Irene M. O., filosofía

Irene M. O. tenía dieciséis años cuando nos enamoró con su redacción escolar sobre la belleza.

Fue su madre la que nos la hizo llegar y nos habló sobre Irene, una estudiante de 1º de Bachillerato de carácter fuerte y defensora de lo justo, que había elegido la rama de letras por sus claras aptitudes y porque “no se llevaba bien con las matemáticas”.
Automáticamente decidimos que Irene ocupara un puesto como más que preparada lobezno en este lado de la luna.
Todos los comentarios que nos han llegado desde entonces coinciden en señalar que esta joven cachorro de lobo posee un importante grado de madurez intelectual y un don especial a la hora de expresarse.

Las cosas como son: Irene es muy lista y escribe muy bien. Expone con claridad sus argumentos y en esta ocasión el profesor de Filosofía la ha felicitado por su ensayo, al contrario que hace un año, pues aunque os parezca extraño, la redacción sobre la belleza de Irene M. O. no fue merecedora de su aprobado… Un profesor más que exigente…
Sin más preámbulos, damos directamente paso al ensayo  para que nos deis vuestra opinión.
Que lo disfrutéis.

Irene M. O., filosofía.

¿Cambio o Permanencia?

La aparición de la necesidad de creer en algo que no se sustente en un mito o creencia, es algo tan elemental para nosotros hoy en día que somos incapaces de comprender la importancia que tuvo en la humanidad. Es cierto que hoy existen discrepancias entre los científicos y los creyentes, no obstante, hay teorías científicas que nos permiten conocer el por qué de muchas cosas y no nos damos cuenta de que, si existen, es gracias a que alguien en su momento se empezó a preguntar “¿cómo?”.

A partir de entonces surgieron infinidad de preguntas e infinidad de respuestas pero, lo importante, es que apareció el interés por demostrar cómo somos, de dónde venimos, a dónde vamos… es decir: el porqué y la realidad de las cosas.

Una de estas preguntas nos debate entre el cambio y la permanencia. ¿Lo que hay es lo que existe y permanece siempre igual o, por el contrario, se halla en en constante devenir?
Pues bien, desde el siglo VI, diferentes filósofos propusieron diferentes teorías acerca de ello.
Yo creo que tengo claro mi punto de vista, sin embargo, prefiero analizar antes las teorías de los filósofos que opinaron sobre el tema y buscar ejemplos para entenderlos. Al fin y al cabo, no hay una verdad y una mentira. Creo que es cuestión de opiniones.

Irene M. O. Cambio o permanencia

Irene M. O. Cambio o permanencia

Tres filósofos presocráticos griegos, de la ciudad de Mileto propusieron una respuesta monista a la pregunta del origen del universo. Tales afirmaba que todo provenía del agua. Anaxímenes pensaba que el arché era el aire y Anaximandro creía en algo mas abstracto, un algo indeterminado al que llamó Apeiron.
Heráclito no estaba de acuerdo y sugirió como arché al fuego: “Este cosmos no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que se enciende según medida y se extingue según medida”. Relacionó el fuego con el flujo de las cosas y, a su vez, con el cambio. Heráclito defendía un constante devenir.

Los cuatro creen que a partir de un solo material surge todo lo demás y eso es algo que Parménides no logra entender y que, por tanto, discute. Parménides dice que de una cosa es imposible que surja la pluralidad, defiende la permanencia y expone que lo que es, hay o existe es único y que por tanto, no cambia nunca. Estos cuatro filósofos tienen una cosa en común que los “enfrentará” con la ideología de Parménides, especialmente a este último.

Es posible que Parménides esté en lo cierto y que las cosas sean siempre iguales. Vimos el año pasado un ejemplo que hablaba de un río. Éste podía tener mas o menos caudal, mas o menos peces o diferentes piedras al largo de los años, pero sin embargo, es exactamente el MISMO río, solo que diferente.

El Tajo por ejemplo, aunque esté más contaminado que hace años, sus cantos estén más erosionados o su caudal haya variado; su trayectoria sigue siendo exactamente la MISMA y sigue siendo el río Tajo.

Una casa, por ejemplo. En una casa pueden vivir dos personas y al cabo de diez años pasar a ser cuatro. Como aumentan las personas, aumentan los muebles, se cambia la estructura interior o puede incluso que la pinten por fuera, pero… ¿cambiaron los tabiques?, ¿los cimientos?, ¿se ha desplazado?, ¿ha dejado de llamarse casa? Sigue siendo la MISMA casa, simplemente, diferente.
Creo que entiendo lo que Parménides pretende explicar y, en cierto modo, estoy de acuerdo con lo que dice.

Por otro lado, puede que Heráclito también tenga razón y todo fluya constantemente.
¿Podemos decir que vivimos en el mismo mundo de hace millones de años? ¿Es el mismo mundo que habitaban los dinosaurios? Es verdad que se sigue llamando Tierra, que sigue girando alrededor del Sol y que es el único planeta conocido que sus condiciones son aptas para la vida, pero ¿de verdad podemos decir que es el mismo? No me imagino a un dinosaurio en una gran ciudad como Nueva York ni mucho menos a una célebre actriz en medio del jurásico. Si cambia, deja de ser el mismo y por tanto, es diferente.

Muchas veces hemos escuchado o incluso dicho “No te reconozco, no eres el mismo”. Esa persona ha cambiado, ya sea su actitud, personalidad o físicamente y, por mucho que se siga llamando igual, ha cambiado; al igual que el río, la casa o yo misma. Somos lo mismo pero diferentes.

Tras analizar los diferentes puntos de vista, he de decir que yo creo que el conflicto viene de según cómo se interprete la frase “Lo mismo pero diferente”. Hay quien lo entiende como “Al fin y al cabo es lo mismo” y hay quien entiende “De todos modos, diferente”.

Puestos a escoger, yo me quedaría con la idea de que todo cambia, que por tanto pasa a ser diferente y deja de ser lo mismo, pero el conflicto de cambio-permanencia es algo que depende de cada uno y que, por tanto, resulta imposible conocer cuál es la realidad.

Irene M. O.

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