-establecidos para que todos seamos «felices» sin preguntarnos nada, personas que se mueven fuera de los límites sin que les tiemble el pulso?

En la vida todo es cuestión de azar. También seguir vivos lo es.

La casualidad, en los asesinos que vamos a ver ahora, lo tuvo que ver todo a la hora de elegir víctimas. Nada estaba predeterminado. Nada estaba escrito. Lo que causa pánico no es que haya un desalmado/a que estudie los movimientos de alguien, lo siga, lo aprenda para asesinarle, no; pensar que, en la rueda de las casualidades, cualquiera puede ser elegido como diana. Nadie está a salvo.

Lo que causa miedo es que cualquiera puede ser elegido como diana. @morenopcarmen Clic para tuitear

Lo que aterra de los monstruos, no es que tengan cuernos, colmillos, vivan en nuestras pesadillas, o tengan poderes extraordinarios, sino que todos podemos serlo y nadie se daría cuenta. Lo que aterra es saber que todos los días tratamos con monstruos y no sabemos distinguirlos de las personas normales.

Jack el Destripador, el primero de los asesinos en serie conocidosAsesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.

Mucha ha sido la literatura y el mito que se ha creado en torno a la figura de los asesinos en serie, que pasaron de animales a estrellas mediáticas. Uno de los primeros asesinos en serie «famosos» fue Jack el Destripador, un hombre que se habría confundido entre la masa humana del East End londinense sin levantar sospechas.

En la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888 el policía de Londres John Neil encontró el cuerpo sin vida de Mary Ann Nichols. Fue la primera víctima reconocida de Jack el Destripador, considerado por la mayoría de criminólogos el primer asesino en serie moderno: el primer criminal que generó terror de masas y una enorme curiosidad en los periódicos.

Fue tanto el revuelo mediático que generó la figura de El Destripador que la prensa llegó a redactar cartas falsas, que atribuían al asesino, para vender más periódicos. Londres entero estaba pendiente de un solo hombre.

Los asesinatos fueron cometidos durante la noche y en fin de semana, la primera o la última semana del mes. En cada homicidio, el asesino endurecía más su manera de actuar, excepto en el de Elizabeth Stride, con la que se cree que el asesino fue interrumpido y «obligado» a asesinar a una segunda víctima a escasos metros de allí.

Jack el Destripador, el primer criminal que generó terror de masas. @morenopcarmen Clic para tuitear

El cadáver de la primera víctima canónica, Mary Ann Nichols, fue hallado el 31 de agosto de 1888 en la calle Buck’s Row, en la actualidad calle Durward. Tenía dos cortes en la garganta, y su abdomen estaba parcialmente desgarrado por una herida en forma irregular hecha con algún objeto cortante. Nadie vio nada, nadie oyó nada porque Whitechapel, lugar donde se cometieron todos los asesinatos, era la cloaca de Londres. Allí iba la alta sociedad a dar rienda suelta a sus más bajos instintos: alcohol, droga, prostitución… Allí se amontonaban los inmigrantes irlandeses que habían llegado a Inglaterra en busca de un futuro mejor y se encontraron recluidos y condenados a morir en fábricas por un salario ínfimo.

Asesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.

Dorset, Whitechapel, 1888

El cuerpo de la última de las cinco víctimas canónicas, Mary Jane Kelly, fue hallado sobre la cama de su habitación en la calle Dorset, a las 10:45 a.m., del viernes 9 de noviembre. Su casero, John McCarthy, harto de que no le pagara, mandó a uno de sus empleados a visitarla para conseguir el dinero o proceder al desahucio. Lo que encontró no solo le dejó profundamente impresionado a él, también la policía se quedó absolutamente aterrada por la carnicería que allí se había cometido. Los órganos de la víctima se esparcían a su alrededor. Presentaba una profunda herida en la garganta y le habían extraído todos los órganos, incluido el corazón. Además, la habían mutilado salvajemente. ¿Estaban ante el primer Hannibal el Canibal o solo eran trofeos para el asesino?

El Destripador jamás fue capturado, pero esto no se debe a su gran inteligencia, sino, más bien, a los escasos medios con los que contaba la Policía Metropolitana de Londres en aquel momento. El monstruo seguía suelto. Pero, ¿qué provocó que El Destripador cesara su macabra actividad? ¿Se fue del país, murió…?

La imagen de un hombre, camuflado entre todos, igual a todos, confundido en una comunidad organizada (incluso los suburbios tienen su orden), creó tal alarma que nadie pudo ser el mismo.

#ElDestripador actuaba camuflado dentro de una comunidad organizada. @morenopcarmen Clic para tuitear

Es diferente cuando el asesino no quiere ser conocido, sino que se mueve por codicia. El asesino que actúa buscando reconocimiento es más fácil de atrapar, porque en su afán por provocar, por demostrar que es más inteligente que sus perseguidores, siempre cometerá un error. Normalmente, los asesinos en serie que tienen este perfil suelen sentirse intocables al no ser atrapados inmediatamente.

H.H.Holmes, un asesino en serie movido por la codicia

Cuando el móvil de un asesino en serie es la codicia es más difícil descubrir porque no existe un reto lanzado, no hay una necesidad de que lo vean. Es más, intenta no ser descubierto porque esto le permite seguir actuando y, por lo tanto, la consecución de dinero es más probable. Es el caso de H.H.Holmes.Asesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.

Herman Webster Mudgett nació en 1861 en New Hampshire. Se crió en el seno de una familia metodista que le imponía gran disciplina. Tiempo después afirmó que su educación le había valido para entender que lo único importante es hacer dinero, sin importar de dónde sale.

Estudió Medicina y, estando en la universidad, robaba cadáveres que situaba en escenarios incendiados y, más tarde, reclamaba el seguro. Muy pronto descubrió que la estafa no solo se le daba bien, sino que, además, le permitía llevar una vida mucho más cómoda.

La primera víctima mortal que se conoce de Holmes la encontramos en Englewood. Se trataba de una viuda, E. S. Holton, a la que su marido le había dejado una lucrativa tienda de artículos de farmacia en la calle Wallace con la 63. Ella contrató a Holmes como ayudante, pero muy pronto él se convirtió en su amante. No tardó en estafarle todo el dinero y hacerla desaparecer junto a su hija: las descuartizó en la habitación de atrás de la tienda.

Se ganó a los vecinos, mostrándose como un farmacéutico bonachón y siempre atento. A alguno llegó a comentarle su idea de construir en el solar del otro lado de la calle un hotel.

Para construir el hotel, que fue conocido como el Castillo Holmes, recurrió a varias empresas a las que jamás pagaba y que, por ello, dejaban el trabajo cuando ya habían construido un poco. De esta manera, se aseguró de ser el único que lo conocía por dentro. Le dio un aire medieval. El castillo terminó de construirse en 1892 y la Exposición abrió sus puertas el 1 de mayo de 1893.

El Castillo Holmes, plagado de trampas, fue construido para torturar a sus clientes. @morenopcarmen Clic para tuitear

Holmes escogía a su clientela con mucha precaución. Tenían que ser mujeres jóvenes, ricas, guapas, estar solas y lejos del hogar. Así se aseguraba de que nadie se preocupaba de su ausencia durante un tiempo. Se aseguraba de no ser descubierto, ni levantar sospechas.

Todas las habitaciones del inmueble estaban provistas de trampas, puertas correderas que daban a un laberinto de pasillos secretos, desde los que Holmes podía observar a sus clientes a través de unas ventanas disimuladas en las paredes. Bajo el entarimado, una instalación eléctrica de lo más sofisticada le permitía seguir desde su despacho, en un panel indicador, los movimientos de sus clientes a los que podía asfixiar tan solo con abrir unos grifos de gas, también instalados bajo el entarimado.

Asesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.

Recreación del interior del castillo de los horrores de H. H. Holmes. Fuente: creativosonline.org*

Un montacargas y dos toboganes servían para bajar los cadáveres a una bodega donde, dependiendo de cada víctima, eran disueltos en una cubeta de ácido sulfúrico, reducidos a ceniza por incineración, o hundidos vivos en una cuba llena de cal. En una habitación llamada «el calabozo» había instalado una sala de tortura.

Acabada la Exposición Universal, el hotel perdió clientes, y con ellos se fue el dinero. A nuestro particular estafador-asesino se le ocurrió quemar la última planta del hotel para cobrar el seguro. Esta vez su estafa se descubrió y tuvo que huir a Texas, donde siguió viviendo de pequeñas estafas, hasta que fue encarcelado por ello.

Ya después del incendio, la policía había encontrado restos humanos en los sótanos del castillo Holmes, pero se les había escapado. Fue el asesinato de un cómplice al que conoció en la cárcel, Pitizel, lo que le descubrió. Le acusaron de 200 asesinatos, de los que solo reconoció 27.

H.H. Holmes puede ser el mayor asesino en serie de la historia. Su necesidad de no ser descubierto, su inteligencia y su sangre fría, le permitieron actuar con total impunidad.

Inteligente y codicioso, H. H. Holmes, el mayor asesino en serie de la historia. @morenopcarmen Clic para tuitear

Otro tipo de asesinos en serie son los que actúan por alguna enfermedad mental, drogas…

Richard Trenton Chase, el Asesino Vampiro

En el caso de asesino en serie con problemas mentales encontramos al Asesino Vampiro, Richard Trenton Chase, que había asesinado por primera vez en 1978 con tal saña y de una manera tan atroz que los agentes del FBI creyeron estar ante otro Destripador. Eligió a su víctima, como él mismo confesó, por casualidad. Había ido probando con varias puertas y la única que estaba abierta era la de Terry Wallin, embarazada de tres meses.

Terry Wallin, primera víctima de Trenton Chase.

Terry Wallin, primera víctima de Trenton Chase.

La psicosis de Trenton Chase había brotado en la infancia. Comenzó matando a pequeños animales. De hecho, la policía encontró decenas de collares de perros que había raptado y torturado en su propia casa.

Las víctimas siempre aparecían con heces de animales en la boca.

Fue el primer caso en el que Ressler hiciera un perfil del asesino. Según él la escena del crimen indicaba claramente que se trataba de un asesino «desorganizado», alguien que tenía una enfermedad mental seria y totalmente desarrollada.

Unos días después se cometió otro crimen. Aparecieron tres cuerpos en una casa que estaba a menos de una milla de distancia de la de los Wallin. Los muertos eran Evelyn Mirothe, 36 años, su hijo Jason, seis años, y Daniel J. Meredith, de 52 años, un amigo de la familia. Además, el sobrino de Evelyn de 22 meses había desaparecido. Todos habían sido asesinados por disparos y a la mujer le habían acuchillado de una manera similar a Terry Wallin. Ressler mejoró el perfil del asesino y lo hizo público:

  • Un hombre de entre 25 y 35 años
  • Delgado
  • Con un desorden mental acusado
  • Habría empezado cometiendo robos fetichistas
  • No le presta demasiada atención a su aspecto
  • Vive solo
  • Introvertido con problemas que se remontaban a la pubescencia

Cuando se hicieron públicos los datos, la colaboración de una mujer cercó al asesino. Dijo haberse encontrado con un hombre joven, al que conocía del instituto, dos horas antes del primer asesinato, en un centro comercial a dos manzanas del lugar del crimen. Él intentó entablar una conversación, pero a ella le dio miedo su aspecto físico, se encerró en su coche, arrancó y escapó de allí como pudo. El nombre del chico era Richard Trenton Chase. Y, muy probablemente, el salvador de aquella chica, fue el miedo.

El Asesino Vampiro era un enfermo mental que necesitaba la sangre para vivir. @morenopcarmen Clic para tuitear

Chase vivía a una manzana del coche abandonado, una milla al norte del club de campo y del centro comercial. Cuando lo detuvieron llevaba en el bolsillo trasero del pantalón la cartera de Daniel Meredith. Cargaba con una caja llena de trapos ensangrentados. Cerca de su casa estaba aparcada su furgoneta, que estaba llena de basura. También había en su interior una caja de herramientas cerrada con llaves y un cuchillo de carnicero de 30 centímetros, así como una botas de caucho manchadas con lo que parecía sangre.

En su casa se encontraron, además de los ya mencionados collares de perros, tres licuadoras con sangre y artículos de periódico sobre el primer asesinato. Ropa sucia esparcida por la casa, algunas ensangrentadas. En el frigorífico había platos con restos humanos y un contenedor con tejido cerebral. Un cajón de la cocina escondía varios cuchillos extraídos de casa de los Wallin. En la pared había un calendario con la inscripción «Hoy» en las fechas en que se produjeron los asesinatos. La misma inscripción estaba en 44 fechas más repartidas por todo el año 1978.

Asesinos en serie. Nadie está a salvo. Artículo de Carmen Moreno para Revista MoonMagazine.Chase nació en 1950 en una familia media y fue considerado un hijo dulce y cooperador. Con 12 años empiezan sus problemas, cuando sus padres empiezan a pelearse en casa. Su madre acusaba a su padre de serle infiel, de consumir drogas y de querer envenenarla. Un equipo de psicólogos y psiquiatras entrevistaron a la madre de Chase y la calificaron como «altamente agresiva, hostil, provocadora». Las discusiones entre los padres se extendieron 10 años hasta que, finalmente, acabaron divorciándose.

Tuvo novias, pero las relaciones se truncaban al llegar el momento de las relaciones sexuales. No tuvo amigos ni relaciones duraderas más allá de su familia. Los psiquiatras que le atendieron opinaron que su deterioro comenzó en el segundo curso de secundaria, cuando se volvió rebelde y retador, carecía de ambición y su cuarto siempre estaba desordenado. Fumaba marihuana, bebía mucho y comenzó a consumir LSD.

En 1976, tras inyectarse sangre de conejo fue enviado a un psiquiátrico donde causó pánico entre el personal del centro. Algunos de esos empleados contaron que Chase cazaba pájaros y les mordía la cabeza. En su diario describía cómo mataba pequeños animales y el sabor de su sangre. Con medicación se consiguió controlar su conducta y se le concedió el alta a pesar de que los enfermeros y enfermeras advirtieron de que era un peligro para la sociedad.

A mediados de 1978, el cuerpo del niño de 22 meses, apareció sin vida. Le acusaron de seis asesinatos en primer grado. Reconoció haber cometido los asesinatos, pero dijo que fue en defensa propia. Según él, había matado para conseguir la sangre que necesitaba para vivir.

Repasemos a los tres asesinos en serie que hemos visto y sus características:

1.-Jack, el Destripador, que jamás sabremos por qué asesinaba, pero que consiguió que todos los focos proyectasen su luz más potente sobre él. Tal vez, El Destripador, actuaba por diversión, o por odio, tengamos en cuenta que todas sus víctimas eran prostitutas del East End. ¿Le pudo transmitir alguna prostituta alguna enfermedad venérea que le llevó a la muerte? Siempre nos movemos en el terreno de las hipótesis en este caso.

2.-H.H. Holmes, que tan solo quería dinero, sin importar cuál fuese el medio para conseguirlo y que, obviamente, no podía dejar pistas. Era el mal en estado puro.

3.-Richard Trenton Chase, un enfermo mental, que presentaba desórdenes del comportamiento antes de la adolescencia. Una madre displicente, una sociedad excesivamente incrédula, le permitieron vivir en libertad hasta que fue demasiado tarde.

Podríamos seguir tomando ejemplos y, casi todos, se ajustarían a estos tres tipos. Usted, como yo, tratamos todos los días con decenas de personas. ¿Podría asegurarme que todos son buenos, que ninguno ha matado?

¿Se encerraría usted en una habitación con un hombre al que no conoce? Seguramente, responderá con un rotundo: NO. Pero, ¿y las personas que conoce, siempre se han comportado como usted cree?

Los asesinos en serie se apoyan en la semejanza, en la mimetización y en el anonimato que les proporciona las grandes masas poblacionales. ¿Conocemos a quienes tenemos enfrente?

En una sociedad que ha hecho de la mediocridad, la explotación y la crueldad sus señas de identidad, díganme, ¿están seguros de que están a salvo?

Se apoyan en la mimetización y en el anonimato de las grandes masas poblacionales. @morenopcarmen Clic para tuitear

 

Asesinos en serie. Nadie está a salvo, un artículo de Carmen Moreno

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