Félix Francisco Casanova: la genialidad de un poeta que no quiso seguir viviendo

Caso insólito, dentro de la literatura española, el de Félix Francisco Casanova (Santa Cruz de la Palma, 1956–Santa Cruz de Tenerife, 1976). En apenas veinte años de vida este autor dejó una novela, El don de Vorace (calificada como «portentosa» por Fernando Aramburu; sí, sí, el mismo Aramburu de Patria), un puñado de cuentos, manifiestos, y una extensa obra poética, de la que ahora vamos a ocuparnos. Todo ello editado gracias a Demipage.

Fue Félix Francisco un agraciado joven. En varias fotos parece como escapado de aquella desquiciadamente mítica grabación de los Rolling Stones, la del álbum Exile on main street (1972), en la decadente mansión que Keith Richards alquiló en el sur de Francia. El rostro angelical de rubia melena, sus provocadoras poses, convierten al canario en un clon de Mick Taylor, el mejor guitarrista que haya tenido la banda. Hijo del también poeta Félix Casanova de Ayala (1915-1990) el joven Félix Francisco contaba con el apoyo familiar para sus quehaceres artísticos. Con su padre publicó varios poemarios, otra rareza en nuestras letras: ¡un padre y un hijo escribiendo versos al alimón…! Cursaba Félix Francisco Casanova tercer curso de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna y tenía una novia que lo adoraba, cuando una tarde llegó a su casa, preparó una bañera y abrió el gas de la cocina. La muerte se lo llevó a los 19 años.

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Saludada su poesía por importantes críticos nacionales y extranjeros como insólita, original, turbadora, coinciden todos en definirla como obra de juventud. Pero de eterna juventud. La cuidadísima edición de Demipage recoge los poemarios que el poeta canario escribió solo. Son: El invernadero, La memoria olvidada, Una maleta llena de hojas y Agua negra. También los que escribió con su padre (Cuello de botella, Los botones de la piel y 7 simios), pero de estos no podemos ocuparnos por razones de espacio.

El invernadero —obra de un sugestivo surrealismo naif— abunda en cementerios, ceremonias marítimas, atardeceres con ciegos y duendes, imágenes relacionadas con la muerte y hasta alguna premonición del suicidio del autor. En La memoria olvidada —segundo poemario englobado dentro ya de un simbolismo bastante macabro–, se identifica a la creación poética y a la lectura con el aburrimiento. Vuelos de pájaros, candiles de funerales, nostalgias que anticipan la sombra de la muerte, lagos helados, amores misteriosos o síndromes (que rememoran la infancia, los amores febriles o fusilamientos soñados), acaban siendo prolegómenos a la joya del libro: «Blues», donde un irresistible blues arrastra al poeta de su mano para conducirlo al abismo.

De las quince composiciones de Una maleta llena de hojas destacamos «De más allá del mar», donde el poeta aconseja a un amigo con penas de amor. En «Suelo quedar dormido» los sueños del poeta vienen envueltos por una música crujiente que avanza como un ejército de muertos. «¿Acaso tú, mi querido aire de invierno» está compuesto por sentidos recuerdos infantiles, resaltando a esa niña que en la noche de Reyes espera su muñeca. En «El leve martilleo del otoño» el poeta se interroga sobre la verosimilitud de un bello recuerdo.

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Agua negra es el poemario que, para nuestro gusto, mayor número de piezas maestras atesora. «Quemaduras» vendría a ser una stoniana letra de rock a cuenta de unos insectos chilenos y un circo ambulante en donde gatos de nueve colas y rabiosos lobos se disputan restos de basura. «Proverbio yankee», en su laconismo, golpea el corazón. «La misma vieja historia» invoca a un aburrido adolescente para que espabile y dirija su inteligencia a conseguir el amor físico. En «Noviembre y mi chica» una emporrada pareja folla en un viejo coche mientras suena un rock´n´roll. «Manchas» retrata con pitorreo a esas madres que frotan y frotan las amarillentas manchas de las sábanas de sus retoños, sin lograr blanquearlas. «Pirámides» es una desolada visión de nocturnos hoteles (“tumbas llenas de pasillos”). «Toser en medio del canto» muestra a agonizantes sin dinero para pagarse el entierro. «Country» regala una inquietante imagen: la de un muerto anónimo en cuya lápida solo se reúnen lobos. «Graffiti» es otra letra de rock que copia un graffiti de retrete relacionado con Buddy Holly. «Muertos de bagatela» retrata a una calamidad de hombre que visita prostíbulos y pierde al póker. Por último, «Habitación 128» retrata a una pareja en un motel, la cual, a ritmo de Jimmy Hendrix, se pone a tono antes de entregarse al acto sexual.

 

En tu coche venenoso / me haces el amor / con tu lengua de yerba / y la radio sangrando / dulce rock´n´roll. / Y tus labios finos / y mis gruesos labios / cruzando el muelle / en tu coche de invierno.

 

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Obras Completas

Félix Francisco Casanova

Nº de páginas: 702 págs.

Encuadernación: Tapa blanda

Editorial: DEMIPAGE

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788494617546

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Reseña de Manu López Marañón