Sobre los expertos en apropiación indebida

Antes de meternos en materia, quisiera agradecer de forma muy especial a todos los iluminados que colaboraron apasionadamente en la última discusión sobre asuntos de apropiación indebida que mantuve, muy a mi pesar, en la página estrella de los denominados poetas del like.

Después de varios años de lectura poética creo reconocer los estilos más o menos definidos de la gente a la que sigo. El tiempo me ofrece la bendita opción de poder identificar el perfil de obras ajenas, las cuales respeto, admiro y, por supuesto, leo.

Cuando alguien, llámalo «X», decide publicar a través de redes sociales: poemas, relatos o cualquier otro tipo de idea ha de estar muy atento a la reacción del avispado «Y». Sí, queridos lectores, el mismo «Y», experto en el arte de la apropiación indebida que sin ningún tipo de contemplación plagia con el descaro que esa cara tan dura le otorga.

Un experto que plagia con descaro y sus palmeros en #RRSS. #Poetasdel like. Pilar Molina García Clic para tuitear

Sabemos de sobra que desde el punto de vista legal es una infracción en toda regla. Sabemos que cualquier forma de vapuleo literario tiene como consecuencia una violación a la paternidad de la obra. Pero dejando en un segundo plano esta importante cuestión, ¿dónde queda el daño moral del autor? ¿Cuál será la reacción al ver su trabajo firmado con el nombre de otra persona? Dejadme que os dé una pista… le entrará un cabreo de tres pares de narices.

El plagio es un tema espinoso, atenta contra los derechos de la obra en sí, no deberíamos olvidar la compleja trama de conspiraciones y faltas de respeto dirigida a un importante número de personas que ingenuamente publican sus escritos a través de Internet. Pero lo más increíble de este asunto, es el giro petardista que algún que otro espabilado otorga al tema de la apropiación indebida.

Hace unos días, me atreví a dar un pequeño tirón de orejas a «Y». Reproché su firma al pie de un poema que, por supuesto, no era de su autoría. La respuesta a tal descaro (o al menos eso fue lo que me dijo) no se hizo esperar. Comentó que no entendía cómo llegó su nombre al pie de dicho poema. Defendió su honor a capa y espada echándome la culpa de no sé qué cosa.

«Y» se sintió dolido, ¿qué podía hacer yo? Explicarle que los poemas de «X» no se han de publicar si no se especifica el nombre del autor. ¿Cuál creéis que fue la respuesta? ¡Bingo!, «Y» no esperaba nunca, pero nunca nunca, que alguien como yo tuviese la poca vergüenza de dudar de su buena fe.

Pensé que hasta a algunos grandes como Cervantes o Shakespeare se les acusó de plagio. Por tanto, ¿debía seguir en esa lucha sin cuartel por alguien a quien ni siquiera conocía? Tal vez el escrito de «X» nunca pase a la posteridad, sí. Puede que pocas personas lleguen a leerlo o sepan de su existencia, también.

Después de varios minutos analizando el espinoso tema de la apropiación indebida llegué a la conclusión de que «X» había empleado tiempo, su valioso tiempo. Energía, ganas; un número indeterminado de factores que le empujaron a escribir aquellos versos. Acto seguido, respiré tres veces (o más) y continué con la discusión desconociendo si me iba a llevar a alguna parte. Mi lunático experimento dio sus temidos frutos. Lo que me llamó la atención fue la respuesta de los ávidos palmeros, o lectores, como prefiráis llamarlos.

—Tranquilo querido «Y». Confiamos en ti.

—No hagas caso, es una pobre ignorante. No sabe lo que dice.

—«Y» eres maravilloso. Nunca te rindas. Aunque no sea tuyo me gusta como si lo fuera.

—«Y», hay mucha envidia en estos lares. Seguro que ha sido un descuido, un fallo sin importancia.

—«Y», tienes el corazón limpio, colmado de luz. Te envío a través de las estrellas la energía que tanto necesitas para hacer frente a tan vil infamia.

Coros: «eres maravilloso. Aunque no sea tuyo me gusta como si lo fuera». #plagio Clic para tuitear

Leí, leí con la boca abierta, sin poder creer la cantidad de corazoncitos, besitos y tonterías varias que los fieles seguidores enviaban a nuestro afamado experto en apropiación indebida. Me froté los ojos, no podía creer lo que estaba leyendo. Lo más inaudito de todo aquello es que no era la primera vez que «Y» se apropiaba indebidamente de un poema que no era suyo. Letras de canciones, frases cutres sacadas de internet, etc. En fin, que dijera lo que dijera o denunciara lo que denunciara, la gente seguiría creyendo a «Y» ciegamente.

Ahora, después de unos días de asimilación introspectiva veo el mundo like de otra forma, como con otros ojos. Te animo a ti lector; sí, a ti. Al que no solo junta letras, al que disfruta de la nobleza dibujada en un verso. Al que no le importa el me gusta, el me asombra o el me encanta. Te animo a caminar por el sendero de la autenticidad, del trabajo duro, de la continua superación personal. Te animo a encontrarte a ti mismo a través de un compañerismo casi ilustrado, sabiendo que dentro de ese mundo de halagos frágiles y críticas poco constructivas podrás, si la suerte te acompaña, encontrar algún lector que sí merezca la pena. Enfrentémonos con firmeza a la apropiación indebida. No seamos esa mayoría silenciada por el temor a perder unos cuantos palmeros.

La vida no se plagia. El estilo, la forma y el fondo no se roban. La esencia fundamental del verso… jamás podrá llegar a repetirse en otro nombre que no sea el tuyo.

La vida no se plagia. El estilo, la forma y el fondo no se roban. Pilar Molina García Clic para tuitear

 

Un artículo de Pilar Molina García

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Soneto a Luis de Góngora

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

Quevedo