Los libros, protagonistas de una sincera apología socioantropológica de nuestro colaborador, Joan Manuel Cabezas.

Antropología de los libros

La antropología es la ciencia social que trata de explicar las sociedades humanas priorizando el método del trabajo de campo (etnografía), la sistematización del mismo en texto (etnología) y la comparación entre grupos sociales (ethnos, en singular, ethné, en plural) de toda época y lugar.

La mayoría de l@s profesionales de dicha ciencia partimos de la base, irrenunciable, de que todos los homo sapiens sapiens compartimos el mismo aparato mental y tenemos las mismas ideas humanas fundamentales de las que ya en 1860 habló el alemán Adolf Bastian. Algo tan antiguo y que día a día muchos racistas tratan de poner en cuestión: la unidad intrínseca de la humanidad como única raza.

Los racistas ponen en cuestión la unidad intrínseca de la humanidad como única raza.@Etnosistema Clic para tuitear

Esta perorata no es gratuita: tiene su razón de ser. Porque no hablaré, por poner un ejemplo, de la etnohistoria de los libros, o de la invención de los papiros u otros soportes para la escritura. Ni tampoco lo haré del nacimiento de la propia escritura y su potencial relación con el surgimiento de estructuras jerárquicas asimilables a los primeros proto-estados o sistemas políticos similares. No.

Me centraré brevemente en derramar reflexiones y lógicas personales que, como socioantropólogo, tiendo a concebir alrededor de los libros como metáforas no solo culturales, sino, y permítanme el atrevimiento, cósmicas. En sentido literal, ya que kosmos es un término del griego clásico quizá provenga de la raíz semítica qsm, la cual significa “ordenar”.

Los libros podrían ser considerados como un exponente paradigmático del esfuerzo titánico emprendido por todas las civilizaciones humanas para lanzar una red de significaciones sobre la realidad y tratar de asirla, de clasificarla (a ella y a la sociedad que taxonomiza), de convertirla en una textura inteligible. Y de hacerla legible.

Gracias a los #libros, las civilizaciones tratan de asir la realidad para hacerla legible. Clic para tuitear

Es más: desde mi punto de vista, los libros son anteriores, muy anteriores, tanto al papel como a la escritura. Más aún: los libros no son. Los libros hacen. Constituyen el habitáculo, el nido y la configuración material, concreta, de una suerte de constante antropológica o panhumana, presente en todas las culturas y colectividades. Siempre y por doquier. De múltiples maneras. Transfiguradas en innumerables formas, fórmulas y modulaciones.

Los libros son una plasmación de ese inmortal artilugio simbólico inserto en la base de toda sociedad y época, y que consiste en explicar historias inéditas que siempre serán las mismas.

Los #libros son una plasmación simbólica de historias inéditas que siempre serán las mismas. Clic para tuitear

¿Qué hacen los libros?. Infinidad de funciones. Contar historias, narrar cuentos, construir significados, generar sentidos, tratar de dotar al mundo y al flujo de acontecimientos que lo caracteriza de arsenales semánticos, de recursos simbólicos que cumplan (o traten de cumplir) su tarea: ejercer de prótesis que amplíen la capacidad para comprender lo inasible, de aprehender lo incomprensible, de rellenar los múltiples recovecos de la existencia que siempre quedan a oscuras, o permanecen opacos.

En otras palabras: los libros se obstinan por brindarnos una cierta luz, por muy tenue que parezca, destellos que alumbren determinados aspectos vitales inexplicados y quizá inexplicables, alumbrar vías que permitan construir mundos, otros mundos. Que avituallen ámbitos que prestos a retornar, con creces, los significados provisionales adquiridos a partir del contacto con la vida y sus circunstancias. Una vida que quizá reciba su mayor y más certero sentido del hecho de no tener sentido alguno.

Los #libros alumbran vías que permitan construir mundos, otros mundos. @Etnosistema Clic para tuitear

Todo lo que he comentado, y mucho más, son, para mí, los libros. Van más allá de una forma física, sea esta la de papel o la digital. Los libros van mucho más allá, incluso de la escritura.

Quizá, por qué no, los libros se sitúen allende del lenguaje mismo. Porque los libros, en última instancia, son la forma asible, sensible y cercana de una realidad tan profunda que se halla en la superficie misma de la condición humana y, precisamente por eso, también están en la epidermis de esa especie de cosmología perenne que todo lo impregna.

Los libros son un lazo que nos conecta con aquello que está en la misma matriz del arquitrabe donde nos movemos, día a día renovado: el caos o vacío primordial, aquella vertiente metafórica de nuestra realidad, pero para nada metafísica, sino radicalmente presencial, es decir, raíz de la acción social real: la Nada, preñada de todo tipo de potencialidad, fuente de donde emana continuamente el universo manifestado.

Porque todo libro constituye una personificación de esa Nada. De donde todo brota y fluye. Pero que está circunscrita a una escala menor, que es una hipóstasis, situada en un ahora-y-aquí, de dicha capacidad simbólica. La capacidad de hacer emerger universos a partir de la res nata, “cosa nacida”, en latín (de donde deriva el vocablo castellano nada).

Un libro es también como una especie de mandala siempre activo, que nos acoge, que nos permite pivotar en él, que existe solo con el objetivo de que podamos recrearlo cada vez que lo abrimos y lo leemos. Y que nos reclama con el fin de que lo recorramos y lo llenemos de las significaciones concretas que emerjan de nuestras trayectorias vitales. Son metáfora viva. Son símbolo en acción. Son un núcleo que no solo irradia, sino que está permanentemente activado para poder ser convertido en real. En un hecho social.

Un #libro es también como una especie de mandala siempre activo, que nos acoge. @Etnosistema Clic para tuitear

Acabo. Un libro, y esto lo digo como escritor eventual, casi nunca es escrito por alguien. La persona que facilita su nacimiento es solo un ente que practica la mediumnidad: se centra en vaciarse para, así, devenir un cable de transmisión, un eje de conexión, un vehículo vivo, un mecanismo el objetivo del cual es el de que circule libremente y se desplome todo un torrente de símbolos y palabras, los cuales desembocan en la obra finalmente sedimentada.

Eso, a mi entender, son los libros. Ni más, ni menos…

 

 

Joan Manuel Cabezas

Doctor en Antropología Social

www.etnosistema.com

Fotografía de Javier Sánchez Sáez