Mujercitas, la novela clásica de Louise May Alcott ha vuelto a las pantallas de cine de la mano de la directora estadounidense Greta Gerwig. Teresa Suárez nos da su opinión.

Mujercitas. Greta Gerwig (2019)

En el recuerdo de mis Navidades pasadas resuenan los ecos de todas esas historias que aún conservan ese poder evocador que me retrotrae a mi infancia…

Cuento de Navidad de Dickens, la historia del muy tacaño, huraño y egoísta Ebenezer Scrooge (¡Bah, paparruchas!), que detesta la Navidad, a los niños y a todo cuanto pueda producir felicidad, y que cuando en Nochebuena es visitado por el espíritu de las Navidades pasadas (le recuerda su infancia e inocencia), presentes (las familias, pese a la enfermedad y la pobreza, preparan con alegría la cena de esa noche) y futuras (nadie llorará su muerte), se da cuenta de que no es tarde para cambiar y se transforma en un hombre amable y generoso, dispuesto a ayudar a cuantos le rodean.

George Bailey exclamando jubiloso ¡Qué bello es vivir!, porque bajo las ordenes de Frank Capra la vida, verdaderamente, es bella.

En la tele, en blanco y negro, Mujercitas, que me hacía soñar con llegar a ser un día como Jo: fuerte, independiente, decidida y una gran escritora…

Aunque no he leído la novela Little Women de Louise May Alcott, además de la última de Greta Gerwig, he visto la adaptación al cine de 1994 dirigida por Gillian Armstrong y la de 1949 de Mervyn LeRoy, mi favorita. Seguro que ahora mismo habrá quienes piensen que soy un poco masoquista o que mi gusto cinematográfico es bastante cuestionable. No se lo tendré en cuenta porque, probablemente, tengan razón en ambas cosas.

En la tele, en blanco y negro, #MujercitasLaPelícula me hacía soñar con llegar a ser un día como Jo: fuerte, independiente, decidida y una gran escritora… Teresa Suárez #criticacine @pitosporum. Share on X

Ambientada durante la Guerra Civil estadounidense, Mujercitas narra la vida de las hermanas March en Nueva Inglaterra. La ausencia de la figura paterna (Robert, el padre, en unas versiones es capellán para el Ejército de la Unión y en otras es médico) convierte el hogar de los March en un gineceo donde Margaret (Marmee), la matriarca, debe conciliar la educación en los valores éticos fundamentales (respeto, justicia, virtud cívica o ciudadanía) con un grado de libertad suficiente que permita el desarrollo de los temperamentos artísticos de sus cuatro hijas.

Cuando se habla de Mujercitas son muchas las sonrisas condesciendes que se dibujan en los rostros de algunos hombres y mujeres que, con aires de suficiencia, reniegan del hecho de que algo tan «cursi» pueda entusiasmar.

Louisa May Alcott escribió Little Women en 1868.

Estamos, pues, en el Siglo XIX y en relación con la mujer, su lugar y capacidades, en ese período, dominado por la visión de cuatro de los grandes de la Filosofía, impera lo que Amelia Valcárcel, filosofa feminista española, denomina misoginia romántica, y que en la antología de textos filosóficos titulada La filosofía contemporánea desde una perspectiva no androcéntrica (coord. por Alicia Helda Puleo García) ilustra con algunos de los textos de los autores citados:

Hegel (1770-1831): «Las mujeres pueden por supuesto ser cultas, pero no están hechas para las ciencias más elevadas, para la filosofía y para ciertas producciones del arte que exigen un universal. [… ] El Estado correría peligro si hubiera mujeres a la cabeza del gobierno, porque no actúan según exigencias de la universalidad, sino siguiendo opiniones e inclinaciones contingentes», Principios de Filosofía del Derecho.

Schopenhauer (1788-1860): «En las mozas solteras, la Naturaleza parece haber querido hacer lo que en lenguaje dramático se llama un efecto teatral. Durante algunos años, las adorna con una hermosura, una gracia y una perfección extraordinarias, a expensas de todo el resto de su vida, para que durante esos breves años de esplendor puedan adueñarse intensamente de la imaginación de un hombre y arrastrarle a que cargue legalmente con ellas de cualquier manera [… ] Pero son inferiores a los varones en todo lo que se refiere a la equidad, a la rectitud, a la probidad escrupulosa. [… ] La injusticia es el defecto capital de las naturalezas femeninas», Eudemonología, Parerga y Paralipómena.

Kierkegaard (1813-1855): «Todo rayo de femineidad resplandece con su particular belleza, encierra en sí una propiedad esencial; sonrisas alegres, miradas maliciosas, ojos escrutadores, cabeza reclinada, liviandad desenfrenada, tranquila tristeza, profundos presentimientos, nostalgia terrenal, cejas amenazadoras, frente misteriosa, labios inquisitivos, rizos seductores, fiereza celestial, timidez terrena, pureza angelical, sonrojos ligeros, paso leve, movimientos encantadores, actitudes lánguidas, deseos ensoñadores, suspiros inexplicables, persona ágil, formas muelles, pechos ondulantes, pies pequeños, manos subyugantes; todo esto son partículas dispersas y propiedad de la belleza femenina [… ] Algún día trataré de definir al ser femenino. Y, ¿qué definición puede adecuarse mejor? La de un ser cuya finalidad está en otro ser», Diario de un seductor.

Nietzsche (1844-1900): «El hombre y la mujer entienden cada uno por amor una cosa diferente, y una de las condiciones del amor entre los dos sexos es que a los sentimientos del uno no corresponden en el otro sentimientos idénticos. Lo que la mujer entiende por amor es clarísimo: abandono completo en cuerpo y alma (no sólo abnegación) sin miramientos ni restricciones. A la mujer le avergonzaría, por el contrarío, una entrega sujeta a cláusulas y restricciones. Supuesta esta carencia de condiciones, su amor es una verdadera fe, su única fe. El hombre, cuando ama a una mujer, le exige este amor, y por lo mismo que se lo exige él está a cien leguas de las hipótesis del amor femenino; suponiendo que haya hombres que sientan la necesidad de aquel abandono completo, esos hombres no son hombres», La Gaya Ciencia.

En ese escenario, la publicación de Little Women supuso un auténtico revulsivo dentro de la literatura.

Negarse a adoptar una actitud sumisa frente a la rica tía March cuyo patrimonio podría asegurar su futuro, cortarse la larga melena (aun sabiendo que con ello resultará menos atractiva al otro sexo) para sufragar los gastos del viaje de su madre, rechazar la propuesta matrimonial de Laurie, que hubiera supuesto su ascenso social a través del matrimonio, y no flaquear jamás, pese a los numerosos obstáculos, en su empeño de ser escritora, con el componente de ansia de libertad e independencia que ello implica…

A través del personaje de Josephine March, Louisa May Alcott planta cara a los paradigmas predominantes de la época y, adelantándose varios años a Virginia Woolf, reivindica Una habitación propia («espacio literal y ficticio para escritoras que se encuentran dentro de una tradición literaria dominada por hombres») para la indómita Jo.

A través de Josephine March, Louisa May Alcott planta cara a los paradigmas predominantes de la época y, adelantándose varios años a Virginia Woolf, reivindica Una habitación propia para Jo. #MujercitasLaPelícula Teresa Suárez Share on X

Mujercitas, ya todo un clásico, lejos de ser una simple «cursilería», es una obra de una sorprendente fuerza y modernidad. Por eso la versión de Greta Gerwig, pese a ser entretenida, me ha molestado.

Mujercitas, Greta Wervig

Emma Watson, Florence Pugh, Saoirse Ronan y Eliza Scanlen. Mujercitas, Greta Gerwig, 2019

Greta, que ya trabajó con ella en Lady Bird, vuelve a confiar en Saoirse Ronan para dar vida a Jo March, y ella, una de las mejores actrices de su generación, no defrauda. De hecho todo el elenco femenino, capitaneado por Laura Dern como Marmee y Meryl Streep bajo la piel de la gruñona tía March, realiza unas excelentes interpretaciones, mientras que, en el lado masculino, al Laurie interpretado por Timothée Chalamet lo detestas desde el principio por su histerismo y exceso de gestualidad.

Greta, que ya trabajó con ella en Lady Bird, vuelve a confiar en #SaoirseRonan para dar vida a #JoMarch, y ella, una de las mejores actrices de su generación, no defrauda. #MujercitasLaPelícula La opinión de Teresa Suarez. Share on X

Los saltos en el tiempo (Gerwig comienza con las hermanas adultas recordando, nostálgicas, los sucesos del pasado) no aportan nada nuevo.

El carácter inconformista de Jo, su deseo de autonomía, están implícitos en la historia y por eso en las anteriores versiones no se habla de ellos, no es necesario. Pero Greta Gerwig disiente y en un intento, supongo, de hacerla más actual, prefiere contar la historia de manera explícita para lo cual verbaliza ideas, sentimientos y aspiraciones, empleando para ello un discurso feminista (matrimonio como contrato ventajoso para el hombre, si casarse y tener hijos es o no una decisión voluntaria o la única opción que tiene la mujer para subsistir, derechos de autor, etc.) que en ocasiones, por reiterativo, acaba agotando.

El carácter inconformista de Jo está implícito en la historia, pero Greta Gerwig prefiere contarla de manera explícita empleando para ello un discurso feminista, que por reiterativo, acaba agotando. #MujercitasLaPelícula Teresa Suárez. Share on X

Mis Mujercitas siempre tendrán los rostros de June Allyson (Jo), Janet Leigh (Meg), Margaret O’Brien (Beth) y Elizabeth Taylor (Amy).

Mujercitas, Mervyn LeRoy

Janet Leigh, June Allyson, Margaret O’Brien y Elizabeth Taylor en Mujercitas, Mervyn LeRoy, 1949

Para que ustedes elijan los suyos cuentan, si no me equivoco, con dos películas mudas y cinco adaptaciones en cine sonoro.

Las Mujercitas de Louisa May Alcott siguen gozando de buena salud.

 

La opinión de Teresa Suárez

Portada de la reseña: David de la Torre

 

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