Johan Wolfgang von Goethe nació un 28 de agosto del año 1749, hijo de un abogado y consejero imperial, que se retiró de la escena política para educar a sus hijos. Goethe no dejó nada al azar o la providencia y él mismo se encargó de contar su vida en su obra Poesía y verdad, lo que sabemos de él está bien documentado, por su biografía, por sus cartas, por sus amigos (eminentes como Napoleón o Schopenhauer) y por su secretario que anotó con detalle cada conversación que mantuvo con el maestro. Goethe era hijo de ricos y su posición desde la cuna fue la de un señor. Superdotado, estudió literalmente de todo y su cultura y conocimientos llegaron a todos los niveles.

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A nivel cultural su curiosidad no conocía límites, aunque sus primeros trabajos rondaban los caminos del estricto Neoclasicismo francés y el Aufklärung (confianza en la razón) alemán, pronto descubrió el misticismo pietista (del que da fe en Las penas del joven Werther) y la poesía popular alemana, que lo llevó hasta Shakespeare, Calderón de la Barca y el convencimiento de que el espíritu y los sentimientos son más profundos que la razón.

Werther y el ímpetu tempestuoso

Liberado de las cadenas de la razón participó en el manifiesto fundacional de la Sturm und Drag (Tormenta e ímpetu), que resulta ser la antesala del romanticismo alemán. Es entonces cuando escribe y publica Las penas del joven Werther, que alcanzó un éxito inmediato. Muchos jóvenes se vestían como el protagonista y dejaban este mundo prematuramente, la aparición de aquella novela epistolar fue un éxito mayor que el de cualquiera de los best sellers modernos, Goethe no sólo consiguió que los jóvenes quisieran imitar a su protagonista, logró que se identificasen con él hasta el límite de suicidarse para emularlo.

Goethe, de la eternidad y del suicidio

Werther juega con los niños de Lotte.

La historia del desgraciado Werther, estaba además basada en dos hechos que le sucedieron mientras ejercía la abogacía. Por una parte, el amor no correspondido de Werther, fue en realidad un enamoramiento que padeció el mismo Goethe. El objeto de su deseo fue la joven Charlotte Buff, prometida de su colega Johann Christian Kestner, un abogado en prácticas. El suicidio de Werther lo basó en la muerte de Karl Willhelm Jerusalem, otro abogado atormentado por un amor no correspondido que se suicidó con las pistolas de Kestner.

Goethe imperial

Tras Werther, quiso asentarse como abogado, aunque con poca fortuna. Esto unido a un fracaso sentimental, hicieron que aceptase un puesto en la corte de Weimar, al servicio del príncipe Carlos Augusto. La corte le permitió escapar de sus mayores fracasos: la abogacía y su compromiso fallido.

En la corte, el príncipe necesitaba a Goethe para casi cualquier cosa, esto impidió que pudiese escribir y durante casi diez años, su obra quedó aparcada. Por suerte, la madre de Carlos Augusto, convino en formar un círculo de intelectuales que se mantuviese siempre cerca de su hijo y lo ayudase a gobernar, la emperatriz insistió en incluir en él a Goethe que aceptó encantado. Gracias a este movimiento, Goethe se convirtió en una especie de ministro supremo, y bajo su supervisión la biblioteca ducal pasó a ser una de las más importantes del mundo.

Rebelde sin causa

Aprovechando un ligero respiro en sus actividades en la corte, Goethe viaja a Italia. En su foro interno nunca ha dejado de ser un científico, suyos son algunos descubrimientos como el del hueso intermaxilar, que sentaría la primera piedra de la teoría de la evolución. En Italia comienza a estudiar la cultura grecolatina quedando prendado de su riqueza. Sería en Italia donde escribiría el primer borrador del Fausto.

Al regresar a su casa en Weimar, la nueva estética y la forma de vida “alterada” de Goethe causan un profundo efecto en la corte alemana. Regresa de Italia con una mujer, Christiane Vulpius, con la que vive sin casarse y de la que tiene un hijo, Julius August Walther von Goethe. En esa época publica su libro científico Zur Farbenlehre, con el que trataba de refutar la teoría de los colores de Newton.

Fausto y la posteridad

Goethe, de la eternidad y del suicidio

Johann Faust

Terminada en 1773, Goethe no dejó de ampliar y retocar la obra hasta 1806. Su gran obra, su ópera prima, que pasaría a formar parte de los grandes títulos de la literatura universal.

Fausto es una tragedia extensa y complicada, formada por dos partes: en la primera Fausto, cansado de la vida y de su ciencia, pacta con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma. La segunda parte trata del amor de Fausto y Gretchen y de cómo el diablo (Mefistófeles) manipula ese amor, llevando a Fausto a cometer homicidio y a Gretchen a terminar sentenciada a muerte.

La obra, al igual que Las penas del joven Werther, está basada en algunos hechos reales o en leyendas locales. Al parecer sí que existió un tal Johann Faust, que nació en 1490 en el sur de Alemania, al parecer vivió toda la vida huyendo de acusaciones de brujería. A su muerte, encontraron su biblioteca llena de libros de todo tipo de ciencia, incluidos algunos de magia negra.

El mayor cambio que introduce Goethe con respecto a las leyendas alemanas sobre Johann Faust y los pactos con el demonio es el motivo. Las viejas leyendas siempre culpan a la ambición, al envidia o la codicia, sin embargo, el Fausto de Goethe sólo quiere conocimiento, esa es su única motivación.

Goethe cosechó un gran éxito en vida, su posición social era envidiable y pasó la vida rodeado de grandes amigos y celebridades de la época, estuvo con Napoleón, con Schiller, fue amigo de Beethoven y de Schopenhauer. Delacroix lo retrató en una litografía en 1827, pocos años antes de su muerte. Un hombre universal cuya obra abarca la cultura alemana por completo.

 

Goethe, de la eternidad y el suicidio es un artículo de Jaume Vicent