La mujer sin nombre es uno de los libros más ambiciosos de Vanessa Montfort, en el que la autora nos acerca, con gran maestría literaria y rigor documental, a la figura de la que fue una de las escritoras en la sombra más prolíficas del siglo XX: María de la O Lejárraga García. La novela se abre ―como no podía ser de otra forma tratándose del personaje de una escritora y dramaturga del pasado siglo abordado por otra dramaturga y escritora del siglo actual― con la escena ficticia del encargo a una directora teatral (Noelia Cid) de representar Sortilegio, la obra perdida de Gregorio Martínez Sierra y que se halla entre los escritos de su mujer, María Lejárraga. A partir de este inicio, se abren un montón de interrogantes que llevarán a los actores y actrices involucrados en la representación a sumergirse, motivados por la directora de la obra, en una investigación sobre la autoría de la misma, firmada por Gregorio, pero en la que perciben claramente la mano de María.

#LaMujerSinNombre, uno de los libros más ambiciosos de @vanessamonfort, muestra, con maestría literaria y rigor, a una de las escritoras en la sombra más prolíficas del s. XX: María Lejárraga. @penguinlibros @ManuelaVicenteF. Share on X

La mujer sin nombre ahonda en las respuestas que subyacen detrás del misterio que planea sobre los muchos nombres de María: María de la O Lejárraga García, según su nombre de cuna, María Martínez Sierra, poco después del fallecimiento de su esposo, cuando ella adopta sus apellidos en el exilio, y María Lejárraga, para los que intentan devolver el protagonismo a una autora para la que primó la visibilidad de la obra por encima de su propio prestigio personal. El libro nos muestra la extraordinaria creatividad de María. Creatividad e ingenio que la llevó a pergeñar mundos y escribir, sin firmar, muchas de las mejores obras de su época. Colaboradora de escritores como Eduardo Marquina, los hermanos Quintero, y de músicos como Usandizaga y Manuel de Falla para el que escribe el libreto de El Amor Brujo, de Joaquín Turina con Margot, y autora de la práctica totalidad de las obras firmadas por su esposo, Gregorio Martínez Sierra, aclamado en sus tiempos como uno de los mejores dramaturgos del panorama español, la figura de esta mujer se revela como esencial a la hora de abordar gran parte de la literatura española.

María Lejárraga escribió el libreto de El Amor Brujo para Manuel de Falla y la práctica totalidad de las obras firmadas por su esposo, Gregorio Martínez Sierra. #LaMujerSinNombre @vanessamontfort @penguinlibros @ManuelaVicenteF. Share on X

Vanessa Montfort recrea, admirablemente, con esta biografía novelada, el Madrid artístico de los años veinte, las representaciones en el teatro y los personajes de la época con los que se relacionó María, gran amiga y compañera de letras de Juan Ramón Jiménez, con el que mantuvo un largo intercambio epistolar, así como de personajes de la talla de María Guerrero, Benito Pérez Galdós y Federico García Lorca. Asimismo, a través de las páginas de La Mujer sin nombre, obtenemos la respuesta  a la contradicción que subyace en el hecho de que una escritora del nivel de María Lejárraga, pionera en adherirse al movimiento feminista (participó en la creación del Lyceum Club), ocultase su propia obra y valía detrás del nombre de su esposo,  y que no es otra que la clara conciencia de que firmar sus obras supondría una condena de las mismas, debido al rechazo que la literatura femenina provocaba en el sector cultural de la época.

Uno de los numerosos logros de #LaMujerSinNombre, de @vanessamontfort, es la admirable recreación del Madrid artístico de los años veinte. #Reseña de @ManuelaVicenteF @penguinlibros @megustaleer. Share on X

Frente a los prejuicios de la mentalidad dominante, en La mujer sin nombre descubrimos a una María esencialmente práctica, capaz de aunar a su ingenio creativo el talento empresarial de su esposo para crear entre los dos la firma Martínez Sierra. Es la voluntad de María la que prevalece, al ceder la autoría de sus obras a su marido, en un afán de encumbrar los textos a la vez que al hombre — toda vez que le estaba vetado a ella el prestigio de las mismas por ser mujer—  y le hace contemplar el éxito de sus letras como una suerte de hijos literarios que celebrar en conjunto. Autoría que, tras los horrores de la guerra, cruzada la travesía del exilio, medio ciega y abrumada por el desamor y la miseria, se decide a reclamar, puesto que su esposo muere y los derechos de su obra común amenazan con recaer por completo en la hija que este tuvo con su amante. Es ahí donde conocemos a la María guerrera, capaz de reinventarse a sí misma, como una más de sus creaciones, a las puertas mismas de la vejez y reclamar lo propio.

Con un lenguaje claro y envolvente, Vanessa Montfort nos va llevando en La mujer sin nombre, a través de los distintos personajes que conforman la vida de María, hasta el alma misma de esta mujer singular tan capaz de recorrer España como propagandista — llegó a ser diputada al Congreso de la República por Granada—  para proclamar los derechos y libertades, como de embarcarse, con su creatividad, hacia la misma meca de Hollywood ya mediada la séptima década de su vida, para acabar finalmente recalando, en sus últimos años y sin dejar de escribir, en Buenos Aires, donde moriría, ya centenaria, no de enfermedad, sino de «su propia muerte y cansancio».

Tenemos ante nosotros el resultado de la profunda admiración que Vanessa Montfort siente hacia la que fue una de las grandes dramaturgas del siglo XX, a la que ya homenajeó anteriormente con la obra teatral Firmado Lejárraga, y a la que regresa con La mujer sin nombre invitándonos a profundizar en su figura para que podamos admirarla y devolverle, a nuestra vez, el nombre y la visibilidad con los honores que, sin lugar a dudas, merece.

En #LaMujerSinNombre, @vanessamontfort nos invita a profundizar en la figura de la escritora y activista para que podamos admirarla y devolverle el nombre y la visibilidad con los honores que merece. @ManuelaVicenteF @penguinlibros. Share on X
La mujer sin nombre

La mujer sin nombre

Vanessa Montfort

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Reseña de Manuela Vicente Fernández

Portada de la reseña: David de la Torre

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