Una nueva reseña de Manu López Marañón. Esta vez, el análisis de nuestro compañero se centra en Escrito en negro, del escritor bilbaíno Martín Olmos, que obtuvo el Premio Euskadi de Literatura en 2015 «tanto por la originalidad de su contenido como por la brillantez de su escritura».

Reseña: Escrito en negro, de Martín Olmos

Atesora galardones el primer libro de Martín Olmos (Bilbao, 1966), entre ellos el Rodolfo Walsh que concede La Semana Negra de Gijón al mejor noir de no ficción, y en 2015, el Premio Euskadi de Literatura. Desde el 15 de noviembre quizá encuentren en sus librerías (entre la incontable basura de la mesa de novedades) Breve relación de vidas extraordinarias, el segundo libro de Olmos. ¿Qué por qué reseño entonces el antiguo? Pues porque creo que sobre Escrito en negro aún no se ha dicho todo y que puedo aportar mi granito de arena. Además, ¡qué coño!, a uno se le junta el trabajo y lee cuando puede, incluso los títulos de escritores admirados como son los del amigo y maestro Martín.

Era verano de 1985 y en la plaza Mayor de Salamanca, a pesar de ser noche cerrada, la canícula nos abroquelaba en un velador mientras bebíamos lo que fuese con mucho hielo. Obviamente no recuerdo la conversación, pero sí un hecho que ahora, repasando Escrito en negro, alcanza su dimensión. En una tradición patria que se remonta al siglo XVII los ciegos cantaban en las plazas crímenes célebres, frescos y jugosos, para solaz del populacho, que los atendía con el mismo fervor que a Operación triunfo hoy. Pues bien, hace 32 años doy fe de cómo uno de estos invidentes de capa parda y sombrerón –quizá el último– llegó a Salamanca con su eterna sarta de truculencias y también de cómo Martín saltó disparado para no perder ni ripio. Yo me quedé escoltándole la copa. Cuando volvió lo hizo en un estado de feliz estupor.

Escrito en negro tiene su génesis en aquel tipo de narraciones. En España (con perdón) nunca ha sido raro encontrar enciclopedias andantes de romances medievales, églogas renacentistas, sonetos y hasta frenesíes románticos, para llegar a esta moda de los crímenes que inaugura con estruendo –en nuestro siglo XX– El Caso, un periódico de sucesos y crónica negra que amenizó la grisura franquista. Hoy que ya no quedan ciegos recitadores ni subsiste El Caso, los adictos a la crónica roja se deben arreglar con las novelas. El auge del género negro –lejos de menguar– acrecienta su «prestigio» con una imparable legión de escritorzuelos que recurren a cánones prefijados para encontrar su lugar bajo el sol, y, de paso y mientras se forran por la cara, entretener a tanto lector ávido de asesinatos, un lector muy conformista a quien, por desgracia, nada importa que esas muertes procedan de imaginaciones que ni siquiera logran rozar la perfecta crudeza que ofrecen los escuetos crímenes de la realidad.

Es complicado reseñar Escrito en negro. De los 42 reportajes de que consta, he optado por 10. La selección, obviamente, no supone una antología. Los 42 reportajes son magistrales, todos mantienen estilísticamente ese nivel de escritura que, como ha apuntado Juan Bas, «oscila entre el barroquismo de lo culto y lo lumpen». De cada reportaje he escogido la frase que he creído más oportuna para animar al lector a su completa lectura.

#EscritoEnNegro, de Martín Olmos: Los 42 reportajes son magistrales, todos mantienen estilísticamente ese nivel de escritura que, como ha apuntado Juan Bas, «oscila entre el barroquismo de lo culto y lo lumpen». Manu L. Marañón Share on X

Diez reportajes y diez frases antológicas de Escrito en negro

1.—«Los asesinos diletantes»

En «Los asesinos diletantes» Nathan Leopold y Richard Loeb, ricos y nitzscheanos al modo de los protagonistas de La soga (Alfred Hitchcock, USA 1948), ponen en práctica aquel postulado que decía que el acto surrealista por excelencia era bajar a la calle y coser a tiros al primer tipo que pasara. Elegida con igual arbitrariedad, su víctima resulta ser el hijo de un millonario, algo que siempre acarrea problemas.

La frase:

Se mata  por amor y por desamor, por celos o por un calentón de pitarra, se mata por una idea que normalmente no merece la pena y se mata porque uno siempre tiene la razón.

2.—«Cicatrices»

«Cicatrices» censa la parroquia que acudía a la neoyorquina taberna Harvard Inn. Se biografía a un joven Alphonse Capone a quien Frank Gallucio le hace un ocho en la jeta con tres diestros navajazos. Consignando «los logros» de su vida el reportaje se detiene en el momento en que Al Capone –sifilítico y loco– acaba en la gayola.

La frase:

Y con el tiempo a Alphonse Capone le van a meter en la roca de Alcatraz los contables y va a acabar tirándose excrementos con otro preso porque la sífilis le ha enloquecido y se va a morir completamente idiota.

3.—«El Tango de Ringo»

«El Tango de Ringo» hace una semblanza de Óscar Natalio Bonavena, célebre púgil porteño que disputó el título de la NABF a Muhammad Ali en el Madison (perdió, pero por KO técnico). Porteño macho, garufa y yegüero, acabó siendo asesinado a la salida de un burdel.

La frase:

Medró en la pobreza y se tuvo que sacar los mocos con la manga y siendo apenas pibe acaso intuyó su porvenir cuando lo sacaron en un carnaval vestido de boxeador porque era el traje más barato.

4.—«Deprisa, deprisa»

En «Deprisa, deprisa» se cede el protagonismo a los quinquis de los 80 y sobre todo a El Jaro. Muerto a los 16 años por los disparos de una escopeta recortada, la vida de este mítico quinqui cantado por Sabina y los Burning se ciñe al axioma: vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver.

La frase:

El Jaro no levantaba un palmo del suelo pero ordenaba a mayores de edad porque comprendió que su rango de gerifalte no se lo daba su tamaño tapón sino que dependía de la exhibición de su coraje.

5.—«La Magnani que no pudo ser»

«La Magnani que no pudo ser» refiere la disparatada vida de la Dulce Neus y la semblanza, desapacible y cafre, de su víctima: un maltratador ágrafo, militante de Fuerza Nueva y próspero empresario, llamado Juan Vila, a quien su hija Dolores —inducida por la madre— mandó al otro barrio con un tiro en la nuca mientras hacía la siesta con la huevada suelta.

La frase:

La prensa le puso a Neus la Dulce porque hablaba suavito y la mujer ensayó su papelón de Magnani desgarrada pero se puso en manos de una colección de abogados de disparate. Le defendieron Emilio Rodríguez Menéndez y el Lute y entre todos y sin querer echaron abajo el trampantojo.

6.—«Los mártires de Cristo»

«Los mártires de Cristo» repasa el martirologio de santos que aguantan flechazos inmisericordes (san Sebastián), látigos con puntiagudas plomadas (santa Eulalia, quien al morir regurgitó una paloma), amputaciones de pechos (santa Engracia) o chorretones de hierro candente en el oído (santa Aquilina).

La frase:

Elegir ser mártir de Cristo asegura una butaca de palco a la derecha de Dios, pero exige un peaje doloroso de tortura y una ejecución modernista que puede adornar, sin desmerecer, las páginas en color de una revista holandesa.

7.—«Golazos del 38»

«Golazos del 38» recuerda a aquella gafada selección colombiana que disputó el mundial EEUU 94 (y a la que Pelé daba como favorita… Lo mismo había vaticinado «O Rei» con Uruguay para Italia 90, y los uruguayos tampoco pasaron la primera fase. Pelé como iluminado futbolero yerra más que un lateral del Athletic Club). La eliminación de Colombia tuvo su cabeza de turco: el defensa Andrés Escobar, que se metió un gol en propia meta en el decisivo encuentro contra la selección anfitriona, y que fue asesinado a los diez días en Medellín.

La frase:

El hincha propende a la violencia conmemorativa y a beber sin cuartel el vino peleón de la amistad tenue, a comulgar con ruedas de molino, a morderse las uñas de las manos y de los pies y a ser más listo que el entrenador.

8.—«Bar de mala muerte»

«Bar de mala muerte» enumera infames tascas españolas, tomando como paradigma la que atendió Santiago Sanjosé en Madrid. Allí mató a dos prostitutas con un cuchillo jamonero que tenía tendencia a doblarse cuando trincaba hueso. Detenido e ingresado en la cárcel de Herrera de la Mancha, los 15 años de reclusión por lo menos le sirvieron para sacarse el BUP.

La frase:

Las tascas malditas no tienen enmienda ni aunque cambien de patrón y alarguen la hora feliz y en ellas el vino sabe al vinagre que le ofrecieron a Cristo en la cruz y el periódico es de anteayer.

9.—«Don Eleuterio (que no quiere ser el Lute)»

«Don Eleuterio (que no quiere ser el Lute)» cuenta cómo el mítico charnego bandolero reniega de su pasado para convertirse en don Eleuterio Sánchez.

La frase:

Don Eleuterio lleva tiempo queriendo quitarse de Lute y le pasa lo que a las golfas a las que las retira un señor, que se ponen a ir a misa de ocho y les dicen frescas a las que enseñan canalillo.

10.—«Flores para mamá»

En «Flores para mamá» se repasa la vida del mejor novelista del género negro (sic), una vida llena de desamor, depravación, alcohol y trullo. De todo ello se nutre la obra de James Ellroy, de, bien cierto es, una incontestable calidad.

La frase:

Dormía en los parques, mangaba comida y se colaba en las casas de las chicas para robarles las bragas. Las olía y se masturbaba durante doce horas seguidas.

 

Hoy que ya no quedan ciegos recitadores ni subsiste El Caso, los adictos a la crónica roja se deben arreglar con las novelas. O con maravillas como #EscritoEnNegro, del maestro Martín Olmos. #Reseña de Manu López Marañón. Share on X

Escrito en negro

Escrito en Negro. Una tarde con la canalla

Martín Olmos

Editorial Pepitas de calabaza

ISBN 978-84-15862-22-2
224 págs., 14.5×21 cms.
Encuadernación: rústica con solapas
PVP: 15,00€
Precio web: 14,25€

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Reseña de Manu López Marañón