¿Quién de nosotros no disfruta de pasear por un jardín mientras contempla las plantas y las flores que crecen en él? Ya sea que seamos conocedores o no de los nombres de las plantas, sus características y propiedades, podemos disfrutar de un paseo por un jardín que nos ofrezca refugio en verano y consuelo en invierno, ya sea real o literario.

Un libro especial para los amantes de la jardinería es el de la escritora inglesa Penelope Lively Vida en el jardín, el cual recorre jardines en la historia europea, la pintura y la literatura.

En cuanto a los jardines literarios, la autora menciona en su libro distintos usos de este espacio en la ficción. Para Lively, el jardín puede ser utilizado como medio para desarrollar el estilo de la obra; sirviendo a un propósito narrativo como el de indicar el paso del tiempo; como elemento ambiental; para definir la personalidad de un personaje; y para dar cuenta de una época, clase o género.

Una de las obras y jardines que Lively nombra es Rebeca y el jardín de la mansión Manderley, creaciones de Daphne du Maurier. En ella, pueden reconocerse varios de los usos del jardín en la ficción que Lively menciona.

En este libro, la protagonista cuyo nombre desconocemos, se convierte en la segunda esposa de Max de Winter, un aristócrata inglés que la lleva a vivir a Manderley. Allí, la joven esposa se imagina permanentemente los pasos dados por su antecesora Rebeca, de la cual solo conoce rumores que recuerdan su impactante belleza y su maravilloso carácter.

El jardín literario de Rebeca

Rebeca es permanentemente invocada a través de la decoración de la casa, pero sobre todo es en el jardín donde su presencia se vuelve más sobrecogedora.

El susurro de las hojas parece el de las faldas de seda de una mujer que se mueve furtivamente; y cuando tiemblan las ramas y caen las hojas desparramándose, bien pudiera creerse que es el eco de precipitados pasos femeninos. Y aquellas marcas del camino parecen hechas por unos zapatos de tacón alto.

Rebeca. Daphne du Maurier

Manderley es una mansión al oeste de Inglaterra que cuenta con un amplio número de criados que trabajaban en ella y, según la costumbre que se instaló en el siglo XVIII, tiene un día de visita para que turistas menos adinerados puedan conocerla. El jardín desempeña entonces un papel como indicador social por su tamaño y su cuidado encargado a numerosos jardineros.

El jardín de #Rebeca desempeña un papel como indicador social por su tamaño y su cuidado encargado a numerosos jardineros, pero también nos habla de género. El jardín literario de Rebeca, un artículo de @despaseando. Clic para tuitear

Este contextualiza a una clase pero también nos habla de género. Fue Rebeca quién diseñó este jardín, tarea que hasta fines del siglo XIX no era común ni bien visto que desempeñaran las mujeres, ya que como explican las escritoras del libro Las mujeres que aman las plantas, Claudia Lanfranconi y Sabine Frank, la jardinería era

considerada más como pasatiempo destinado a realzar los encantos femeninos que como algo serio: la mujer elegante brillaba aún más en medio del esplendor de un jardín florido, y el jardín resaltaba más todavía cuando sus cuidados revelaban una mano femenina. Estaba bien visto que las féminas cortasen flores o dedicaran parte de su tiempo a la herborización, pero había que protegerlas a toda costa de un trabajo físico duro y de conocimientos científicos demasiado profundos.

Las mujeres que aman las plantas. Claudia Lanfranconi y Sabine Frank

¿Quién era Rebeca? Su sombra, su fragancia y sus elecciones dan forma a Manderley y sus alrededores. Temeraria e independiente, Rebeca no estaba limitada a esta casa sino que salía a navegar a todas horas y visitaba frecuentemente Londres. Pero pareciera que la misma casa es Rebeca, modelados bajo su gusto tanto el interior como su jardín. Este último compone una atmósfera sofocante y es también un personaje en sí mismo, con características y personalidad que recuerdan a su difunta dueña. El rododendro, la planta más mencionada, es según Lively «todo menos sencillo y apocado, y parece la flor más adecuada para representar la inquietante presencia de la fallecida Rebeca: ampulosa, exuberante, segura de sí misma».

Pareciera que la misma casa es #Rebeca, modelados bajo su gusto tanto el interior como su jardín, un personaje en sí mismo, con características y personalidad que recuerdan a su difunta dueña. Un artículo de @despaseando. Clic para tuitear
El jardín literario de Rebeca
Rododendros. Fotografía de Kendra Wilson

Rebeca y su lugar en la mansión son la obsesión de la protagonista, quien en su único deseo de contar con el amor de su marido, se compara permanentemente con su esposa anterior. Nos encontramos ante una historia de relaciones obsesivas, inseguridades y apariencias en un contexto donde se plasman las desigualdades de género y de clase.

Pero algo se nos anticipa, ya que el jardín nos habla también del paso del tiempo, como introduce el libro antes de comenzar a contar lo sucedido. Las hiedras y el jardín abandonado nos reciben para mantenernos expectantes a lo largo del libro esperando conocer qué sucedió con Manderley y con Rebeca.

Nos miraban los rododendros. Pronto pasaría su hora. Ya estaban demasiado abiertos y algo mustios. El próximo mes comenzarían a caérseles los pétalos, uno a uno, y los jardineros los barrerían. Su belleza era poco duradera. Breve, corta.

Rebeca. Daphne du Maurier

El jardín de Rebeca nos sofoca y maravilla al mismo tiempo.

Un artículo de Agustina Atrio

DESPASEANDO

Imagen de portada: Rebeca, de Alfred Hitchcock

Diseño de la portada: David de la Torre

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