Ser o no ser donostiarra. Esa es la cuestión —diría Shakespeare si hubiera nacido en San Sebastián.

Hoy me apetece hablar sobre la ciudad que me vio nacer y me alberga actualmente. Quisiera darte a conocer mi «txoko», mi rincón, a ti que no lo has visitado todavía, y quién sabe, quizás te muestre algún detalle desconocido. Hablar sobre la historia de esta villa siempre ha sido uno de mis entretenimientos preferidos, así que allá voy.

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Sobre los nombres y origen de una ciudad: San Sebastián

San Sebastián, Donostia en euskera (Done Bastian=Donastian=Donostia)), es una ciudad situada al norte de la península española, en la costa del Golfo de Vizcaya, a veinte kilómetros de distancia de la frontera con Francia. Capital de la provincia de Guipúzcoa desde 1854, año en que la Villa de Tolosa, que lo fue durante dos lustros, cesa en esta actividad. Un dato que todavía sigue siendo desconocido para algunos habitantes de la zona, una minoría, supongo.

La villa fue conocida por tres nombres en la antigüedad: Izurun, asentamiento humano que incluía las iglesias de Santa María y de San Vicente; Irutxulo (un topónimo más que nada popular ), que significa tres agujeros y que hace alusión a las tres playas que conforman  su litoral: las actuales La Zurriola, la Kontxa y Ondarreta y Easo, denominación esta última derivada de Oiasso, antigua ciudad romana supuestamente erigida en la ubicación de la actual ciudad (en realidad Oiasso se relaciona con la localidad de Irún), y que por lo tanto nunca tuvo verdadero peso toponímico.

El origen histórico de la Villa la sitúa en el asentamiento humano —conocido por los antiguos como Izurun— creado alrededor del monasterio de San Sebastián, construido en el centro de la Bahía del Antiguo gracias a una donación del rey navarro Sancho el Mayor al monasterio de Leire (Navarra) en 1014. 

En un documento posterior del rey don Pedro Ramírez expedido en 1101, se aclara y confirma la donación de la iglesia de San Sebastián que está en la orilla del mar en los límites de Hernani, con su villa, tierras y  montes. Ya no se habla ni de Izurun ni de las iglesias anteriormente citadas. De hecho, es en ese mismo año cuando le fue otorgada la carta-puebla de manos del monarca navarro, nombrándola Villa por su interés geográfico y estratégico.

Pedro I de Navarra otorgó la carta-puebla, nombrando Villa por su interés geográfico y estratégico al antiguo asentamiento alrededor del monasterio de #SanSebastián donado por Sancho el Mayor. #Donostia #Tamborrada @txaro_cardenas. Share on X

La primitiva San Sebastián era una villa residencial que pertenecía, por tanto, al monasterio del mismo nombre.

Este pequeño punto geográfico fue creciendo en relevancia debido a sus actividades económicas centradas primordialmente en la pesca de la ballena y en la comercialización de sus productos.

Una de Santos

En 1597 la villa se vio seriamente afectada por una epidemia de peste. En aquella época, la población rendía culto a San Roque y a San Sebastián, y se les honraba con sendas procesiones en las que participaban txistus y tamboriles. Era tan grave la situación, que organizaron rogativas a ambos santos y parece ser que San Roque no se tomó muy en serio su labor, siendo el santo de Ostia el que obró el milagro. A partir de ese momento San Sebastián fue considerado único patrón de la Villa, excluido y caído en desgracia el santo que haciendo honor a su nombre, debió de quedarse dormido (vecinos del barrio de San Roque. he aquí parte de «vuestra historia»).

Si bien esta historia pueda considerarse como antecedente de la fiesta patronal de la Villa, cobra mayor peso la que se traduce como consecuencia de la tradición de ocupación que San Sebastián ha arrastrado consigo desde la época de la construcción del Castillo de La Mota por el rey Sancho el Mayor de Navarra. Y también, cómo no, por su tradición carnavalesca, ya que el donostiarra kaxkariña (frívolo, ligero de cascos) siempre se ha distinguido por su afición al disfraz y al baile.

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Castillo de La Mota. Restos del fortín. Cementerio de Los Ingleses

Historia militar y reconstrucción

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Castillo de La Mota. Urgull

Las largas y sucesivas ocupaciones que sufrió la Villa a través de los siglos le han inferido cierto toque militar en sus festejos, como se puede colegir de los trajes y la música marcial compuesta por el Maestro Sarriegi.

Las largas y sucesivas ocupaciones que sufrió la Villa a través de los siglos le han inferido cierto toque militar en sus festejos, como se puede colegir de los trajes y la música marcial compuesta por el #MaestroSarriegi. Share on X

Cocineros, panaderos, cantineras y aguadoras observaban una frenética actividad suministrando y avituallando a las guarniciones que periódicamente se pertrechaban en el Castillo. Los últimos estertores de la ocupación napoleónica en tierras españolas trajeron la desgracia a la pacífica ciudad costera. Una guarnición del ejército francés se atrincheró en el Castillo en su retirada a Francia, ya que San Sebastián era considerada punto estratégico. Llegaron a mantener una relación pacífica con los habitantes del enclave, basada en una especie de entente cordiale tácito.

Hasta la trágica noche en la que los cañones de la artillería naval del Duque de Wellington apuntaron a sus murallas.

Sobre la quema de San Sebastián nos ha llegado ciertamente muy poco, incluso he visto en una web que San Sebastián fue quemada por los  franceses… nada más lejos de la realidad. Cuando ingleses y portugueses entraron a través de la brecha, la población salió a recibirlos, me imagino que incluso muchos de ellos llevarían pañuelos blancos, cestas con pan para hacer el recibimiento a «sus salvadores». A cambio, ellos los mataron, violaron a las mujeres, saquearon la ciudad. Al día siguiente expulsaron a la población, vaciaron las casas y las quemaron una a una. La soldadesca no tenía orden expresa por parte de sus mandos, los cuales tampoco evitaron la acción, sabedores de que las tropas no habían cobrado y aquella era una manera de que se ganaran la soldada y de que desapareciera un enclave molesto por su afrancesamiento y su localización estratégica y por supuesto, por su fortificación.

Toti Martínez de Lezea (conferencia del miércoles 28 de Agosto de 2013: Bicentenario de la quema de San Sebastián)

El 31 de Agosto de 1813 el ejército aliado comandado por Wellington destruyó la Villa tras varios días de asedio, aniquilando a su población.

De la antigua Villa tan solo quedó una calle en pie. Ni siquiera la calle completa, solo un lado, el que comunica el antiguo convento dominico (Hoy Museo de San Telmo) con la Basílica de Santa María.

Nunca se reconoció la injusta destrucción, la tremenda pérdida humana. Hasta ahora, sólo unas velas encendidas por los vecinos de la calle… ¿Sabéis cómo se llama la calle? La calle se llama 31 de Agosto.

Toti Martínez de Lezea (conferencia del miércoles 28 de Agosto de 2013: Bicentenario de la quema de San Sebastián)

Días más tarde los supervivientes iniciaron las reuniones para su reconstrucción. El lugar elegido fue un caserío en Zubieta, pequeño núcleo rural perteneciente a Lasarte, población conocida hoy en día por sus carreras de caballos. Los notables de Zubieta, así se les ha llamado dada su extracción social, iniciaron  la reconstrucción de San Sebastián y medio siglo más tarde y tras el derribo de las murallas, la burguesía, que no se contentaba con la Parte Vieja como imagen de la ciudad, contrató al arquitecto madrileño Antonio Cortázar, quien diseñó la ciudad tal y como la conocemos hoy en día. La nueva zona se extendería desde la calle Aldamar, en la Parte Vieja, hacia la Avenida de la Libertad. Estamos hablando de lo que posteriormente se llamó el Ensanche Cortázar, considerado todavía hoy una referencia en la urbanística europea moderna.

La fiesta mayor de San Sebastián: La Tamborrada

Todo este dolor y destrucción se torna fiesta a partir del 19 de enero de 1836, víspera del día de San Sebastián, fecha en la que se da inicio a la primera Tamborrada como festejo patronal. Se cuenta que la población civil salía a la calle a protestar con ollas y barriles, haciendo ruido contra el asedio de los que se suponían sus salvadores. Así surge esta fiesta, tan emocionante para los donostiarras, en la que cocineros, aguadoras y militares de los distintos bandos recorren la ciudad durante 24 horas en las que no se escucha otra música que las marchas del Maestro Sarriegi y el redoble de miles de tambores de las sociedades, que cada año se multiplican.

Todo este dolor y destrucción se torna fiesta a partir del 19 de enero de 1836, víspera del día de San Sebastián, fecha en la que se da inicio a la primera #Tamborrada como festejo patronal. @txaro_cardenas. Share on X

Este año son 151 las tamborradas de adultos las que saldrán desde el momento en el que el alcalde ice la bandera y suenen las marchas en los tambores de Gaztelubide. Veinticuatro horas de emoción constante hasta la arriada de la bandera en la Plaza Constitución, que como siempre correrá a cargo de La Unión Artesana, que cumple 150 años y recibirá un homenaje muy especial.

También es un día singular para los niños: 41 centros escolares con un total de 48 compañías y 4.828 niños y niñas participarán este año en la Tamborrada Infantil.

Han dicho que hará frío, pero no está previsto que llueva.

En caso contrario, esperemos que el 20 de enero a las doce del mediodía el santo obre un nuevo milagro.

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Fuente: hirukide

Lugares a destacar

Bahía de La Konxa. Nocturno

Fuente: François DALLAY

Si vienes a conocer la ciudad, te animo a que hagas este recorrido, eso sí, ayudado de un pequeño mapa urbano, así podré ahorrar en instrucciones y centrarme en las partes de la ciudad que en mi opinión debes visitar.

Donostia se extiende de monte a monte. Desde el monte Igeldo hasta el monte Ulía.

En las faldas del primero encontrarás el famoso grupo escultórico El Peine del Viento del escultor Eduardo Chillida y el arquitecto Luis Peña Ganchegui. Bajo su sombra se extiende la playa de Ondarreta que da inicio al barrio del Antiguo, donde en tiempos se encontraba el anteriormente citado monasterio de San Sebastián. Siguiendo el paseo de Ondarreta nos encontramos en Miraconcha, zona desde cuya parte alta nos observa el palacio de Miramar, construcción de tipo inglés donde hoy se imparten los cursos de verano de la Universidad del País Vasco.

Peine del Viento

Peine del Viento

Palacio Miramar

Palacio Miramar

Seguimos andando y nos internamos en Alderdi Eder (Zona  Hermosa) con la playa de La Kontxa a nuestra izquierda, en el centro de cuya bahía se encuentra, pequeña y recoleta, la isla de Santa Clara. Los jardines  y tamarindos que jalonan este paseo justifican el nombre de tan bello paraje. Luego el Naútico, el puerto, el Aquarium y el salvaje Paseo Nuevo, tantas y tantas veces destruido por las olas, pero siempre en pie gracias a las rápidas iniciativas municipales y al bolsillo de los habitantes de la ciudad. Ya se sabe, los donostiarras venimos de una «estirpe de reconstructores».

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Paseando por La Kontxa


Donostia-San Sebastián

Desde el Naútico…

isla Santa Clara

Isla Santa Clara desde el Paseo Nuevo

A todo esto, no olvidemos que tanto el puerto como la parte Vieja —donde llenaremos nuestros estómagos con exquisitos pintxos y raciones y vaciaremos, de nuevo, los bolsillos— se encuentran bajo el amparo del monte Urgull, lugar más que atractivo por las ruinas  del Castillo de la Mota que se conservan, su vegetación y la pequeña ermita marinera y el Sagrado Corazón que lo corona. Al otro lado del monte y tras dejar atrás el Paseo Nuevo que lo circunda, salimos al puente del Kursaal, que nos acercará al Palacio de Congresos y Auditorio del mismo nombre construido por Moneo y que sustituye al añorado Casino Kursaal, un prodigio de la arquitectura decimonónica que desapareció víctima de la especulación urbanística. Pero esa es otra historia…

Antiguo Kursaal visto por el Paseo de Salamanca

Antiguo Kursaal visto desde el Paseo de Salamanca

Antiguo Kursaal

Frontal del antiguo Kursaal

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Vista nocturna del Kursaal

La cuestión es que hemos arribado al barrio de Gros, dejando a nuestras espaldas el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina —elegantes construcciones de finales del siglo XIX—, y podemos contemplar la playa más salvaje de la ciudad: La Zurriola, paraíso de surfistas y amantes del parapente. Al fondo del largo paseo, un barrio con solera: Sagües, en cuyo final, la punta de Monpás nos desvela sus secretos flysch cuando la pleamar hace su aparición.

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Flysch en Sagües

Para finalizar con esta breve, pero intensa turné por la Bella Easo, os diré que además del Aquarium y de la sala de Exposiciones del Kursaal, tenemos un precioso Museo Naval en el Puerto, donde podremos conocer la historia ballenera de la ciudad, y el famoso y renovado Museo San Telmo, con la muestra más importante de restos paleontológicos vascos, su diáfano claustro, la capilla cubierta por los frescos del pintor catalán Josep María Sert y sus magníficas exposiciones temporales.

Y quizás me deje cosas en el tintero, como su gastronomía, su Jazzaldia, la Quincena Musical y el glamuroso Zinemaldia, las fiestas de la Semana Grande, las Regatas, la feria de Santo Tomás, los San Juanes y tantos y tantos detalles que hacen que a esta ciudad, hace tan solo un siglo, se la llamara por primera vez, la Perla del Cantábrico.

Os dejo con el ensayo general de la izada de la  Tamborrada 2020.

Txaro Cárdenas

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