Recién estrenada, Malasaña 32 llega a Revista MoonMagazine con más de un buen susto: algunas casas tienen esa rara peculiaridad de hacernos temblar. O no. Que nos lo cuente Teresa.

 

No sé cómo fue, pero a la primera mirada que eché al edificio invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable tristeza […] Miré el escenario que tenía delante —la casa y el sencillo paisaje del dominio, las paredes desnudas, las ventanas como ojos vacíos, los ralos y siniestros juncos, y los escasos troncos de árboles agostados— con una fuerte depresión de ánimo únicamente comparable, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio, la amarga caída en la existencia cotidiana, el horrible descorrerse del velo. Era una frialdad, un abatimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia forma alguna de lo sublime. ¿Qué era —me detuve a pensar—, qué era lo que así me desalentaba en la contemplación de la Casa Usher?

La caída de la Casa Usher, Edgar Allan Poe

Casas, casas, casas. Algunas con secretos. Secretos que se materializan cuando traspasas sus puertas. Teresa Suárez nos habla sobre esas casas (ella las ha visto) y sobre #Malasaña32. #cine #estreno @pitosporum. Share on X

Malasaña 32, una película de terror con trasfondo social

En el año 1976, mientras el país se halla inmerso en un proceso de cambio político, Candela, Manolo, sus tres hijos y el abuelo Fermín, aquejado de Alzheimer, emigran a la capital en busca de la tranquilidad, el bienestar y la prosperidad económica que el pueblo les ha negado.

Con la venta de sus escasos bienes, y una hipoteca de esas para toda la vida, adquieren una vivienda (cuatro habitaciones, salón, cocina y baño) en un edificio ubicado en la calle Malasaña. En su nueva residencia, deshabitada desde hace cuatro años, además de cantidades ingentes de polvo, y toda una generación de arañas, encuentran el ajuar completo de su antigua ocupante y un retrato de la misma.

Domatofobia o el miedo irracional a las casas

Una casa se transforma en hogar cuando proporciona a sus habitantes refugio, calma y seguridad. La familia Olmedo pronto descubrirá que ni han comprado un oasis de paz ni están solos en su nuevo piso…

Una casa se transforma en hogar cuando proporciona a sus habitantes refugio, calma y seguridad. La familia Olmedo pronto descubrirá que ni han comprado un oasis de paz ni están solos en su nuevo piso. #Malasaña32. @pitosporum. Share on X

Resulta que entre todos los temores absurdos y de carácter enfermizo hacia personas, animales, situaciones o cosas, existe uno denominado domatofobia que habla del miedo irracional a las casas. Afirman que quienes lo padecen no pueden quedarse a solas en un edificio e incluso que, en ocasiones, ni siquiera pueden entrar en él. El miedo no es a sentirse encerrados (de eso se ocupa la claustro, variedad más conocida de las fobias) sino a la propia casa, cual si de un ente con personalidad propia se tratara.

Casas encantadoras por fuera y encantadas por dentro. Casas con ventanas en las que delicadas y pálidas manos levantan visillos que esconden más que enseñan. Casas de varias plantas presididas por majestuosas escaleras de madera que crujen bajo tus pies o los de presencias no invitadas. Largos pasillos con habitaciones a ambos lados. Puertas que chirrían. Buhardillas llenas de trastos inservibles en las que el terror, bajo las formas más insospechadas, se arrastra, te llama, te espera…

Malasaña 32, algo más que una película de terror

Casa solariega en Elizondo. Fotografía: ©Teresa Súarez

Como friki aficionada al pánico que se expande y circula por cimientos, pilares, muros de carga, suelos, techos y sótanos, puedo asegurar que la domatofobia no se encuentra en mi catálogo de miedos atávicos.

Desde mi más tierna infancia las casas abandonadas han ejercido una malsana atracción sobre mí que con los años, lejos de desaparecer, ha aumentado. Vaya donde vaya encuentro casas que fotografiar y cuando contemplo dichas fotografías, suelo descubrir en ellas un halo tenebroso y romántico que aviva mi imaginación. ¡La casa de mis sueños siempre es misteriosa!

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Riomalo de Abajo, Las Hurdes. Fotografía de ©Teresa Suárez

De que soy una groupie del género da fe la cantidad de películas sobre casas encantadas que he visto a lo largo de «mi carrera» como espectadora: el «acogedor» motel de Norman, la casita de los Freelings en Poltergeist, la «adorable» Amityville, Rose Red, el Overlook o, ya en España, El orfanato de J.A. Bayona (el Palacio de Partarríu de Llanes es una mansión construida por indianos con dos pisos, ático, torre y semisótano, donde todas las fachadas son diferentes, por lo que tienes la sensación de que la casa se mueve o cambia). Y todo eso sin hablar de Hill House y su maldición que mucho, mucho tiempo después de haber finalizado el último capítulo de la serie, sigue amenizando mis más horribles pesadillas.

Así que háganme caso, sé un poco sobre casas malditas.

Mansión en Bérgamo

Casa en Bérgamo, Italia. Fotografía de ©Teresa Suárez

El terror en Malasaña 32

En un artículo publicado en esta misma revista en octubre de 2019, Juan Ramón Biedma recomendaba siete películas de terror recientes para ver en Halloween. Había visto La visita de M. Night Shyamalan, que me angustió sobremanera, y La autopsia de Jane Doe que reseñé para Calibre 38.

Así que, excepto en el caso de Asylum: El experimento (no me atrajo su temática), seguí el consejo de Juan Ramón y vi El hombre de las sombras (me aburrió), It Follows (una original propuesta que, por la forma de pasarse el bicho/monstruo, podría estar patrocinada tanto por la Iglesia como por la Dirección General de Salud Pública), Líbranos del mal (las posesiones demoniacas son un valor seguro) y la película de Paco Plaza Verónica de la que Biedma dice: «Ya sé que refríe un trillado arsenal de trucaje asustaviejas para construir su pirotecnia esotérica, pero la película se salva por esa chavalita que soporta en solitario el enorme peso de la familia, de la tormenta sobrenatural que se desata sobre ella, de los pésimos rollos de su edad e incluso de la España de los setenta».

La película de Paco Plaza guarda ciertas similitudes con Malasaña 32 de Albert Pintó: las dos transcurren en conocidos barrios madrileños (Vallecas y Malasaña) en la década de los setenta, por lo que comparten estética, cuentan con excelentes bandas sonoras y ambas están basadas en hechos reales.

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Pero mientras que Verónica, al tratar de una supuesta posesión demoníaca, se centra más en los efectos demoledores, tanto físicos como mentales, que la invasión de una entidad sobrenatural produce en el cuerpo y la mente de la poseída, Malasaña 32 tiene un importante trasfondo social que te hace preguntarte qué mal es peor si el de dentro (debido a una muerta que se niegan a cruzar al otro lado) o el de fuera (cortesía de amigos y vecinos que, movidos por la envidia y la mala baba, se resisten a que tú y tu familia veáis la luz al final del túnel).

El importante trasfondo social de #Malasaña32 hace que te preguntes qué mal es peor, si el de dentro (lo paranormal) o el de fuera (amigos y vecinos que se resisten a que tú y tu familia veáis la luz al final del túnel). @pitosporum. Share on X

«La ciudad es hostil, lo sé, pero se aguanta cuando las cosas en casa van bien», cantan El Chojin y Nita en Créeme, tema central de Malasaña 32.

En los setenta tener una relación sin estar casados era un pecado imperdonable. En el pueblo, donde todo el mundo se conoce, te estigmatiza para siempre. En la ciudad no contar con el libro de familia te dificulta empezar esa nueva vida que tanto anhelas.

Así que dudas, claro que dudas. ¿Qué es preferible, un ente que entre sus recursos para acojonar a sus inquilinos hace sonar en el tocadiscos la canción de Rafael que dice «yo soy aquel que cada noche te persigue» (sentido del humor no le falta al jodio) o una «conocida» que te ayuda a encontrar trabajo pero que, en cuanto tiene ocasión, vuelve a escupirte tu falta a la cara?

Algunos críticos han dicho que Malasaña 32 es poco original, estereotipada y predecible. Probablemente no les falte razón, probablemente, pero he de decir que los sustos (por más que hayamos visto la escena cientos de veces en pantalla) son tan efectivos que te hacen desgañitarte como si fuera la primera vez.

En mi opinión Malasaña 32 es más que una película de terror. No solo asusta por los sucesos paranormales (fantasmas, demonios o presencias extrañas) sino que se nutre de un pánico tan profundo y antiguo como, en ocasiones, incontrolable: el miedo a la vida misma.

¿Con cuál se quedan?

#Malasaña32 es más que una #película de #terror, se nutre de un pánico tan profundo y antiguo como, en ocasiones, incontrolable: el miedo a la vida misma. #Estrenos #Cine Teresa Suárez. @pitosporum. Share on X

 

Una crítica de Teresa Suárez

Las fotografías de las casas que incluimos en el artículo son de ©Teresa Suárez

 

 

Malasaña 32

Director: Albert Pintó

Guion: Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina, David Orea

Reparto: Begoña Vargas, Iván Marcos, Bea Segura, Sergio Castellanos, José Luis de Madariaga, Iván Renedo, Javier Botet, María Ballesteros, Rosa Álvarez, Concha Velasco

 

 

 

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