Agustina Atrio, dinamizadora cultural, nos habla, en este su primer artículo para Revista MoonMagazine, sobre la relación entre las mujeres y el espacio doméstico (la casa) en la literatura, iniciando una nueva sección sobre Género y espacio en la literatura.

La casa, ¿un espacio privado? Una lectura a través de Annie Ernaux y Doris Lessing

Este año, en el que hemos pasado más tiempo en nuestras casas, mis lecturas se orientaron a obras que tienen como escenario principal este lugar. Siendo una lectora interesada en la relación entre género, literatura y espacio me he preguntado: ¿Cómo aparece la casa en la obra de mujeres escritoras? A través de dos autoras como Annie Ernaux y Doris Lessing respondo esta pregunta.

La casa, ¿un espacio privado? Una lectura a través de Annie Ernaux y Doris Lessing

Annie Ernaux en su casa de Cergy (©Andersen Ulfsipa)

¿Cómo aparece la casa en la obra de las escritoras? A través de dos autoras como Annie Ernaux y Doris Lessing respondo esta pregunta. Agustina Atrio, dinamizadora y divulgadora cultural. #Literatura, espacio y #género. @BooksWalks. Clic para tuitear

Históricamente se ha sostenido que la casa es «el lugar de las mujeres» donde estas llevan a cabo las tareas de cuidado tanto del hogar como de los niños. Ser el «ángel del hogar» y ocuparse de las tareas domésticas ha sido el rol que socialmente se les ha asignado, limitando de esta forma su presencia en el espacio público.

La escritora francesa Annie Ernaux, en su obra autobiográfica La mujer helada (1981), hace un repaso de su vida como mujer. En su edad adulta se encuentra cumpliendo el rol que había observado en otras mujeres, ama de casa y cuidadora de sus hijos, el cual había rechazado «decidida a jurar que la condición femenina más extendida nunca será la mía». Sin embargo lo será. Será ella quien se quede en el hogar familiar mientras su marido sale a trabajar al exterior. La narradora, no obstante, intenta hacerse de momentos entre las tareas domésticas para estudiar y conseguir un puesto como profesora, pero al hacerlo descubrirá que las tareas que quedaron en el hogar no desaparecen, sino que están esperando a que ella regrese.

Mediodía, noche, sábado y domingo, él tiene sus momentos de relajación, lee Le Monde, escucha discos, verifica las cuentas, se aburre incluso. Momentos de recreo. Yo por el contrario solo he conocido un tiempo uniforme lleno de ocupaciones heteróclitas. La ropa que hay que clasificar antes de llevarla al lavomatic, un botón de camisa por coser, horas con el pediatra, el azúcar que se ha acabado. El típico inventario que nunca ha hecho reír ni ha conmovido a nadie […].
El interior, el piso, él debía llevarlo dentro de sí como la estampa misma del refugio, no como un lugar que había que estar ordenando siempre. No vivíamos en el mismo piso a fin de cuentas.

La casa es vivida de forma diferente según el género de quien la habita. Esta difícilmente ha sido un lugar de descanso, relajación o reflexión para estas mujeres que se ocuparon del cuidado del hogar y de sus habitantes. Ellas carecen de la «habitación propia» de la que habla Virginia Woolf en su ensayo; no disponen de un lugar tranquilo ni propio a donde retirarse y reflexionar sino que están en medio de la casa familiar, disponibles para el cuidado de los otros.

La casa es vivida de forma diferente según el género de quien la habita. Difícilmente ha sido un lugar de descanso, relajación o reflexión para las mujeres que se ocuparon del cuidado del hogar y de sus habitantes. @despaseando. Clic para tuitear
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Doris Lessing en su casa de Londres

La protagonista del cuento La habitación diecinueve (1963) de la escritora inglesa Doris Lessing tampoco cuenta con este espacio. Susan Rawling es una mujer casada, con cuatro hijos y una gran casa en un barrio residencial en la que ha pasado la mayor parte de su tiempo los últimos doce años. Susan siente que su vida está «latente, como si permaneciera congelada» mientras espera que todos sus hijos lleguen a la edad escolar para volver a ser ella misma. Sin embargo, cuando el momento llega, ¿quién es esta Susan congelada?

Desde que me quedé embarazada por primera vez renuncié a mi misma, por así decirlo, para dedicarme a otros. A los niños. No hubo un solo momento en doce años en que estuviera sola, en que tuviera tiempo para mi. Ahora tengo que aprender a ser yo misma otra vez. Eso es todo.

La protagonista de La habitación diecinueve, de Doris Lessing, siente que su vida está «latente, como si permaneciera congelada» mientras espera que todos sus hijos lleguen a la edad escolar para volver a ser ella misma. @despaseando. Clic para tuitear

Lo que desea la protagonista es estar sola y se encuentra con que la casa no puede proporcionarle esta soledad. La falta de un espacio privado en el que pueda descansar sin estar pendiente de los otros hace que Susan se embarque en su búsqueda, primero en la habitación de huéspedes convertida en «la habitación de mamá» y luego en una sucia y anónima habitación de un hotelucho, la habitación diecinueve del Hotel de Fred.

Sí, esto era lo que sucedía: necesitaba, cuando se encontraba sola, estar realmente sola, sin nadie cerca. […]. Sí, necesitaba un lugar o un ambiente donde no fuera necesario que se repitiera a sí misma: en diez minutos tengo que llamar a Matthew y decirle que… y a las tres y media tengo que salir con tiempo para ir a por los niños, porque hay que lavar el coche. Y mañana, a las diez tengo que acordarme de que… Se sentía invadida por el resentimiento que le causaba el hecho de que las siete horas de libertad de cada día (los días de semana del ciclo lectivo) no fueran horas libres, que nunca, ni por un segundo siquiera pudiera liberarse de la presión del tiempo, de tener que recordar esto o aquello.

Como escribe Florence Nightingale, citada por Virginia Woolf en Una habitación propia: «las mujeres nunca disponían de media hora que pudieran llamar suya». La presión del tiempo, lo que debe recordar y hacer atormentan a Susan. Las paredes y los habitantes de su vivienda la asfixian.

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La planchadora, Pablo Picasso

La casa es el espacio donde descansamos, refugiamos nuestra intimidad y guardamos nuestras pertenencias. La casa, si la tenemos, puede ser esto y mucho más: un lugar decorado según nuestro gusto, un museo de nuestros recuerdos, un espacio acogedor. Pero la casa puede ser también un lugar que encierra y oprime, sobre todo para las mujeres a quienes se les ha asignado este espacio de vida mientras los hombres salían al espacio público a trabajar, encontrarse y tener ocio. Este es el caso de nuestras protagonistas, mujeres heladas, congeladas, bajo «el peso de la gran casa».

Después regresaba junto a su familia, esposa y madre, sonriente y responsable, con la sensación de que toda esta gente —cuatro vigorosas criaturas y su marido— ejercía una presión dolorosa sobre la superficie de su piel, como una mano que le estrujara la cabeza.

 

Mujeres heladas, congeladas, bajo «el peso de la gran casa», a través de la #literatura. Un artículo de Agustina Atrio @despaseando, que explora la relación entre la mujer y el espacio privado en la literatura. Clic para tuitear

 

 

 

Un artículo de Agustina Atrio

DESPASEANDO

Fotografía de portada: © Louise Bourgeois

Diseño de la portada: David de la Torre

 

 

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