El cine nació como un humilde juguete en las manos de un niño. Una linterna mágica a través de la cual, los ojos del mundo se asomaron a la ventana más lunática que existió jamás.Entrad en la barraca, sentaos en vuestra silla de madera y asistid al espectáculo que os vamos a mostrar.

Moon Naciente y la fábrica de sueños

La linterna mágica. Sombras chinescas

la linterna magica

Las damas, del brazo de sus acompañantes, entran y buscan acomodo en las sillas de madera.

Él se atusa la barba, enciende su habano, se coloca los impertinentes… Ella, erguida, sin quitarse el tocado, espera a que la blanca pantalla se llene de vida.

Las luces se apagan, sube el telón. Las imágenes temblorosas inundan la pantalla. Al fondo se escucha el ronco murmullo de un proyector. La protagonista exhala un alarido sordo. Sus gestos teatrales atrapan el interés de los asistentes: sus enormes ojos negros se abren desmesuradamente mientras una mano cubre su boca en un intento de ahogar el grito que pugna por salir de su garganta. Su blanco rostro, demudado por el miedo, anuncia un ataque impúdico.

Las notas de un piano rabioso llenan la estancia y acentúan dramáticamente la escena.

Un “¡Oh!” se escucha en la sala.

La echadora de cartas asoma entre las cortinas; la mujer barbuda abandona la peana.

La linterna Mágica 

Moon Naciente

La linterna mágica.- Cámara BolexH16 - "EL ÓRGANO CON QUE YO HE COMPRENDIDO EL MUNDO ES EL OJO." J. W. Goethe.

La linterna mágica – Cámara BolexH16 –
“EL ÓRGANO CON QUE YO HE COMPRENDIDO EL MUNDO ES EL OJO.”
J. W. Goethe.

Georges Méliès, el primer lunático del cine. Méliès fue el primero en construir un estudio en Europa y se dedicó a montar su propia pequeña industria basada en la producción de obritas de ficción. @txaro_cardenas Clic para tuitear

El primer lunático del cine

Entre los asistentes que, sin saber lo que se iban a encontrar, bajaron aquellas escaleras que conducían al Salon Indien del Grand Café de París, se hallaba un hombre de mediana edad llamado Georges Méliès, ilusionista y director del teatro Robert Houdin. En la primera sesión no se consiguió el aforo esperado y se respiraba cierto clima de escepticismo. Pero de pronto, al apagarse las luces, esa primera impresión desapareció, y en su lugar, la mirada se hizo protagonista. El público contemplaba atónito cómo el fantasma de un coche se precipitaba desde el blanco sudario de la pantalla. Y entre aquellos ojos, los del mago de Montreuil vieron más allá y supieron cuál era la quintaesencia de aquel juguete nuevo. Fue el primero que vio en él una fábrica de sueños, de ilusiones, e iba a desentrañarla para crear el más grande truco de magia de la historia. En efecto, el cine dio un salto cualitativo con Méliès. Si los Hermanos Lumière se limitaron a reflejar la realidad que los rodeaba, en una serie de inocentes secuencias de la vida cotidiana, Méliès lo encauzó hacia la ficción. Utilizó las amplias posibilidades de trucaje que le ofrecía aquel nuevo juguete para llevar a cabo sus espectáculos de prestidigitación y, así, crear historias llenas de fantasía en las que por primera vez se incluyeron elementos teatrales como maquetas, decorados, tramoyas, maquillajes; se utilizaron fundidos, el paso de manivela (parar y arrancar la cámara para fingir desapariciones); travellings para ampliar objetos (no se dio cuenta de la importancia expresiva del primer plano, trabajo para posteriores pioneros); e, incluso, fotogramas pintados a mano. Méliès fue el primero en construir un “estudio” en Europa y se dedicó a montar su propia pequeña industria basada en la producción de obritas de ficción como El huevo Mágico (L´oeuf Magique Prolifique, 1902), El Melómano (Le Mélomane, 1903), Viaje a través de lo imposible (Le voyage à travers de l´impossible, 1904) o la maravillosa y excéntrica Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, 1902). También a su inventiva debemos atribuir su particular aportación a un nuevo género cinematográfico, basado en el periodismo gráfico pero creado totalmente en su estudio: Las actualidades reconstruidas.

Méliès fue el primer lunático de la historia del cine. Visionario, excéntrico, comercial, creador de ilusiones. Instauró sin darse cuenta las figuras del director, guionista, actor, tramoyista, maquillador… Pero Georges Méliès fue, sobre todo, un mago con un juguete en las manos.

“Viaje a la luna” de Georges Méliès

La linterna mágica

Txaro Cárdenas