Cuando hablamos de genios,  Groucho y Woody entre otros, tendemos a proteger las cosas que dijeron o hicieron, aunque no tengamos la certeza de que así fuera, y hasta nos volvemos beligerantes si alguien intenta desmontar algunas leyendas. Por ejemplo, preferimos creer que en la tumba de Groucho está escrito, «perdone que no me levante» o que una de sus últimas voluntades fuese ser enterrado “encima” de Marilyn Monroe, o que en su testamento le dejara el diez por ciento de sus cenizas a su representante. Lo mismo pasa con Woody Allen. Preferimos seguir creyendo que su vida personal en nada se diferencia de la que él interpreta en la pantalla, y que  es hipocondríaco, o una persona atormentada por la muerte, que detesta el campo y los animales, cuando en realidad no hay nada cierto en esto. Como decía un periodista al final de la magnífica El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford,  «Cuando la leyenda supera la verdad, publicamos la leyenda».

Groucho y Woody. Los ídolos, esos seres terrenales

Groucho. “El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho”.

Todos tenemos uno o varios ídolos. Personas a las que admiramos, y que condicionan de alguna manera nuestro comportamiento y nuestra forma de ver el mundo. Estos ídolos, claro está, también se sienten igual por otras personas. Woody Allen, ídolo de tantos, tiene varios, y uno de ellos, el más importante, el que como él mismo dijo está primero en la lista de razones por las que seguir viviendo, es Groucho Marx.

Woody Allen supo captar la esencia del humor de Groucho y lo amoldó a su forma de ver la vida. El resultado fue un humor más ácido, más pesimista y más condicionado por el mundo que le rodea. A esto habría que sumarle los varios y diferentes homenajes en sus películas, Todos dicen I love you, Hannah y sus hermanas, Si la cosa funciona, Annie Hall… Sin lugar a dudas, Groucho fue, junto a Bergman, su mayor influencia e inspiración.

Groucho Marx y Woody Allen. Ídolos, aquellos seres terrenales. Todos dicen I love you.

Groucho Marx y Woody Allen. Ídolos, aquellos seres terrenales. Todos dicen I love you.

Ambos neoyorquinos. Ambos amantes de la música. Ambos judíos. Estaba claro que Allen iba a ser el heredero natural de Groucho Marx. En una entrevista con Roger Ebert en 1973, Groucho dijo: «Dicen que Allen tiene algo de los Hermanos Marx. No tiene absolutamente nada. Quizás hace 20 años le inspirásemos. Hoy es original. El mejor, el más gracioso».

Groucho y Woody cara a cara

Woody Allen tuvo la oportunidad de hacerle una entrevista en 1973. Al enterarse de que Woody iba de camino a su habitación, Groucho le dijo a su secretaria: «Estoy loco por él». Cuando Woody entró en la Suite las primeras palabras de Groucho fueron: «Creo que él es genial y él piensa que yo lo soy. Así que nos llevaremos bien».

Paradójicamente, Woody Allen era una de las pocas personas que no trataba de hacerse el gracioso cuando veía a Groucho. En esta ocasión, el comportamiento de Woody estaba condicionado por la tarea de entrevistar a Groucho que afrontó con la mayor seriedad posible.

Hablaron de muchos humoristas, como  Buster Keaton, Chaplin, Harold Lloyd o Jacques Tati, dando su más sincera opinión sobre cada uno de ellos. Juntos llegan a la conclusión de que el cine cómico ya no es lo que era. «Salvándote a ti, ya no quedan más comediantes» dijo Groucho. «Por alguna extraña razón la gente ya no hace más comedias», respondió Allen. «Son muy difíciles de hacer» sentenció Grouchoy añadió: «puede que el día de los comediantes haya acabado, excepto para ti».  Casi al final de la entrevista, Allen preguntó a Groucho si los Hermanos Marx podrían haber sido graciosos haciendo películas mudas: Hicimos una película muda, respondió Groucho. La peor que se ha hecho en toda la historia. Pusimos 1000 dólares cada uno y la rodamos en Nueva Jersey. Lo grabamos casi todo en una parcela desocupada al lado del teatro en el que estábamos actuando. Se llamó Humorisk. No recuerdo mucho sobre ella. Solo que yo era el villano y que la proyectamos una vez en una sesión infantil en el Bronx y nos pitaron de lo lindo. Me encantaría poder encontrar una copia.

Groucho Marx y Woody Allen. Ídolos, aquellos seres terrenales. Groucho.

Groucho Marx y Woody Allen. Ídolos, aquellos seres terrenales.

La entrevista terminó algo bruscamente cuando Woody Allen dijo que tenía que marcharse. Groucho intentó que éste se quedara, ofreciéndole tarta y alguna curiosidad más, pero Allen lo rechazó. «El simple hecho de haber conocido de verdad a mi ídolo, comentó Woody, me quitó la ilusión».

Si a cualquiera que admire a Groucho Marx le dieran la oportunidad de estar con él en la misma habitación estaría horas y horas preguntándole todo, cada detalle. Como el propio Woody reconoció tiempo después en una entrevista: «Groucho Marx era una persona a quien yo había encumbrado durante muchos años, lo amaba y lo sigo admirando. Pero cuando lo conocí, me recordó a uno de mis tíos chistosos, de esos que hacen bromas en las bodas. Tras esta experiencia, nunca más quise conocer a nadie a quien admiro; porque no quiero que mis ídolos se conviertan en gente común y corriente que se aburre, tiene hambre y le da dolor de cabeza».

Estoy bastante de acuerdo con lo que dice Woody Allen, los ídolos deberían ser eso, ídolos, persona lejanas, a quienes veneras, a quienes solo juzgas una parte sin querer ahondar en más detalles. Seres que no son terrenales y que ni por un segundo imaginas que puedan serlo.

Me pasó algo parecido cuando conocí a Jorge Luís Borges y Adolfo Bioy Casares en la casa de este último en Buenos Aires. A mitad del café, solo pensaba en marcharme.  Yo tampoco quería ver a mis ídolos convertidos en hombres comunes y corrientes con dificultades para caminar o con problemas de memoria.

He seleccionado este monólogo de Woody Allen y un extracto de la entrevista de Bill Cosby a Groucho Marx en 1973, dos momentos únicos y entrañables para disfrutar del ingenio de estos dos grandes de la escena.